jueves, setiembre 29, 2005

Prohibida la entrada a robots

Como lee, amigo lector epiceno. En este acto me declaro supremacista orgánico y prohíbo la entrada a este blog a todo robot, droide, cyborg, mecano, etc. Claro que aun pueden leer las entradas sin que yo me entere esos taimados; pero a partir de hoy, si usted se siente impulsado a dejar un comentario en Pez Diablo, sólo podrá hacerlo si es capaz de pasar el test de Turing. He recibido ya claras indicaciones de que este sitio está en la mira de los spammers automáticos, de modo que resolví activar la verificación de palabra antes de que se convierta en un problema importante.

«¿Y a mí qué me cuenta?», estará usted diciendo. Bien, pensé que le interesaría estar advertido sobre la extraña solicitud que a partir de hoy le hará la ventana de comentarios, en caso de que decida dejar uno. En ese caso, simplemente transcriba donde está indicado la palabra que se le muestra y el sistema, seguro ya de que es usted un sapiens, le franqueará el acceso. Nada más.

Bueno, sí hay algo más. ¿No le ha llamado la atención el robotito que ilustra esta entrada? ¿Esa cara no le resulta conocida de algún lado? ¿De éste, por ejemplo:?



El parecido de familia es notable, ¿verdad? Encontré la imagen en el sitio del Museo della Plastica, y según la información de la página, el chiche fue hecho en 1950 (veintisiete años antes que la película). Es interesante descubrir estas cosas, ¿no cree?

martes, setiembre 20, 2005

La punta del iceberg

Los autitos son para que jueguen los varones. Tomar ácido sulfúrico hace daño. Maradona es zurdo. La Tierra gira alrededor del Sol. Comer sandía con vino es mortal. Einstein era un genio. La gente de Libra es equilibrada. Las cosas caen más rápido cuanto más pesadas son. Y la ciencia ficción se trata de navecitas y pistolas de rayos.

¿Preconceptos? Algunos lo son. ¿Verdaderos o falsos? Irrelevante. La cuestión es: ¿cómo lo sabemos? ¿Como sé yo, si nunca me interesó el fóbal, que Maradona le pega con la zurda o que no se puede tocar la pelota con la mano? ¿Cómo es que alguien que jamás se asomó a la ciencia o su divulgación conoce el nombre de Einstein? ¿Conoce usted a alguien que haya tomado ácido sulfúrico? Todas éstas son cosas que exceden su ámbito natural, cosas con que uno no puede evitar toparse de frente cuando va caminando. Nadie las enseña, pero de alguna manera todos las aprendemos. Rara ha sido la vez que vi una película clase B, si es que alguna vez vi alguna; pero sería capaz (si tuviera el equipo y la pericia) de hacer un trailer perfecto de una de tales películas. ¿Por qué? Porque me lo ponen delante de los ojos todo el tiempo, me interese o no.

Y en materia de ciencia ficción, lo que está delante de los ojos del mundo es precisamente eso: Viaje a las Estrellas, La Guerra de las Galaxias y las películas en que un monstruo de goma secuestra a una rubia, en cuyo rescate acude el rubio con jopo y pistolita de cartón. Eso es lo que asoma, la «punta del iceberg» si me permite una metáfora remanida. Todo lo demás está oculto y hay que buscarlo para verlo.

En estos días se ha generado en Comunidad CF un acalorado debate con respecto a esto. Por mi parte, no voy a defender ni a atacar a Star Trek ni Star Wars. Me limitaré a decir, por si alguien lo considera necesario, que lejos están de ser las cosas más estúpidas con que me he entretenido. La cuestión es que ésa es la CF que conocen los que no conocen de CF, lo que, por uno u otro motivo, está a la vista de todos. Si a alguien le interesan las navecitas y los rayitos, probablemente se acerque a ver qué más hay. Es lo que me pasó a mí: sólo pensar en naves espaciales me disparaba el entusiasmo. Y tirando el hilo de lo que me gustaba, encontré algo que me terminó gustando más. Encontré una Discovery que eclipsaba al Enterprise. Encontré un Gueden que vale por quinientos Tatooines.

La cuestión es: yo no sabía que eso estaba ahí. Simplemente me gustaban las naves y los rayitos. (Los monstruos de goma no.) Veía lo que veían todos, y se dio la particularidad que a mí me atraía. ¿Qué pasa con toda la gente a la que esas cosas (acaso no sin cierta razón) le parecen poco serias? Ellos tampoco saben que Gueden está ahí. Yo seguí el rastro esperando encontrar más de lo mismo que veía, y ellos piensan que eso hallarían. Así que, ¿para qué molestarse? Si lo que todo el mundo ve cuando se habla de ciencia ficción fueran, por ejemplo, las novelas de Philip K. Dick, la imagen sería otra. En vez de ser «el género de las navecitas y los ETs de goma», sería «el género de los acertijos existencialistas tan raros». Al lector de ciencia ficción, en vez de mirarlo como un inmaduro como sucede a veces, se lo miraría como un intelectual (intelectualoide, tal vez) metido en cosas que nadie entiende. ¿Se leería más ciencia ficción? No lo creo. En todo caso, en vez de despertar desdén, despertaría un temor reverente, como el que despierta, por ejemplo, Borges (del que todos saben que fue un gran escritor, pero pocos han leído). Muchos dirían «esas cosas no son para mí» y se irían, perdiéndose otras cosas que tal vez sí son para ellos. Aunque más no fueran cuentitos de batallas espaciales.

