martes, septiembre 20, 2005

La punta del iceberg

Los autitos son para que jueguen los varones. Tomar ácido sulfúrico hace daño. Maradona es zurdo. La Tierra gira alrededor del Sol. Comer sandía con vino es mortal. Einstein era un genio. La gente de Libra es equilibrada. Las cosas caen más rápido cuanto más pesadas son. Y la ciencia ficción se trata de navecitas y pistolas de rayos.

¿Preconceptos? Algunos lo son. ¿Verdaderos o falsos? Irrelevante. La cuestión es: ¿cómo lo sabemos? ¿Como sé yo, si nunca me interesó el fóbal, que Maradona le pega con la zurda o que no se puede tocar la pelota con la mano? ¿Cómo es que alguien que jamás se asomó a la ciencia o su divulgación conoce el nombre de Einstein? ¿Conoce usted a alguien que haya tomado ácido sulfúrico? Todas éstas son cosas que exceden su ámbito natural, cosas con que uno no puede evitar toparse de frente cuando va caminando. Nadie las enseña, pero de alguna manera todos las aprendemos. Rara ha sido la vez que vi una película clase B, si es que alguna vez vi alguna; pero sería capaz (si tuviera el equipo y la pericia) de hacer un trailer perfecto de una de tales películas. ¿Por qué? Porque me lo ponen delante de los ojos todo el tiempo, me interese o no.

Y en materia de ciencia ficción, lo que está delante de los ojos del mundo es precisamente eso: Viaje a las Estrellas, La Guerra de las Galaxias y las películas en que un monstruo de goma secuestra a una rubia, en cuyo rescate acude el rubio con jopo y pistolita de cartón. Eso es lo que asoma, la «punta del iceberg» si me permite una metáfora remanida. Todo lo demás está oculto y hay que buscarlo para verlo.

En estos días se ha generado en Comunidad CF un acalorado debate con respecto a esto. Por mi parte, no voy a defender ni a atacar a Star Trek ni Star Wars. Me limitaré a decir, por si alguien lo considera necesario, que lejos están de ser las cosas más estúpidas con que me he entretenido. La cuestión es que ésa es la CF que conocen los que no conocen de CF, lo que, por uno u otro motivo, está a la vista de todos. Si a alguien le interesan las navecitas y los rayitos, probablemente se acerque a ver qué más hay. Es lo que me pasó a mí: sólo pensar en naves espaciales me disparaba el entusiasmo. Y tirando el hilo de lo que me gustaba, encontré algo que me terminó gustando más. Encontré una Discovery que eclipsaba al Enterprise. Encontré un Gueden que vale por quinientos Tatooines.

La cuestión es: yo no sabía que eso estaba ahí. Simplemente me gustaban las naves y los rayitos. (Los monstruos de goma no.) Veía lo que veían todos, y se dio la particularidad que a mí me atraía. ¿Qué pasa con toda la gente a la que esas cosas (acaso no sin cierta razón) le parecen poco serias? Ellos tampoco saben que Gueden está ahí. Yo seguí el rastro esperando encontrar más de lo mismo que veía, y ellos piensan que eso hallarían. Así que, ¿para qué molestarse? Si lo que todo el mundo ve cuando se habla de ciencia ficción fueran, por ejemplo, las novelas de Philip K. Dick, la imagen sería otra. En vez de ser «el género de las navecitas y los ETs de goma», sería «el género de los acertijos existencialistas tan raros». Al lector de ciencia ficción, en vez de mirarlo como un inmaduro como sucede a veces, se lo miraría como un intelectual (intelectualoide, tal vez) metido en cosas que nadie entiende. ¿Se leería más ciencia ficción? No lo creo. En todo caso, en vez de despertar desdén, despertaría un temor reverente, como el que despierta, por ejemplo, Borges (del que todos saben que fue un gran escritor, pero pocos han leído). Muchos dirían «esas cosas no son para mí» y se irían, perdiéndose otras cosas que tal vez sí son para ellos. Aunque más no fueran cuentitos de batallas espaciales.

¿Cuál es la conclusión? Ninguna. ¿Por qué tiene que haber una conclusión? Simplemente le recomendaré que, si le interesan estos temas, se pase por Comunidad CF, donde tratamos de ponerle unas boyas al iceberg en un intento de que salga un poco más a flote y se vea que puede haber un poquito para todos.

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