domingo, abril 12, 2009

En el nombre del padre, la hija y la sensación de incomodidad

Internet funciona de maneras misteriosas y sus caminos son inescrutables. Quién sabe con qué designios me llevó en plena Semana Santa a ConectaconDios, un sitio cuyo objetivo, como su nombre lo indica, es conectarme con Dios. (El Dios cristiano, por supuesto, que es el único real, como lo demuestra el hecho de que a él se aplica una lógica distinta que a los demás dioses, un milagro que las ciencias formales no pueden explicar.) Tal sitio da la bienvenida al peregrino digital con lo que se da en llamar «La película de reconexión», que resulta ser un corto de un tal Brendan Choisnet.

¿Se te ha cortado alguna vez la línea, mientras hablas por teléfono? Cuando sucede, tratas de restablecer la comunicación de inmediato para seguir hablando.

Como verás en este cortometraje, nuestra comunicación con Dios se cortó, así como se corta una llamada. En esta película verás como el padre hace todo lo que puede por restablecer su conexión con su hija, así como Dios, nuestro Padre Celestial, ha hecho todo por restablecer su conexión con nosotros.

¿Por qué? ¡Porque nos ama de manera profunda e incondicional!

A continuación viene el siguiente video, que narra en unos seis minutos lo que parece una versión aggiornada y torpe de la parábola del hijo pródigo. La principal diferencia es que aquí el hijo es una hija. El padre sigue representando a Dios, si usted puede aceptar a un Dios con lentes y medio pelado que se parece un poco a Luis Zamora. (Puede hacer click en el botoncito de audio si no está de humor para convivir con la música.)



Observe usted qué mal la pasa la hija que ha abandonado la casa paterna. Vea en qué estado de abandono y desolación se encuentra, como lo ejemplifica el episodio en que un chico la invita con una cerveza y se van juntos del bar. Estoy seguro de que mis lectoras se estremecerán sólo con pensarlo, y de inmediato se conmiserarán de la desdichada. El hijo pródigo original acaba cuidando cerdos y ambicionando las algarrobas que éstos comen; la hija pródiga moderna toca fondo cuando va de un boliche bastante limpio a una habitación bastante limpia en compañía de un chico bastante limpio. Punto para el evangelista.

Mientras tanto, el padre no puede vivir sin su pequeñita. Todo el tiempo trata de comunicarse con ella por su teléfono de latas. Pero ¡ay!, ella se niega a atender la llamada. Seguro que también participa en foros donde argumenta que los padres medio pelados que se parecen un poco a Luis Zamora no existen. Por puro despecho, claro está. Así de desagradecidos son los hijos, que al llegar a cierta edad piensan que son «adultos» y pueden llevar una vida separada de la de sus padres. Tal rebeldía sólo conduce al sufrimiento, como podemos ver.

Pero el padre ama demasiado a su bebé de apenas veintipico añitos como para darse por vencido, y resueltamente envía en su búsqueda un super-barrilete rastreador con una nueva lata telefónica. Ella se conmueve con semejante cúmulo de juguetes tradicionales y va en busca de su papá siguiendo la señal del teléfono, que ha convertido en inalámbrico con ayuda de unas tijeras (o algo así, no me pregunte). ¡Y al fin se produce el ansiado reencuentro! A continuación el padre ordenará que maten el becerro cebado, o, en todo caso le cebará unos mates.

Y así resulta que hemos aprendido algo. ¿Qué? Bueno, algo. Podría ser que la religión nos propone vivir en una infancia perpetua, siempre dependientes de un padre que nos cuida y nos dice lo que está bien y lo que está mal. Podría ser eso, si no fuera que eso ya lo sabíamos.

¿Entonces?

Bien, no sé usted, pero yo aprendí que esta gente no piensa muy bien en lo que hace. Tal vez sea una ingenuidad casi infantil, tal vez sea un ansia excesiva de transmitir un mensaje que consideran espiritual y edificante; lo cierto es que parecen no advertir el trasfondo escabroso del video que presentan.

Usted también se ha dado cuenta, ¿verdad?

Se advierte en detalles sutiles. Por ejemplo, ¿dónde está la madre de la chica? No espero en un corto de seis minutos una exploración profunda del personaje y sus circunstancias, pero estaría bien al menos se admitiera su existencia.

Y también están los detalles menos sutiles, ésos que hacen que nos llevemos las manos a la cabeza y nos preguntemos: «¿En qué demonios estaban pensando?». El ejemplo más notorio tiene lugar aproximadamente a dos minutos y medio del inicio. No soy un experto en lenguaje cinematográfico, pero se me ocurre que para ilustrar la aflicción de un padre por la ausencia de su hija, hay recursos más felices que mostrarlo acostado en una cama matrimonial con un espacio vacío a su lado.

Captura

Claro, por supuesto, esto no significa nada. Es posible que quien tiene la mente enferma no sea el realizador, sino yo. Al fin y al cabo, no se está sugiriendo que tal espacio deba ser ocupado por...

Captura

Válgame.

Para no dejar lugar a dudas, un instante después se completa la transición y vemos quién está ocupando el lugar del amoroso padre.

Captura

¿Es necesario agregar algo? No, creo que prefiero no hacerlo, gracias. Sólo puedo decir que un proselitismo de este calibre no tendrá mucho éxito en hacerme volver al rebaño. Pero, en todo caso, ya podemos al menos suponer qué fue de la madre: en algún momento miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal.

miércoles, febrero 18, 2009

Romance del astrólogo que mató a la poesía

Tal vez no sea estrictamente un romance, ya que éstos suelen tener rima asonante, mientras que aquí todas son consonancias. Pero, como pena por el crimen cometido, creo yo que es bastante justa.

La cosa empieza más o menos así:


El crimen se descubrió
apenas amanecía.
Un vecino halló el cadáver
que en el asfalto yacía.
Un charco de sangre oscura
por la calle se extendía
en torno del rostro inmóvil
en un rictus de agonía.
Conforme se iba enterando,
el barrio se estremecía.
«¿Supo usted? Aquí a la vuelta,
acaso mientras dormía,
con saña y malevolencia
mataron a la poesía.»
Al cabo nomás de un rato
arribó la policía,
que empezó a tender cordones,
a tomar fotografías
y a interrogar a la gente
para ver lo que sabía.
«¿Esto cuándo ha sido?» «Hoy,
o acaso uno de estos días.»
Finalmente se encontró
a un testigo que decía
que había visto al autor
de tan grande felonía.
«Es uno que tiene un blog
donde habla de astrología.
Lo vi en la televisión
casualmente el otro día,
interrogando a unos niños
para ver si algo aprendía.»
Se dio con el sospechoso,
que muy calmo parecía,
y un coche lo transportó
veloz a la fiscalía.
«¿Es usted el asesino?»
preguntó su señoría.
«¿Es este teclado el arma
que usó con alevosía?
¿Qué daño le hizo la pobre?
¡Respóndame! ¡No se ría!»
Había que verlo al reo,
que la caja se partía,
y no faltaban razones,
pues su horóscopo decía
que inocente sería hallado
y por la puerta saldría.
¡Cómo no iba a festejar
con tamaña garantía!
«¿Por qué iba yo a responderle,
si soy superior a usía?
Yo fui a la universidad,
un show de tevé tenía,
yo vivo en una metrópolis,
y si hemos de hablar de hombría,
¿sabe cuál es la más grande?
A no dudarlo, ¡la mía!»
Ninguna gracia hizo al juez,
que pocas pulgas tenía
y los sentenció a prisión
al burlón y a su alegría.
«¡Que se acostumbre a comer
lentejas todos los días!
¡Que aprenda a fregar los pisos
con jabón y con lejía!»
Al astrólogo, confuso,
la condena sorprendía;
quedó con la boca abierta,
la materia gris le hervía.
¡Aquello no era posible!
¡Su horóscopo no mentía!
Era todo una celada
que la iglesia le tendía,
los escépticos, la NASA,
y acaso también la CIA,
para acabar con su fama
y matar la astrología.
¡Galileo! ¡Galileo!
¡Galileo de chuchería!
¡Padeciste los embates
de un mundo que no entendías!
Cuatro años, siete meses,
una semana y un día
pasó purgando su pena
en la penitenciaría.
Al fin, por buena conducta
(sí, buena, ¡quién lo diría!)
le dijeron: «Eres libre.
Puedes dejar la crujía».
Egresó por el portón
en una mañana fría,
con el Sol en Capricornio
y Saturno que ascendía;
se puso encima el gabán,
que bien poco le cubría,
y fue a perderse de vista
por las calles aún vacías.
¿Por qué rumbos caminó?
¿Cómo saber dónde iría?
Habrá marchado a buscar
el sitio donde vivía,
y acaso a seguir leyendo
su destino en láctea vía,
advertido de que nunca
vuelva a matar la poesía.