¿Cuál es la conclusión? Ninguna. ¿Por qué tiene que haber una conclusión? Simplemente le recomendaré que, si le interesan estos temas, se pase por Comunidad CF, donde tratamos de ponerle unas boyas al iceberg en un intento de que salga un poco más a flote y se vea que puede haber un poquito para todos.

viernes, setiembre 16, 2005

Bumper Sticker y la princesa emplumada.

Si conociera personalmente al capitán Bumper Sticker, es seguro que no me llevaría muy bien con él. Probablemente lo detestaría. Y él a mí.

Por suerte no ha nacido, y si lo hace será dentro de miles de años. (Perdón, quise decir «miles de sínodas».) Pero mientras el atorrante se digna venir al mundo, Axxón ha publicado «Bumper Sticker y la princesa emplumada», el primer cuento que lo tiene como protagonista, y acaso no el último.

¿Qué hace acá? Vaya urgente a leerlo. Si no le gusta, por lo menos disfrutará de la muy expresiva ilustración que Fraga ha hecho del capitán Sticker y la princesa Arpifanía (y también, saliéndose de guión, se lo ve a Globo asomando su cabezota robótica detrás de la princesa). Y cuando lo termine (si lo termina) tiene a su disposición los comentarios de este post para dejar sus impresiones. ¡Comparta lo que piensa, no se lo guarde! Así sabré si en el próximo cuento de Bumper Sticker será necesario que la Betty caiga con todo su contenido en un agujero negro.

miércoles, setiembre 07, 2005

Minoides

Las noticias de Axxón son siempre muy recomendables. En ellas tiene usted una especie de sopa concentrada de las novedades en materia de ciencia, tecnología y, por supuesto, el ménage à trois entre ambas y la literatura que se llama «ciencia ficción».

En la edición de hoy, Joe Garrafex (el corresponsal que en sus ratos libres se hace llamar Alejandro Alonso) recoge del diario español El País una nota referida a los últimos adelantos japoneses en materia de robótica. Es un texto que analiza someramente la situación socio-demográfica y la idiosincrasia japonesas para explicar su relación con los sintéticos.

Claro que una persona informada sospechará que las situaciones descritas no son tan de ciencia ficción como se las hace parecer. Se dice, por ejemplo, que la Actroid (actriz-androide) que ilustra la nota fue concebida «para sustituir a las recepcionistas». No resisto la tentación de imaginar un diálogo con ella:

—Buenos días, señorita, tengo cita con el señor Tamagotchi para las quince horas.

—Su petición no ha sido entendida. Por favor, refiérase a las instrucciones para la sintaxis correcta y module cada sílaba.

—A ver... Agenda guión ce Tamagotchi guión hache uno cinco cero cero enter.

—«Tamacochi» no encontrado. ¿Desea usar la búsqueda inteligente?

—¡Tamagotchi, con ge!

—Su petición no ha sido entendida. Por favor, refié... Este programa ha dejado de responder. ¿Desea enviar un reporte a la papelera de reciclaje de Microsoft?

En fin, imagino que tendremos que esperar algunos años antes de tener una interacción verbal decente con una máquina, tenga la forma que tenga. Pero mientras las interfaces se ponen a punto, podemos hacer chistes fáciles del tipo «para ver al señor Tamagotchi, presione el botón uno». (Perdón, tampoco esta tentación la pude resistir.)

Sin embargo, lo que me impulsa a escribir esta entrada es el titular. «Las chicas ahora vienen en formato robot». Curioso, ¿no? ¿No habría sido un poco más feliz «los robots ahora vienen en formato de chica»? Acaso inconscientemente, el redactor de El País parece sugerir que se trata más de una evolución del género femenino que de los dispositivos electromecánicos. Igual que hacía Eduardo de la Puente cuando daba cátedra de ética periodística en Caiga Quien Caiga, así como he ofrecido una versión inequívoca del título, ofrezco también otra que se inclina del otro lado de la ambigüedad: «Al fin tenemos minas que están buenas, obedecen y no rompen».

Diez cuentos más

Axxón publica hoy mi segunda lista de diez cuentos elegidos, que viene a sumarse a la que salió al aire (¿se dice al aire?) el pasado 19 de agosto. Como la vez anterior, dejo aquí constancia para que el viento no se la lleve.

  • «Nave de sombras», Fritz Leiber.
  • «El diario de la rosa», Ursula K. Le Guin.
  • «Servir al amo», Philip K. Dick.
  • «Viajes con mis gatos», Mike Resnick.
  • «El tipo que vio el caballo», Fernando de Giovanni.
  • «Sin nombre», Eduardo Carletti.
  • «La cruz y el dragón», George R. R. Martin
  • «Langostas», Charles Stross.
  • «Gu ta gutarrak», Magdalena Mouján Otaño.
  • «El ruido de un trueno», Ray Bradbury.
Y quién sabe si habrá dos sin tres.