miércoles, septiembre 07, 2005

Minoides

Las noticias de Axxón son siempre muy recomendables. En ellas tiene usted una especie de sopa concentrada de las novedades en materia de ciencia, tecnología y, por supuesto, el ménage à trois entre ambas y la literatura que se llama «ciencia ficción».

En la edición de hoy, Joe Garrafex (el corresponsal que en sus ratos libres se hace llamar Alejandro Alonso) recoge del diario español El País una nota referida a los últimos adelantos japoneses en materia de robótica. Es un texto que analiza someramente la situación socio-demográfica y la idiosincrasia japonesas para explicar su relación con los sintéticos.

Claro que una persona informada sospechará que las situaciones descritas no son tan de ciencia ficción como se las hace parecer. Se dice, por ejemplo, que la Actroid (actriz-androide) que ilustra la nota fue concebida «para sustituir a las recepcionistas». No resisto la tentación de imaginar un diálogo con ella:

—Buenos días, señorita, tengo cita con el señor Tamagotchi para las quince horas.

—Su petición no ha sido entendida. Por favor, refiérase a las instrucciones para la sintaxis correcta y module cada sílaba.

—A ver... Agenda guión ce Tamagotchi guión hache uno cinco cero cero enter.

—«Tamacochi» no encontrado. ¿Desea usar la búsqueda inteligente?

—¡Tamagotchi, con ge!

—Su petición no ha sido entendida. Por favor, refié... Este programa ha dejado de responder. ¿Desea enviar un reporte a la papelera de reciclaje de Microsoft?

En fin, imagino que tendremos que esperar algunos años antes de tener una interacción verbal decente con una máquina, tenga la forma que tenga. Pero mientras las interfaces se ponen a punto, podemos hacer chistes fáciles del tipo «para ver al señor Tamagotchi, presione el botón uno». (Perdón, tampoco esta tentación la pude resistir.)

Sin embargo, lo que me impulsa a escribir esta entrada es el titular. «Las chicas ahora vienen en formato robot». Curioso, ¿no? ¿No habría sido un poco más feliz «los robots ahora vienen en formato de chica»? Acaso inconscientemente, el redactor de El País parece sugerir que se trata más de una evolución del género femenino que de los dispositivos electromecánicos. Igual que hacía Eduardo de la Puente cuando daba cátedra de ética periodística en Caiga Quien Caiga, así como he ofrecido una versión inequívoca del título, ofrezco también otra que se inclina del otro lado de la ambigüedad: «Al fin tenemos minas que están buenas, obedecen y no rompen».

1 comentario:

  1. Muy bueno Otis.

    Una cosilla de nada: los robots en forma de chica no vendrán a borrar de este mundo a las entrañables muñecas hinchables?

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