lunes, enero 26, 2009

Por favor, no delante de los niños

Un viejo amigo de la casa, Oscar Ortega, alias «Santosríos», contaba en un tiempo entre sus múltiples actividades de hombre orquesta la producción de un programa «educativo» llamado Tú qué sabes. Así, sin signos de interrogación, que para eso son los programas educativos. Curioseando hoy por la red me topé con este video promocional en el que se lo ve a don Santosríos en acción, departiendo con sus pares intelectuales:



Se suele recomendar en el medio no trabajar con niños ni con animales, por su capacidad natural de opacarlo a uno. Pero don Ortega logra de todas maneras atraer la atención sobre sí mismo, manifestando como escritor y presentador del show la misma pericia que le hemos conocido en sus otros emprendimientos. Se ve que está dispuesto a que su ignorancia no muera con él, sino que perviva en la siguiente generación.

Específicamente:

  • Aquellos es un pronombre demostrativo, no un pronombre personal.
  • ¿«Pacopepe»? ¿«Loslasloslos»? ¿Qué opciones son ésas? ¿«Qué número va después del tres»? Vamos, los niños son niños, no idiotas.
  • Infinitivo y gerundio no son tiempos verbales. Son, junto con el participio, formas no personales del verbo.
  • La lengua puede estar, en efecto, en la oreja, en el ojo, en el sobaco y en la boca. Pero diría que no son temas para tratarlos frente a los niños. (¿Cómo «qué chiste malo»? En comparación con «el superpoder de Superman es hacer caca sin quitarse los calzoncillos», lo mío es digno de estudiarse junto a las comedias de Aristófanes.)

En fin, podría decirle que es buena idea tratar de aprender algo antes de querer enseñarlo, pero, ¿para qué? Llevo haciéndolo desde hace dos años. Nunca escucha.

sábado, diciembre 06, 2008

Breve diccionario cínico

Hoy me levanté de un humor cínico. Y, en consecuencia, en parte inspirándome en el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce (que todos hemos leído aunque sólo sea en parte), y en parte plagiándolo descaradamente, he compilado mi humilde versión. Amigo lector epiceno, pongo en sus manos para su disfrute, su indiferencia o su ira, según prefiera, el Incompleto, Tentativo y Totalmente Parcial Diccionario Diplotti del Cinismo.


agnosticismo. m. Doctrina que preconiza otorgarle el beneficio de la duda a las creencias de quienes podrían enojarse con uno.

arrogante. adj. Dícese de la persona que se niega a admitir que uno es especial.

astrología. f. Concepción del universo que, a partir de un modelo geocéntrico, elabora un modelo egocéntrico.

ateísmo. m. Véase comunismo.

cerebro. m. Órgano que algunos consideran prescindible, visto que sus funciones pueden ser desempeñadas por entidades inmateriales.

comunismo. m. Véase evolucionismo.

dios. m. Reflejo deformado y agigantado de los seres humanos.

espiritualidad. f. Idea según la cual creer cosas imposibles lo hace a uno mejor persona.

evolucionismo. m. Véase laicismo.

fantasma. m. Ignorancia antropomorfizada.

fe. f. 1. Ganas de que algo sea cierto. 2. Virtud consistente en anteponer tales ganas a todo lo demás.

gurú. m. Persona que se dedica a enseñar lo que nunca aprendió.

laicismo. m. Véase socialismo.

mancia. f. Práctica por la cual se pretende conocer una cosa examinando otra totalmente distinta.

ovni. m. Acrónimo de «¡Oh! ¡Vi naves interplanetarias!»

profeta. m. Delirante exitoso.

religión. f. Superstición jurídicamente organizada.

revelación. f. Verdad eterna de reciente invención.

sabio, bia. m. y f. Persona que expresa con solemnidad los prejuicios de quien lo escucha.

socialismo. m. Véase ateísmo.

telepatía. f. Transmisión de ideas sin palabras, sobre la que se han escrito incontables palabras sin ideas.

verdad. f. Lo primero que uno escuchó.

domingo, noviembre 09, 2008

Viviendo de los que quieren vivir de la quiniela

No me había imaginado que administrar un blog con anuncios AdSense traería nuevas emociones a mi vida. ¡La iglesia de la Cienciología reclama mi ayuda! ¡Los tarotistas quieren que les manda clientes! ¡Los misioneros me dicen que Dios me ama!

Entre los anunciantes que me han impulsado a tomar medidas para no recibir accidentalmente parte de su dinero hay uno que tienta al navegante desprevenido a vivir de la quiniela. El astuto comerciante (cuyo nombre no parece figurar en ningún sitio de la página principal) ofrece a la venta un supuesto método infalible para ganar.

Para comprender mejor de qué se trata esto, amigo lector epiceno, le propongo el siguiente ejercicio:

1. Recorte diez trocitos de papel de aproximadamente el mismo tamaño.

2. Escriba en cada trocito un número del 0 al 9, de manera de no repetir ni pasarse por alto ninguno.

3. Doble los papelitos de manera que cada número quede oculto a la vista, y colóquelos en una bolsa, sombrero u otra concavidad adecuada para mezclarlos.

4. Extraiga dos papelitos al azar. Vea qué números tienen escritos.

5. Vaya a una agencia de lotería cercana a su domicilio y apueste a ambos números, última cifra a la cabeza.

«Esto no parece infalible», estará pensando usted, y tiene razón. La probabilidad de ganar una apuesta a última cifra a la cabeza es de una en diez, o sea, 10% (por la simple razón de que hay diez resultados posibles y sólo puede salir uno). Si hace dos apuestas distintas, la probabilidad de que gane una de ellas es de dos en diez, o 20%. Está claro que infalible no es.

Ahora bien, este blog recibe alrededor de ochenta visitantes únicos al día. Si todos ellos siguen hoy los pasos arriba detallados, dieciséis de ellos (el veinte por ciento) se encontrarán mañana con que una de sus cifras resultó favorecida en el sorteo, y exclamarán jubilosos: «¡Funcionó! ¡El Método Diplotti funcionó!».

El Método Diplotti (mejor llamado «el Método De Hacer Dos Apuestas») es sencillo, es gratis, y le garantiza que ganará una vez de cada cinco. Claro que las ganancias serán de apenas tres veces y media lo que haya apostado en esa ocasión (la modalidad de última cifra a la cabeza paga siete veces lo apostado, y usted estará haciendo dos apuestas, de las que sólo podrá ganar una). De modo que, a largo plazo, perderá dinero.

