Impresiona, ¿eh? Aunque en aquel entonces no estaba enganchado a un palo de plumero como se lo ve aquí, sino suspendido del techo con tanzas, y tenía adherido un papel en el que se leía «pez diablo». Yo nunca había visto nada parecido, y me llevé a mi casa la impresión y la incógnita (además del libro).
Y acontenció un buen día que, al buscarlo para regodearme morbosamente en la repugnancia, no lo encontré. La vidriera había reclamado su función natural de muestrario de mercaderías, y el engendro había sido desplazado. Aquel día volví a mi casa sin impresión y sin libro, pero con una incógnita de más.
Pasaron los años. No muchos, dos o tres a lo sumo.
Y al fin tengo para ofrecerle, amigo lector epiceno, una fecha específica: lunes 11 de octubre de 2004. Eran poco más de las 19 horas, y el televisor estaba sintonizado en
América Noticias. Fue entonces cuando, sin aviso, una cara conocida apareció en la pantalla. La cara era ésta:
«¿Qué es esto?», preguntaba con profesional espanto la voz en off, prometiendo una cobertura del asunto en el transcurso del programa. El juego de encuadres y contraluces le daba al engendro un aspecto más siniestro aún que el que tenía por derecho propio, pero esto no me impidió decir: «Eh, yo lo conozco». La historia que relaté a mi familia fue confirmada minutos más tarde, cuando se mencionó a Pergamino. Conocimos entonces a Palmira Pajón, la dueña de Casa Graciela, quien instalada junto al bicho (que ya no colgaba con una inclinación que sugería un pez en el agua, sino que se lo veía erguido, como un homúnculo) aseveraba categóricamente: «Es un bebé extraterrestre».
La señora Palmira contaba a la cámara su versión de los hechos:
Lo pesqué yo en Monte Hermoso. Cuando lo saqué lo primero que hizo fue mirar a mi marido a los ojos. Después me empezó a mirar a mí, y después miraba a todas partes. Giraba la cabeza porque tenía el cuello como nosotros.
El hecho de que la señora Palmira llevara un cuello ortopédico al momento de dar la entrevista plantea una tentación que resistiré lo suficiente como para no poner más que este comentario. El relato continuaba:
Tiene más o menos veinticinco años, y guardado estaba en una caja y hace poco tiempo mi yerno encontró esa caja, la abrió y vio. No sabía lo que era eso. Me vino a preguntar, y entonces yo me acordé que hacia años estaba guardado.
El bicho, atado a su palito tutor, no confirmaba ni negaba la historia. A lo mejor temió que la señora Palmira se enterara de sus travesuras, cuando escapaba de la caja y se exponía a la vista del mundo en la vidriera del negocio.
O a lo mejor no hablaba por la sencilla circunstancia de que estaba embalsamado.
El noticiero terminó con la promesa de más información sobre el asunto para el día siguiente. Y, por supuesto, las preguntas quedaron ahí. ¿Por qué estaba tan segura la señora Palmira que eso era un «bebé extraterrestre»? ¿Lo había oído llamando a su mamá? ¿O tal vez había encontrado ejemplares adultos? En la edición del martes 12, la señora pareció dar alguna pista al referirse a un extraño que llegó a preguntar por el exoinfante:
Apareció un hombre negro, grandote, gordo, con sombrero negro. Se le volaban las solapas del sobretodo, bailaba, pero cuando bailaba me amenazaba. Vivió amenazándome todo el rato (...) y yo le preguntaba: «¿Quién es usted?» Se me ocurrió decirle eso, no sabía qué hacer. No me contestó. Le volví a preguntar: «¿Quién es usted?», y tampoco. Entonces pensé: «La próxima vez se lo voy a decir fuerte por si está mi yerno, para que entre y vea». Me adivinó el pensamiento y desapareció.
¿Había sido visitada la señora por el papá de la criatura? Si es así, todo parece indicar que llevaba muy poco tiempo entre nosotros, pues de otra manera no se explica su patético mimetismo con la especie humana. Si hasta la cucaracha Edgar de la película
Hombres de negro llevaba un mejor disfraz.
Como sea, de este Michael Jackson in Black no hay más referencias que las ofrecidas por la señora, mientras que la minimomia seguía ahí, a la vista de todo el mundo. La primera entrega del informe no había dado muchos indicios ciertos sobre su posible naturaleza (salvo que usted, amigo lector epiceno, le atribuya algún peso a los divagues sobre sobre puertas interdimensionales con que
Fabio Zerpa regaló a la audiencia).
Pero, pese a que seguía sin saber «qué es esto», yo estaba contento de que se hubiera mencionado a Pergamino en un noticiero de la capital, y por un asunto tan loco, nada menos. Esa misma noche lo mencioné en la
lista de correo de Axxón, con cierto orgullo localista. La repercusión no se hizo esperar, y en poco tiempo (gracias particularmente a las respuestas de Eduardo Carletti, director de
Axxón, y
Alejandro Agostinelli) terminé sabiendo más de aquel fenómeno (en el más amplio sentido de la palabra) que los periodistas del multimedio.
Todo muy lindo, pero ¿qué es?«¿Qué es esto?», repetía insistente el locutor en un tono indicativo de que importaba más la pregunta que la respuesta. Sin embargo, respuesta hay, y es bastante sencilla.
Se trata de un condrictio elasmobranquio del orden de los miliobatiformes.
En criollo: Un pescado. Una raya.