Puede también, si lo prefiere, reemplazar los papelitos por el software que vende el comerciante enlazado ut supra. Los resultados no variarán, pero deberá desembolsar cerca de mil pesos.

«¿Quién querría pagar mil pesos por algo que puedo tener gratis?», estará pensando usted ahora, amigo epiceno y preguntón. Y lo mismo debe haber pensado el vendedor, puesto que la mayor parte de su speech de ventas consiste en una tan larga cuanto espuria justificación pseudomatemática. «No existe el azar, es todo causa y consecuencia», nos repite una y otra vez de mil maneras distintas. Según nos dice, su costoso programa calcula cuáles números saldrán el siguiente sorteo basándose en los resultados de los sorteos anteriores. Si es así, esto no es más que una aplicación informática de la falacia del jugador, la idea errónea de que los sucesos aleatorios futuros sufren la influencia de los sucesos aleatorios pasados.

Un apostador instalado junto a la ruleta puede pensar: «Hum... Salieron cuatro rojos seguidos. Ya va siendo hora de que salga un negro». Otro apostador, sentado junto al anterior, piensa por su parte: «Hum... Está saliendo rojo. Eso significa que va a volver a salir.» ¿Cuál tiene razón? Ninguno de los dos. En una ruleta bien hecha y calibrada, la probabilidad de que salga rojo y la probabilidad de que salga negro son siempre idénticas.

Por supuesto que decir esto no ayuda a vender a precio de oro un programa perfectamente inútil. Para lograr ese objetivo es mucho mejor enhebrar una seguidilla de términos aparentemente técnicos, de manera de dejar con la boca abierta a quien no tiene demasiados conocimientos de probabilidad y estadística. ¿Busca un entretenimiento barato? Muéstrele usted la pretendida justificación teórica de este método a cualquier profesor de matemática. Véalo a continuación revolcándose de risa por el suelo.

«Si hace cien años usted hubiera sugerido que los hombres pisarían la luna, se le habría juzgado demente o lunático (¿de donde diría que procede esa palabra?) —nos quiere convencer el hábil vendedor desde su carreta—. Si hubiera dicho que se podría viajar de Buenos Aires a Europa en solo doce horas, le habrían llamado soñador absurdo. Para hacer posible esas cosas, solo faltaba el dominio de ciertas técnicas especiales y de las leyes de la aerodinámica.» El típico discurso de que hay que tener la mente abierta. En este caso, debemos tener la mente abierta a la idea de que el azar es determinístico. Que es más o menos como creer que lo blanco es negro.

«Pero, Andrés —dirá ahora usted, que no se calla—, este buen señor garantiza una efectividad del cien por ciento, no solamente del veinte por ciento. ¡Algo debe haber!»

En efecto, algo hay. Lo que hay es una cara muy dura. Pues, verá usted, el software no falla jamás, no señor... salvo que usted haga algo mal.

A TENER EN CUENTA: USTED DEBERÁ INVERTIR ENTRE 30 A 40 MINUTOS A LOS EFECTOS DE LLEVAR LAS ANOTACIONES Y LOS CÁLCULOS SI ES QUE APOSTARÁ A POR EJEMPLO, LOS 4 SORTEOS DE LA NACIONAL . LOS PRIMEROS DÍAS ES FRECUENTE QUE LE LLEVE UN POCO MÁS DE TIEMPO HASTA FAMILIARIZARSE CON EL SISTEMA Y QUE NECESITE REALIZARME CONSULTAS POR MEDIO DE LAS TUTORÍAS.

ES MUY FÁCIL COMETER ERRORES QUE SIGNIFICAN PERDER EL JUEGO SI LO APLICA SIN CUIDADO Y SIN ATENCIÓN, ELLO PUEDE SURGIR POR DESCUIDO O DESPROLIJIDAD EN LAS ETAPAS DE COMPILACIÓN, CLASIFICACIÓN, ORDENAMIENTO, INCORPORACIÓN DE DATOS AL SISTEMA O EN LA IMPLEMENTACIÓN POSTERIOR DE SU JUEGO PREPARADO LUEGO DE LAS MENCIONADAS ETAPAS, CON LO CUAL SEPA QUE ESTE SISTEMA REQUIERE ESPECIAL CUIDADO, DISCIPLINA Y SEGUIMIENTO CONSTANTE , METÓDICO Y PROLIJO, POR LO DICHO, SI NO PODRÁ HACERLO ASÍ, LE RECOMIENDO DESCARTAR LA IDEA DE IMPLEMENTARLO, ASÍ EVITAMOS DISGUSTOS AMBOS, USTED Y YO.

Visión particular: una persona utiliza el programa, hace las apuestas que se le indican, y no gana. «Oh, debo haberme equivocado, como me advirtió este honrado comerciante anónimo —piensa—. Está claro que debo hacer uso de las tutorías telefónicas que me ofrece hasta aprender a usar correctamente el programa.»

Visión general: muchas personas utilizan el programa y hacen las apuestas que se les indican. El veinte por ciento gana y dice: «¡Funciona! ¡Fue dinero bien invertido!», y sale por el mundo a hacerle publicidad a este milagro matemático. El ochenta por ciento restante no gana, y piensa: «Oh, debo haberme equivocado, como me advirtió este honrado comerciante anónimo...», etcétera. Uno de cada cinco de estos últimos ganará en la ocasión siguiente y saltará de gozo por haber usado correctamente el software esta vez, y a continuación se unirá al coro que canta las loas de su benefactor.

Por supuesto, esto no se sostendrá en el tiempo: los usuarios del programa ganarán una vez de cada cinco, como con los papelitos. Y, como con los papelitos, cada vez recuperarán sólo tres veces y media lo apostado, por lo que a largo plazo sólo perderán dinero (además de los cerca de mil pesos que pagaron inicialmente por el software). Más tarde o más temprano dirán: «Este programa es un embrollo, nunca voy a aprender a usarlo y voy a seguir perdiendo». O, sospecho yo que con mayor frecuencia: «Me han visto la cara de imbécil; que nadie se entere», y silenciosamente harán mutis por el foro. Sospecho también que habrá quienes seguirán usando el programa indefinidamente, contentándose con ganar a veces y justificándose diciendo que hacer otra cosa significaría haber tirado a la basura lo que pagaron por él.

Dice el comerciante que vive tanto de vender como de aplicar él mismo su propio sistema. La realidad es que vive de de los sesgos psicológicos naturales del ser humano, de la escasa comprensión intuitiva que solemos tener del azar y la probabilidad, y, sobre todo, de la codicia de los demás. En definitiva, es un «piola» de segundo orden: vive sin trabajar de los que quieren vivir sin trabajar.

viernes, octubre 31, 2008

¡Y siguen los premios!

Algún alma caritativa ha propuesto a La pulga snob para la categoría de humor de los Premios Bitácoras.com 2008. ¿Va a permitir usted que esta inocente criatura, este cándido ser humano, se lleve una desilusión mayúscula? No sea desalmado y vaya a votar a su blog favorito para darle una alegría. No es necesario que se dé de alta; basta con que suministre una dirección de e-mail y recibirá a cambio una clave con la que podrá votar cuantas veces quiera (siempre y cuando no quiera votar más de tres veces por categoría). ¡Corra!

miércoles, octubre 15, 2008

Un voto por Pez Diablo es un voto por mí

Habrá notado usted a la derecha de estas líneas, debajo de mi catadura, lo que parece ser la imagen de una persona intentando tomar agua de lluvia con un embudo hecho con un diario enrollado. Se debe a que Pez Diablo es uno de los miles de participantes de los Premios 20 Blogs, organizados por el diario online español 20 Minutos. Si está usted en la misma condición, amigo lector epiceno, puede pulsar sobre tal imagen y contribuir a que alguien crea que éste es el mejor blog de América Latina. Y ya que hablamos de humor, en tal categoría está inscrito La pulga snob. Idénticas condiciones se aplican a él.

Si apetece, puede regresar a votarme todos los días hasta el próximo 2 de noviembre. Y, si se abstiene usted de hacer spam de su propia participación, puede que hasta me apiade y lo vote yo a usted también.

sábado, octubre 04, 2008

La religión es como la mujer

Antes de que me lo recrimine, le hago notar, amigo lector epiceno, que hace más de un mes que no escribo sobre religión. No, que en todo ese tiempo no haya escrito sobre ninguna otra cosa no invalida mi argumento. Y a fin de cuentas, el blog es mío y escribo lo que quiero.

Bueno, bueno, está bien. No llore. Le prometo que la próxima entrada será sobre otra cosa. Pórtese bien y le compro un helado.

Pero, mientras tanto, permítame dar forma a una de mis más recientes elucubraciones al respecto. Y forma le daré siguiendo la antigua tradición de los chistes machistas que se niegan a morir; esos fósiles vivientes culturales que, cual cocodrilos, se las arreglan para seguir existiendo durante eones sin sufrir ninguna adaptación memética significativa.

Sin más prolegómenos, pues, le presento aquí los diez puntos en que la religión es como la mujer.


1. Todas son iguales. Excepto la de uno.

2. Hay quienes la necesitan para que les diga qué hacer y qué no hacer.

3. Cada uno se siente el único con derecho a hablar mal de la propia.

4. Muchos siguen con la suya sólo por hábito.

5. Suelen augurarle a uno las peores calamidades en caso de que las abandone.

6. Más de uno se acostumbra a que le grite y le diga lo indigno que es.

7. Otros, en cambio, se cansan y la dejan por otra más joven y más loca.

8. ... y terminan descubriendo que las más jóvenes y locas proporcionan sensaciones más intensas, pero también exigen más dinero.

9. Algunos se sienten atraídos por las orientales.

10. Y, finalmente, el que no tiene ninguna es rarito.


Ahí está. Eso es todo.

Fenomenal pavada, ¿no?

viernes, agosto 22, 2008

Pis en la Tierra a todos los perros de buena voluntad

Tuve que contenerme para no titular esta entrada «Confirmado: la religión vuelve P a la gente», donde P es una grosería. Sí, sé que habría sido injusto; pero malditas sean las ganas que tengo de ser justo después de ver esto. De lo que tengo ganas es de sentarme en el suelo y llorar hasta quedarme dormido en posición fetal.

El siguiente informe ha sido puesto en YouTube por Alejandro Agostinelli con la venia del emisor original, CableVideo Santa Fe. Véalo y después me cuenta:

Primera parte: «Imagen perfecta de Jesús»




Segunda parte: «La gente está muy conmovida»




Tercera parte: «Ojalá sea algo bueno»




Cuarta parte: «Que los que están sacando por el celular se lo muestren a los niños»




Quinta parte: «Este perrito tuvo la buena voluntad de orinar contra la pared»




Sexta parte: «Esto es un aviso»



Ya que lo hemos visto, analicemos los hechos de manera ecuánime y con palabras sencillas:

Es una mancha de pis de perro.

Esas personas se están emocionando por una mancha de pis de perro.

Le están rezando a una mancha de pis de perro.

Están adorando una condenada mancha de pis DE PERRO.

Por favor, que alguien deje de inmediato de respetar las creencias de esta gente. No les están haciendo ningún bien.

viernes, agosto 15, 2008

Al universo no le importa, pero a mí sí

La entrada anterior parece haber generado un pequeño revuelo. Varios blogs la han reproducido y hasta la tradujeron al esperanto. Y ciertamente ha recibido un buen número de comentarios, la mayoría de ellos positivos; aunque, como suele suceder, los más interesantes son los críticos.

De ésos, quisiera detenerme en éste, firmado «Naxo»:

Los seres humanos necesitamos pensar que hay algo más en lo que depositar nuestra confianza...

Alguien que nos cuida, ya que nosotros al parecer el trabajo no lo queremos (querés un ejemplo reciente? la guerra de Rusia que hoy acaba de terminar...)

Alguien a quien encomendar nuestros muertos, y que los deje vigilarnos, ya que no creo que vos aceptes la muerte tan fácil... es más, ALGO DESPUÉS DE LA MUERTE, que dudo que exista con la ausencia de "una fuerza superior" -.-

O sea, vos pensás que si te morís, listo; si se muere un familiar tuyo NUNCA lo vas a volver a ver, que no hay vida después de la muerte y que los milagros son simples coincidencias... Un amigo mío volcó en plena autopista a 110 por hora, y ahora está bien... qué suerte! bueno, la suerte también sería una "fuerza superior" así que ni siquiera tuvo suerte -.-

Pensá lo que decís, o por lo menos respetá la libertad de credo como yo te respeto por ser ateo.
Diría que esto refleja parte del problema de comunicación entre ateos y religiosos. Pero yo no pretendo hablar en nombre de nadie más que de mí mismo, y no me parece correcto asumir una actitud distinta con respecto a Naxo. Así que limitaré a ambos mi escueto análisis, que es el siguiente:

Para mí, el asunto de la religión, de la existencia o inexistencia de dioses, es un asunto intelectual. El comentario de Naxo, por otra parte, parece reflejar que, para él, se trata de algo emocional.

No he dicho, señor Naxo, que la muerte sea algo fácil de aceptar. Sé del dolor de perder a un ser querido, y sé también de la angustia que provoca pensar en la propia finitud. Son sentimientos que, mejor aún que respetarlos, los entiendo.

Pero a un nivel intelectual no puedo entender, ni respetar, la pretensión de que el universo tenga que enjugarnos las lágrimas.

Me resulta fácil de creer que la convicción de que uno sigue vivo después de muerto, o de que hay alguien allá arriba que nos quiere, haga más llevaderos los trances amargos. Pero una idea consoladora no es lo mismo que una idea verdadera.

Da la impresión de que las creencias religiosas son mentirillas piadosas que nos contamos a nosotros mismos para no hacernos sufrir.

Por supuesto, hay ocasiones en que sería maravilloso que hubiera un Gran Papá o una Gran Mamá que nos llevara de la mano. (La idea que tiene alguna gente parece coincidir más con la de un Gran Hermano, pero ése es otro asunto.) ¿Lo hay? Tal vez, tal vez no; en lo personal, lo dudo mucho. Debo decir que encuentro muy poco convincentes los argumentos que suelen presentarse a su favor. Y es posible que el menos convincente de todos sea el que plantea que algo es cierto porque necesitamos creerlo.

Las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran.

«¡Oh, pero qué nihilista es usted! —me reprochará alguien—. ¿Cómo puede vivir pensando que el universo es indiferente y que la existencia es absurda?»

Pero yo nunca dije que la existencia fuera absurda. Y rechazo el nihilismo que muchas veces se postula como supuesta conclusión lógica del ateísmo. El mal entendido surge, una vez más, de una diferencia de perspectivas.