«Eso no parece una raya —dirá tal vez usted en un arranque de sano escepticismo—. Para empezar, las rayas no tienen los ojos ahí». Es verdad. Pero, ¿quién dijo que ésos son los ojos? Es con las fosas nasales que el pescadito le lanza esa mirada amenazante. Sí, ya sé que los peces se caracterizan por su respiración branquial, pero de todas maneras disponen de fosas puesto que tales son sus órganos olfatorios. Y el cuerno, cresta, protuberancia o como prefiera llamar a esa excrecencia del cráneo del supuesto alienígena tampoco es tal. Se trata sencillamente de la trompa del animal. (La boca es la boca.)
Y esto no es todo. Aquí cedo la palabra a Vicente Di Martino, director del Museo Municipal de Monte Hermoso, quien fue entrevistado a propósito del asunto por el sitio
Montenoticia:
Este tipo de peces los conozco desde hace muchos años y estaban a la venta en una casa de caracoles de Mar del Plata (...) Es evidente que este pez está momificado, tiene cortes en las fosas nasales para que parezcan ojos, están cortadas las aletas de la raya aparentando la forma de tronco de una persona y los fórceps (cartílago que facilita a la especie la reproducción) simulan las piernas de este pez que denominan ahora el «bebé extraterrestre».
En resumen: ya sabemos que la criaturita no estuvo veinte años durmiendo en una caja ni es extraterrestre. Del estrafalario visitante de la señora Palmira no tenemos pistas. Pero a no desesperar, que visto el tamaño que pueden alcanzar algunas especies de raya, sobrevive la posibilidad de que efectivamente sea un bebé.
Ni siquiera es una «confusión» original, como se puede comprobar en la web de
Editorial Bitácora. Aunque probablemente nada de esto disuada a la señora Palmira:
Es un bebé extraterrestre... Ahora, porque antes creíamos que era el pez diablo.
Observe el uso del artículo definido. No es
un pez diablo, nombre con que se venden estos souvenirs. No, es
el pez diablo. Mientras me pregunto si debería escribirlo con mayúsculas reverenciales, me viene a la mente la imagen del bichito ofreciendo grandes riquezas a merluzas y salmones a cambio de su alma inmortal. Una idea absurda, por supuesto. Está claro por qué la señora Palmira la rechaza.
ExpertosEn los tres días en que se repartió la cobertura noticiosa desfilaron por la pantalla de
América Noticias varios «expertos en fenómenos paranormales», cada uno con su versión. Pero si he de ser justo, debo decir que el noticiero no privó a sus espectadores de la hipótesis ictícola:
La raya tiene un tamaño como una gran ala, un ala delta. Una vez que la tomás le vas haciendo una serie de cortes, de disecciones, la vas dejando cada vez más chica, y le cortás aquí como si fueran colas. Aquí se le hacen otros cortes para que parezca un rostro, un rostro que impresiona. Ésta es la boca natural de la raya, la verdadera. Luego, la disecás y ¡oh milagro! Tenés aquí una entidad biológica desconocida, única, que alguien encontró en algún sitio misteriosamente.
Lo curioso de esta explicación, no exenta de un toque de cinismo, es encontrarla en boca de Antonio Las Heras, alguien cuyas credenciales no parecen mucho más prolijas que las de Zerpa. En su
sitio web puede usted encontrar artículos sobre ovnis, talismanes, control mental y otros etcéteras, y no precisamente para analizarlos como fenómenos folklóricos. Pero bien se dice por algunas tierras que «la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero», y en este caso corresponde hacer un gesto de asentimiento en dirección al porquero.
Lástima que
América Noticias no piense igual. Claro que no podía tirar por la borda su fama de noticiero serio respaldando al «bebé extraterrestre». Pero tampoco se podía dar el lujo de permitir que el misterio muriera; no después de trasladar equipos a más de doscientos kilómetros y de encarnar con el bichito el anzuelo del rating durante tres ediciones. Así que el veredicto, con el visto bueno de un veterinario, fue que se trataba de una especie de pez desconocida. Qué solución tan bonita y poco comprometedora, ¿verdad?
Final
Y llegamos ya al final de esta historia de una cabeza y un nombre. Al día de hoy, el pequeñín sigue expuesto en un lugar prominente de Casa Graciela, donde todos pueden pasar a verlo. Si quiere saber más del asunto puede consultar el artículo de Néstor Genta que al respecto publicó el sitio
Tribuna de Periodistas, el cual usé como referencia para ayudar a mi memoria. De este texto quiero destacar el siguiente pasaje:
Este sencillo columnista, que vuelca en éste libre sitioweb algunas investigaciones, no cuenta con el poder de América. El multimedio posee medios gráficos (diario “Ambito Financiero” y revista “La Primera”). Así como televisión (“Canal 2 América TV” La Plata, Buenos Aires, cuatro canales en el Interior del país; señal “Cablevisión Noticias”). (Fuente www.lavaca.org)
Recalco ésto para dejar bien en claro que si a mí me llevó menos de quince minutos develar el “misterio”, imaginen, queridos lectores, lo que podrían investigar la enorme cantidad de periodistas que trabajan para el multimedio.
No es mi intención cerrar esta entrada criticando a América. Después de todo, ya lo hace el propio Genta, y también lo hace
Clarín (medio que tampoco está en condiciones de lanzar la primera piedra, pero ésa es harina de otro costal). Sé, sin embargo, como lector y espectador, que si quiero saber algo que no esté relacionado con la política o la economía hallaré provechoso alejarme de los medios masivos.
Sí, es una historia con moraleja. Molesto, ¿no?
Espero que de todas maneras la haya disfrutado. No mucho tal vez, pero sí lo suficiente como para tenerlo de vuelta por aquí. ¡Hasta pronto, si usted quiere!