Sí, el universo es un lugar indiferente y hostil, regido por fuerzas impersonales. Sí, somos fruto de un azar minúsculo e intrascendente, y así como surgimos nos iremos un día sin que nadie llore nuestra ausencia. ¿Y qué? ¿Por qué esa insistencia en mirarnos desde una perspectiva cósmica? Haríamos mejor en mirarnos desde una perspectiva humana.

Nuestro universo no está hecho de cuásares ni de galaxias espiraladas. Está hecho de miles de millones de personas; personas que trabajan, luchan, sueñan, ríen y sufren. Tal vez el cosmos sea indiferente con la humanidad, pero eso no significa que la humanidad deba ser indiferente consigo misma.

En el gran orden de las cosas, somos una mota de polvo sobre una mota de polvo. Pero es nuestra mota de polvo. No está mal ser provinciano en este aspecto.

¿Y cuándo no lo hemos sido, después de todo? ¿Qué son los dioses, sino la proyección de nuestra propia humanidad sobre el universo? Los dioses, si se me permite la torpe metáfora, nacen cuando queremos mirar hacia afuera de nosotros mismos y vemos nuestro reflejo agrandado y deformado en la superficie.

Nos gusta pensar que, cuando un niño llora de hambre, las estrellas se conmueven. En realidad, las estrellas siguen allá en lo suyo, que es convertir hidrógeno en helio, sin enterarse. Pero eso no disminuye en nada la tragedia.

Cuando un niño llora de hambre, nosotros nos conmovemos.

Y no hay ningún nihilismo en ello.

Actualización 16/08/2008: Tengo buenos comentaristas. Los que han dejado su aporte hasta ahora han agregado lo que ayer me quedó en el tintero por una mezcla inoportuna de inercia lírica y dolor de cabeza. Me gustó especialmente el comentario de Inés Toledo:

Eso de que somos algo insignificante en medio de la inmensidad del Universo nunca me ha convencido. No conozco el punto de vista de ningún extraterrestre...
Desde el mío, los seres humanos somos un fruto extraordinario de la evolución. Yendo un poco más atrás, somos un fruto extraordinario de las leyes que rigen el cosmos.


Gracias por decirlo, Inés. Muchas veces oímos la acusación: «Para ustedes los ateos, los seres humanos somos mera materia». No, no somos «mera» materia: somos, en palabras de Carl Sagan, materia consciente de sí misma. (O, expresado en el sabroso cinismo de Kurt Vonnegut, materia que se queja demasiado.) He ahí la diferencia entre un «conjunto de átomos» y otro.

Después viene: «Para ustedes el amor no es más que química, y por lo tanto no vale nada». Pero lo que hace valioso al amor, a la empatía, a la tristeza, no es que sean dones de un supuesto espíritu inmaterial, o que sean, por el contrario, «pura química». Nuestras emociones son valiosas en sí mismas, independientemente de cuál sea su raíz. El cariño que tengo por mis seres queridos, mi alegría ante un hecho afortunado, mi indignación al ver una injusticia, no quedan reducidos por sustentarse en interacciones atómicas.

Nótese la paradoja: no es el ateo (el «materialista»), sino la persona religiosa y «espiritual», quien niega que el ser humano y su vida interior tengan valor intrínseco.

martes, agosto 12, 2008

El oso y el duraznero

Una vez, en medio de un bosquecillo, había un pueblito. Era un pueblito pintoresco y genérico, de los que se suelen fabricar por docenas para cuentitos como éste, con su escuelita, su cura y su zapatero remendón.

Resulta que muy cerca de este pueblito crecía un duraznero, un gran duraznero silvestre. Todos los veranos sus ramas se llenaban de frutas gordas y aterciopeladas que los chicos miraban desde lejos.

Sólo las miraban, porque no podían hacer otra cosa.

—No agarres duraznos de ese duraznero —los reconvenían sus madres—. Hay un oso que ronda el árbol y se come a los que se acercan.

Y ellos obedecían, por supuesto. Se contaban historias de niños traviesos que por hartarse de duraznos habían sido devorados por el oso. Así que los chicos se reunían en el linde del pueblo y miraban los duraznos soñando con la pulpa dulce y jugosa, pero todos se mantenían lejos.

Todos, menos uno.

Una tarde, a la hora de la siesta, un valiente fue derecho al duraznero. Tomó un durazno con temor, mirando cautelosamente a uno y otro lado; se lo comió y tiró el carozo. A continuación se comió otro, ya con más confianza. Y otro. Y otro más. Comió hasta que no pudo seguir y después se durmió a la sombra del árbol.

Ahí lo encontró su mamá al caer la tarde.

—¡Te dije que no comieras duraznos! —le gritaba mientras lo iba arreando a cachetazo limpio hasta su casa—. ¡Te podía haber comido el oso!

Pero no se lo había comido, y la noticia dejó atónito al pueblo. Hasta la fecha, todas las historias eran unánimes: chico que comía duraznos, chico que terminaba en el estómago del oso. Esa misma noche, los hombres instruidos se reunieron en el club a deliberar sobre el asunto mientras tomaban grapa Valle Viejo y jugaban al mus.

—A lo mejor el oso se murió —conjeturó el almacenero—. Después de todo, las historias son muy antiguas.

—Imposible —respondió muy seguro el director de la escuela—. Si el oso se murió, no hay nada que impida que los chicos se empachen de duraznos y después no quieran cenar.

Y, como eso era indeseable, todos estuvieron de acuerdo en que debía ser un oso muy longevo.

Fue el viejo bufetero del club el que dio con la solución. Las historias coincidían en que el oso se comía a los chicos que agarraban duraznos, pero en ningún lugar decía que lo hiciera inmediatamente después del hecho. Bien podía ser que, más tarde o más temprano, el oso acudiera a la casa del pequeño transgresor para alimentarse.

Era una respuesta tan satisfactoria como alarmante. Un oso en el pueblo siempre era un peligro, en especial uno tan rencoroso como aquél. Al día siguiente, todo el pueblo se armó en previsión de su visita.

La visita no se produjo en lo que quedaba del verano, ni tampoco en el otoño. Al fin, el invierno llegó sin que se hubiese visto oso alguno. Los braseros calentaban el club la noche que los hombres instruidos se reunieron a deliberar mientras tomaban caña Legui y jugaban a la generala.

—El oso ya no va a venir —opinó el comisario—. Ya debe estar hibernando en su cueva.

—¿Qué cueva? Si por acá no hay ninguna —retrucó el almacenero.

—Debe ser un oso que no hiberna —aventuró alguien.

—Debe ser un oso que no necesita cueva.

—Debe ser un oso que cava su propia cueva, como las vizcachas.

Entonces al cartero, que hacía poco que vivía en el pueblo, se le ocurrió decir:

—Para mí que el oso no existe.

Los demás se rieron de semejante ocurrencia. Le señalaron las escopetas y los machetes que tenían preparados desde hacía meses, y le hicieron notar que solamente un bobo se arma contra un oso inexistente. Hasta el intendente y el director de la escuela se habían armado, y ésos no eran ningunos bobos.

—Es más, mañana vamos a ir a cazarlo para que vea que sí existe.

Dicho y hecho: todo el día siguiente buscaron en el bosquecillo lindero al pueblo. Pasó la mañana y pasó la tarde, y al final se hizo de noche sin que hubiera aparecido ningún oso. Ni huellas de oso. Ni heces de oso, ni pelos de oso, ni nada.

—Cosa rara —dijo un baqueano al comprobar el gran sigilo del oso y su capacidad para esconderse en el monte ralo. El veterinario estaba maravillado por el eficiente metabolismo que debía tener para no producir desechos. El zapatero, por su parte, habló de lo gruesa y suave que tenía que ser la piel de sus patas si no dejaba huellas. Y, para no ser menos, el peluquero alabó la fuerza de su pelaje.

Todos estuvieron de acuerdo en que debía ser un oso muy particular, y redoblaron la vigilancia.

Pasó el tiempo, un tiempo largo. Varias veces el duraznero se llenó de frutas grandes y fragantes que terminaban pudriéndose en el suelo porque nadie las comía. El último que lo había hecho dejó de ser un chico para convertirse en un hombre, un muchachón fornido que un buen día se fue del pueblo en busca de horizontes más amplios.

Una vez más, los hombres instruidos se reunieron en el club para debatir el asunto mientras tomaban ginebra Bols y jugaban al tute cabrero.

—¿Cómo va hacer el oso para encontrarlo? —planteó el jefe de la estación de tren.

—Lo va a seguir a la ciudad —arriesgó un perito mercantil que andaba de paso.

—Le va a seguir el rastro por el olfato.

—Debe tener contacto con osos de otros lugares.

—El oso es un cuento —metió bocadillo el que había sido cartero y ahora era jefe de la oficina de correo—. Lo inventaron hace mucho las madres del pueblo para que los chicos no se empachen de duraznos y después no quieran cenar.

—Vea, don —se le enojó el comisario—, yo no sé cómo será en el lugar de donde viene usted, pero aquí no se insulta a las madres de los demás llamándolas mentirosas.

—Además —dijo otro con una risita—, si está tan seguro, ¿por qué no va usted a comer duraznos?

No contaban con que el antiguo cartero aceptara el desafío. Al día siguiente fue al duraznero, se atiborró de fruta y durmió la siesta a la sombra. Al atardecer, cuando volvía al pueblo, se encontró con que le cerraban el paso.

—¿Qué hizo, animal? —lo levantaron en peso el intendente, el cura, el director de la escuela y varios más—. ¡Ahora el oso va a venir a buscarlo a usted! ¿Es que no piensa en las pobres criaturas que pone en peligro? ¡Váyase! ¡Váyase y no vuelva más!

Y, después de echar al viejo, se levantó un cerco alrededor del duraznero y se emitió un edicto que condenaba al destierro a todo el que se atreviera a cruzarlo.

Pasaron años. Muchos años. El duraznero terminó por marchitarse y se lo comieron los bichos. El pueblo creció en torno al lugar donde había estado, que hoy es una plaza.

Todos los años, la Plaza del Duraznero es el centro de un festival que atrae gente de toda la región. Los visitantes ven representaciones de las antiguas historias: el muchacho que comió un durazno y huyó para proteger a su familia del oso; el cartero que violó insensatamente la ley y fue expulsado por las autoridades. Ambos debieron encontrar la muerte en tierra lejanas, bajo las garras y los colmillos del oso. Después de las representaciones viene el desfile, en el que los lugareños exhiben orgullosos las armas con que un día darán caza a la bestia sanguinaria.

Por supuesto, nunca falta en esos días un forastero que, después de un par de tragos de grapa, caña o ginebra, se atreve a ofender la tradición local sugiriendo que el oso es un invento. Pero los lugareños están preparados para eso, y enseguida le hacen ver que solamente alguien que no sabe nada de la longevidad del oso, del rencor del oso, de los hábitos de hibernación del oso, del sigilo del oso, del metabolismo del oso y del olfato del oso puede hacer una afirmación tan incauta e ignorante.

—¿Y el duraznero? —suele preguntar a continuación el impertinente, señalando la plaza y el cerco vacío. Y los lugareños, armándose de paciencia, explican una vez más lo que debería ser obvio para todos:

—El duraznero es una metáfora.


Actualización 13/08/2008: Meneado he vuelto a ser, y las visitas entran a raudales. Bienvenido, señor visitante epiceno. Si esta entrada le ha gustado, ¿puedo interesarlo con una porción de gateología?

Actualización 15/08/2008: Gracias a los esfuerzos de Ombresaco, ahora los samideanoj pueden leer una versión en esperanto: «La urso kaj la persiko».

sábado, julio 05, 2008

Reflexiones en la terminal

Una estación terminal de ómnibus es un microcosmos. O un microclima. O por lo menos está llena de micros. Como sea, la cuestión es que pasar un par de horas en una puede disparar el pensamiento en direcciones insospechadas y revelar secretos sobre el mundo, la condición humana y esas porquerías. Anoche estuve en la terminal de Retiro y esto es lo que observé:

  • Una gran estación de ómnibus es un lugar peligroso para dejar olvidada una escalera. En cuanto uno se descuida, le instalan un kiosco de revistas abajo.
  • Son kioscos grandes y bien aprovisionados, más que cualquiera que haya visto en Pergamino. Y no uno, sino uno cada diez metros. Se ve que los viajeros leen mucho.
  • Sin embargo, no vi a ningún viajero leyendo. Sí había varios viendo televisión. Han instalado unos televisorcitos a monedas para esparcimiento de quienes deben esperar la partida de su micro. Cerca de medianoche, la mayoría de los que estaban encendidos sintonizaban ShowMatch. Lo cual significa que la gente paga por ver ShowMatch. Así anda el mundo.
  • Un dato no menor: cada televisorcito indica las monedas que acepta, pero no cuánto tiempo se compra con cada una de ellas. O sea que la gente para por ver ShowMatch sin saber cuánto está pagando. En fin...
  • El cuerpo no experimenta necesidades fisiológicas entre las 22 y las 6. En consecuencia, los sanitarios están cerrados.
  • (En rigor, queda uno abierto. Pero el hecho de que el baño tenga horario no deja de tener lo suyo.)
  • Cuando los sanitarios, los locales de comida y las farmacias han cerrado, el negocio de souvenires con colores de equipos de fútbol sigue abierto. Debe cumplir una función muy importante.
  • Las concesiones comerciales en las terminales de transporte son al siglo XXI lo que las patentes de corso eran al siglo XVI. O acaso una terminal es una microeconomía mucho más próspera que la del mundo que la rodea.
Y eso es todo. No es mucho ni particularmente útil. Pero es lo que hay. Y me sirve como excusa para seguir mandando gente a La pulga snob. Vaya y hágale compañía a la pobrecita.

jueves, julio 03, 2008

Tenemos que hablar

Estuvimos juntos... ¿cuánto tiempo? Casi tres años. Un poco más y habríamos festejado el aniversario. Es una lástima.

Nos conocimos por unos amigos en común, ¿te acordás? Yo me acuerdo de que te vi y pensé: «Es lo que estoy buscando». Y hoy puedo decir que no estaba equivocado. Lo nuestro empezó con buen pie, y llegamos hasta hoy casi sin desavenencias.

Casi.

Muy poco tengo para reprocharte. Ni siquiera me molestó cuando cambiaste. Y eso que cambiaste no una vez, sino dos veces. Modificaste tu aspecto y hasta te hiciste llamar por otro nombre. Y no me molestó porque me gustaron los cambios. Me hicieron pensar que estabas creciendo, y me alegré por vos. Y porque sabía que, en el fondo, seguías siendo igual a como eras cuando te conocí.

Nunca me fallaste. Cada vez que te necesité estuviste ahí, siempre fiel. Y no me olvido de las muchas alegrías que me diste. Pero esa manía que tenés... Esa manía...

No nos hagamos los tontos; los dos sabíamos que este momento iba a llegar. Lo sorprendente es que hayamos durado hasta ahora.

Esa manía me llevó a buscar por ahí. Y ¿sabés una cosa? El que busca encuentra, y yo encontré. Encontré a alguien capaz de darme lo mismo que vos. Que me ofrece incluso más. Y que me promete, me jura, que nunca va a tener esa costumbre tuya tan fea.

No implores. No insistas. La decisión está tomada y no hay marcha atrás.

Adiós, Motigo Webstats. Me cansé de vos y de tus molestos popups. Me voy con StatCounter. Que seas feliz.

martes, julio 01, 2008

Las pulgas del Pez Diablo

Se habrá dado cuenta, amigo lector epiceno, de que últimamente Pez Diablo ha estado más activo que de costumbre. Y no sólo más activo, sino que, puesto que ha quedado establecido que éste es un blog adulto, convenía que además estuviera más gráfico.

Y más gráfico ha estado, incorporando algunas viñetas con las que me he permitido editorializar de un modo bidimensional. Sin embargo, no es ése el fin de Pez Diablo; de modo que para evitar que este blog ictidiabólico se llene de colores, he creado una sucursal ad hoc, la cual, continuando el motif zoológico, he llamado La pulga snob. Allí encontrará usted en lo sucesivo todo lo que se me ocurra a mí decir en imágenes en vez de palabras.

Y el blog La pulga snob no está solo: ha nacido junto a un hermanito gemelo angloparlante, Flea Snobbery. En tándem andarán por el mundo ambos sitios sifonápteros, reflejo cada uno del otro, como Tomax y Xamot pero nada que ver. Y, como inauguración, un par de viñetas de Pez Diablo se han mudado hacia allá, donde se les ha unido una pieza nueva e inédita.

Vaya a verlos, y recuerde: los pichones de blog siempre están con el pico abierto de par en par, hambrientos de comentarios.

viernes, junio 27, 2008

Castigo eterno

Parece que alguien está en racha.



Also available in English.

Actualización 4/7/2008: Ahora el hogar oficial de esta viñeta y otras más es La pulga snob.

miércoles, junio 25, 2008

Y ahora, bibliotecas

Tome usted el meneo y el consiguiente diluvio de visitas que tuve ayer a causa de un dibujito. Agréguele ciertas noticias que andan dando vueltas por el mundo. En tales circunstancias, ¿se me puede reprochar que saque scanner, Inkspace y GIMP e insista con esto?

viernes, junio 20, 2008

Cianobacterias



También saben decirlo en inglés.

Actualización 24/6/2008: ¡Me han meneado! ¡Me han meneado en masa! ¡Yahoooo!

Actualización 4/7/2008: Ahora el hogar oficial de esta viñeta y otras más es La pulga snob.

sábado, abril 26, 2008

Quien pensó esta promoción, ¿en qué pensó?

—Buenas tardes, señor. MovieStar le ofrece la posibilidad de ahorrar en el uso de su teléfono contratando un servicio que cuesta más de lo que usted paga regularmente.

—Gracias, pero no me interesa.

—Pero, señor, mire que esta promoción incluye importantes descuentos en las llamadas a Ulan Bator y Kuala Lumpur.

—¿Y para qué me sirve eso, si yo nunca llamo a esos lugares?

—Precisamente, ¡ahora va a tener una buena razón para hacerlo!

—¿Usted no entiende español? ¡No me interesa?

—Bueno, no se ponga así, señor.

¿Cuántas veces sucede esto en el mundo, día tras día? Muchas, a juzgar por lo que veremos a continuación.

La última promoción con que Movistar le ofrece a sus clientes argentinos la posibilidad de «ahorrar» se llama «Plan Comunidad Familiar».



No se puede negar que, a primera vista, parece conveniente. También es cierto que, a primera vista, la ballena parece un pez. Llámeme «hombre de poca fe», pero no puedo dejar de preguntar: ¿Cuánto me cuestan estos servicios gratis?

Luego de hacer click aquí y allá en el sitio de la empresa, dar marcha atrás, darme por vencido y acabar preguntándole a Google, encontré un Untitled Document con la información que requería:



Allí está la respuesta: para acceder a las llamadas y SMS gratis, debo desembolsar cincuenta y cinco pesos por mes. Curioso sentido de la gratuidad tienen algunos.

Sí, es cierto que Movistar es una empresa comercial y no tiene por qué regalar nada. Cierto es también que a un usuario intensivo de telefonía celular este plan puede resultarle beneficioso. Pero, en mis cuentas particulares, este monto representa casi el cuádruple de lo que gasto regularmente en el rubro. La generosidad de Movistar me saldría muy cara. Debo concluir, por lo tanto, que esta promoción no es para mí.

Y allí quedaría todo, olvidado el asunto sin pena ni gloria, ni mucho una entrada en este blog, si no fuera por el anuncio televisivo con que Movistar da a conocer la promoción al mundo. Al verla, a uno se le ocurre que la empresa no tiene mucha simpatía por los usuarios que hacen sus cuentas en vez de de gritar espontáneamente «¡Deme dos!».



Estoy seguro de que este anuncio quiere decir algo. Pero, ¿qué? ¿Que los que no se adhieren a la promoción son dobles de riesgo? Por cierto que no parece un oficio adecuado para un salmón.

No, lo único que aparentan tener en común los escépticos cantarines es que todos se hallan en peligro de muerte inminente. ¿Ése es el mensaje? ¿Cómo debo interpretar esto, señores de Movistar? No ayuda mucho que el anuncio culmine con la frase «mejor no perdérselo».

—Entonces, señor, ¿no va a contratar la promoción?

—No, ya le dije que no me interesa.

—Como prefiera. Pero antes de tomar cualquier decisión definitiva, recuerde por favor que hoy la calle está muy peligrosa. Y que tenemos su dirección. Buenas tardes.

viernes, abril 11, 2008

¡Ha llegado el día!

¡Aleluya! ¡Aleluya!

¡Hosanna, hosanna, ad honorem gloria!

Entonemos gloriosos salmos. ¡Salmones!

¡Redoblen los tambores! ¡Suenen las trompetas! ¡Que de un polo hasta el otro resuene de la fama el glorioso clarín!

Ha amanecido un día histórico. Las generaciones venideras recordarán esta fecha y dirán: «11 de abril de 2008: un día que vivirá en la infamia». Si mañana mismo se recibe en Arecibo un mensaje procedente de Sigma Draconis que contiene una prueba perfecta de la hipótesis de Riemann, los hombres harán un colectivo rictus de desdén y dirán: «Bah». Pues eso será menos que nada comparado con lo que acaba de suceder:

¡Santosríos ha contestado!

Tal vez recuerde usted a Santosríos, el sujeto de la entrada de este blog «¡Santos ríos, Batman!». Y de «Santosríos “responde“». Y de «San Tosríos, el patrono de la realidad». Lo invito a usted a leer tales entradas si le interesa conocer los anteceden de ésta.

Como breve resumen de lo relevante, le recordaré que este personaje afirma categóricamente:

Hace 15 años, la ciencia negaba taxativamente el tema OVNI, tomándose a broma el tema y a sus investigadores, y criticando no ya la existencia de vida en otros mundos, sino la propia posibilidad de existencia de otros mundos, algo que no interesaba a ningún astrónomo, que no se molestaba en prestarle atención ante la amenaza de ser atacado por sus propios colegas.


Lo cual motivó a que, el 10 de enero de 2007, yo le preguntara:

¿Puede nombrar a los científicos que negaron la existencia de planetas extrasolares y la posibilidad de vida extraterrestre? ¿Podría citar dónde y cuándo lo dijeron?


Pues bien, luego de 457 días el señor Santosríos ha entrado a la Wikipedia (y yo que me quejo a veces del servicio de Speedy) y, contra todo pronóstico racional, ha respondido.

He aquí, por lo tanto, mi respuesta a la respuesta. O, lo que es decir lo mismo, mi respuesta al cuadrado.

Querido pobre infeliz:


Oh, ¡me llama querido! ¡Me quiere! ¡Me quiere!

Después de 457 días, y aunque me propuse no hacerlo, voy a responder a su pregunta aquí, a pesar de que dije y mantengo que respondí en mi propio blog, no en el suyo, al que ni se dignó ir a buscar dicha respuesta bajo el juego tramposo de los días que llevo sin responder.

Permítame que a un impresentable como usted...


¡Snif! Perdón, no soporto la emoción.

... no haya vuelto a dirigirle la palabra desde que me prohibió la entrada a su blog (prohibir, el arma de los amargados. ¿Cómo quiere que conteste si no me deja entrar? ¿Ya no se acuerda? Revise, revise sus comentarios... ¿O es que ya los borró?)


No, no borré nada. Allí sigue, por ejemplo, el comentario de fecha 25 de enero de 2007, en el que digo lo siguiente:

Espero que responda a esta sencilla pregunta, cuya respuesta debería conocer para afirmar tan categóricamente lo que afirma. Puede dejarla en cualquier entrada de este blog. Con un "no sé" me alcanza. Mientras no lo haga, olvídese de dejar comentarios en este blog.


Confronte usted «puede dejar la respuesta en cualquier entrada de este blog» con «tiene usted prohibido entrar a este blog». Sacar de contexto y no enlazar la fuente original, el arma de los charlatanes...

Prosigo con la «respuesta»:

Aparte de Fermi, le nombro simplemente a 5 partidarios de la Teoría de la Tierra Rara:

Stuart Ross Taylor, astrofísico
Stephen Webb, físico
Simon Conway Morris, paleontólogo
John D. Barrow and Frank J. Tipler, cosmólogos


«¿Cuántos partidarios, Winston?»

Ahora bien, relea usted la cita original de Santosríos. ¿Ve lo que dice? Dice que «la ciencia» criticaba «no ya la existencia de vida en otros mundos, sino la propia posibilidad de existencia de otros mundos, algo que no interesaba a ningún astrónomo, que no se molestaba en prestarle atención ante la amenaza de ser atacado por sus propios colegas».

En la cultura china, el número diez mil significa «infinitos». En el sistema de numeración santosriano, por su parte, cinco parece significar «todos». ¿Carl Sagan? ¿Frank Drake? ¿Ésos quiénes son?

Además, le cito la wikipedia:


¿Se estará refiriendo por casualidad a la entrada sobre vida extraterrestre, que el señor Santosríos «olvida» enlazar en su respuesta? Si la lee usted, amigo lector epiceno, notará dos cosas. La primera: la hipótesis de la Tierra rara no postula que no haya planetas extrasolares, sino sólo que las condiciones en que surgió la vida en la Tierra pudieron haber sido excepcionales. Y la segunda: en el mismo artículo, apenas en el apartado anterior, se menciona la hipótesis contrapuesta, el principio de mediocridad. Vaya y léalo usted mismo, si lo desea, y vea la multiplicidad de cosas que tiene que decir «la ciencia» en contraposición a la caricatura que Santosríos pinta con brocha gruesa.

"Actualmente una porción creciente de la comunidad científica se inclina a considerar que pueda existir alguna forma de vida extraterrestre, sobre todo desde fines del siglo XX, producto de nuevos descubrimientos, tales como la existencia de moléculas orgánicas en el espacio, y el demostrado hecho de que los planetas extrasolares son relativamente comunes".

Como ve, a fines del siglo XX. Los 15 años de que hablo en mi texto, porque yo ya investigaba entonces, y también hace 25 años. Claro que usted cómo va a saber cómo pensaban hace 20 años, si iba todavía en pantalón corto.


Tal vez le sorprenda saber al señor Santosríos que existen unas cosas llamadas «libros». Y otras que se llaman «revistas». Y otras, tanto más maravillosas, llamadas «enciclopedias». Milagros de la ciencia moderna que permiten, ¡oh, prodigio!, saber sobre cosas que uno no vio en persona. A mí, por mi parte, me sorprende mucho más saber que hace ya veinticinco años el señor Santosríos investigaba en la Wikipedia. Debo suponer eso, ya que no cita ninguna otra fuente de sus extensas investigaciones.

Y en último lugar, pero no menos importante: ¿que recién a fines del siglo XX se empezó a tomar en serio la posibilidad de que existieran planetas extrasolares y vida extraterrestre? Eso explica por qué los primeros emprendimientos SETI se llevaron a cabo en la década de 1960. O por qué ya hace cien años, la prestigiosa revista de divulgación Scientific American dedicó un extenso artículo a los supuestos rasgos arquitectónicos que Schiaparelli creyó observar en Marte.

Pero ya pasamos por aquí, ¿no? Estamos andando en círculos. Mas, ¿qué esperaba usted del susodicho?

Se despide Santosríos:

Sigan todos ustedes dándose jabón unos a otros, haciendo trampas y atacando 10 contra uno, como los valientes. Por mi parte, hasta siempre: sigan con su juego, que mientras yo me río viendo cómo otros comen de todos vosotros, los que les seguís el juego.


Adiós, Santosríos. Echaremos de menos sus comentarios durante los minutos, horas acaso, que dure su «hasta siempre». Yo, por mi parte, lo felicito: ha demostrado, una vez más y como si hiciera alguna falta, que no tiene la más puta idea de lo que habla.

jueves, enero 31, 2008

I Concurso Sinergia - Realidades Alteradas

Presto este espacio a Sergio Gaut vel Hartman para dar difusión a esta interesante iniciativa.


I Concurso Sinergia - Realidades Alteradas

1) Pueden participar en este concurso escritores de todo el mundo.

2) Los cuentos deberán estar escritos en castellano y tener 1.000 palabras o 7.000 caracteres con espacios como mínimo y 3.000 palabras o 20.000 caracteres con espacios como máximo. Esta regla no admite excepciones.

3) El tema del concurso serán las «realidades alteradas». Cada participante elegirá qué tipo de alteración experimenta la realidad y en qué clase de espacio o tiempo conjetural decide jugar la trama.

4) Los cuentos de vampiros, hombres lobos, dragones, princesas vírgenes y héroes anabolizados serán descalificados inmediatamente. El propósito de este concurso es promover la narrativa conjetural y proponer una alternativa a la literatura fantástica dominante.

5) El jurado seré yo (Sergio Gaut vel Hartman), entre otras cosas porque no deseo impedir la participación en el concurso de un cierto número de amigos escritores.

6) Los ganadores serán tres, aunque me reservo el derecho de subir la cifra a cuatro o hasta cinco. El propósito es que no queden buenos cuentos sin premio. Cada uno de los ganadores recibirá un paquete de libros y los cuentos serán publicados en Sinergia. En segunda instancia, existe la posibilidad de que los cuentos ganadores sean publicados en una antología, recibiendo por ello una pequeña suma monetaria. Esto depende, claro, de que el libro se haga.

7) Los cuentos deben ser enviados a la dirección de «Colaboraciones» que figura en «Comunicación» en la página de Sinergia (colaboraciones@nuevasinergia.com.ar).

8) El concurso queda abierto a partir de este momento y se cerrará el 29 de febrero de 2008. El ganador se conocerá el 30 de abril de 2008. No se aceptarán cuentos con seudónimo y mantendré correspondencia con todos aquellos que quieran preguntar o comentar algo.