Disquisiciones info-electorales
Si usted, amigo lector epiceno, es argentino y no ha fijado residencia en un termo, debe saber que el próximo domingo 23 hay elecciones. Probablemente ya se ha cansado de esas señoras sin apellido cuya principal actividad de campaña consiste en adherir cada una connotaciones negativas al nombre y/o apelativo de la otra. Es un privilegio vivir en la provincia de Buenos Aires, pues de esa manera puedo darme el gusto de no votar a ninguna de las dos.
No se asuste, esta entrada no trata de política. O tal vez sí. Todo depende de cómo se mire.
La cuestión central es que, para poder darle mi voto a otro, primero necesito saber dónde debo hacerlo. Y siendo, como soy, un ciudadano de la red, ¿voy a llegar hasta algún comité/unidad básica/como se llame para que alguien rastree mi nombre en el padrón equivocado con la mano que no ocupa en sostener el mate? Claro que no; puedo hacerlo desde la comodidad de mi silla sin más herramientas que el teclado y el ratón. Y el resto de la PC, claro está.
Con una mínima ayuda de Google, no me fue difícil hallar lo que buscaba: en el sitio del Poder Judicial de la Nación han puesto un cómodo formulario para hacer la consulta. Bueno, «cómodo» es un decir.
La primer señal la tuve apenas llegué. Quien quiera que haya diseñado la página decidió que tal vez yo no tuviera las aptitudes necesarias para dar a la ventana del navegador un tamaño adecuado al contenido, de modo que incluyó un JavaScript que lo hiciera por mí. Qué amoroso, ¿verdad?
Pero no acaba allí la asistencia de este tan solícito cuan anónimo diseñador. En vistas de que el usuario tenga la menor cantidad de inconvenientes, no escatima esfuerzos en explicitar todo (puede hacer click sobre la imagen si desea verla a escala natural):
«¿Para qué puedo querer ventanas emergentes?», fue la pregunta que surgió espontáneamente. No sería la última. Como no estaba de ánimo de deshabilitar el bloqueo de popups, obedecí la instrucción de hacer click aquí manteniendo pulsada Ctrl.
Lo que nadie le avisó a este audaz diseñador es que no todos los navegadores son iguales. Ignoro qué uso tendrá Ctrl en el Internet Explorer, pero en mi Firefox tal tecla abre el enlace en una pestaña nueva. Pestaña nueva que, por alguna extraña y enigmática razón, se empeñaba en quedar vacía.
Por suerte la solución no era demasiado compleja: bastaba con ignorar por completo las instrucciones y volver a hacer click aquí olvidando el teclado. Mano de santo: al instante se abrió otra ventana:
Justo lo que buscaba: más instrucciones. Haciendo caso omiso de ellas, puesto que ya podría leerlas más tarde si las necesitaba, dirigí presto mi flechita al botón.
Definitivamente, esto se parecía más a lo que quería. Aunque fue en este punto que surgió la segunda pregunta: si el número de Documento Nacional de Identidad es único para cada ciudadano de la Nación Argentina, ¿para qué hacen falta más datos? ¿No es un tanto redundante?
Para no iniciar una discusión que no llegaría a ninguna parte por ausencia de oponente dialéctico, me dije a mí mismo que me resultaba mucho menos trabajoso a mí dar un par de clicks de más que a los analistas y programadores integrar todos los padrones en un solo archivo. Después de todo, escribir instrucciones y secuencias JavaScript es un trabajo de tiempo completo.
De modo que procedí a ingresar mis datos. Sexo: masculino. Distrito: Buenos Aires. Dejé para el final lo más difícil: ingresar los dígitos de mi DNI.
No bromeo al escribir «lo más difícil». ¿Es usted usuario de Firefox? Entonces le ruego que lo apunte a este formulario e intente ingresar algo en ese cuadro de texto. No es necesario que sea su DNI, puede ser cualquier cosa que se le ocurra. Si lo logra, le agradeceré que me haga saber cómo lo hizo.
No soy una persona proclive a perder la calma. Sencillamente abrí el menú de inicio de Windows y saqué a la e azul grandota de su cámara frigorífica, confiando en que con ella tendría mejor suerte.
Emulando a Douglas Adams, revelaré por anticipado el final de esta historia. Sí, finalmente pude averiguar a dónde debo dirigirme el próximo domingo para dar cabal cumplimiento a mi deber cívico. No, no hubo petunias ni ballenas que debieran sufrir. Pero no fue sencillo, puesto que al ingresar la susodicha URL en la barra de navegación del Explorer, halleme cara a cara con este dantesco panorama:
Sí, amigo lector epiceno, yo tengo el mismo Microsoft Internet Explorer que usted. El que no bloquearía un popup de forma nativa aunque la fortuna de Bill Gates dependiera de ello. No sé cómo lo han hecho, pero quienes escribieron este HTML se las han arreglado para que Explorer considere que la ventana emergente no es segura. No es un logro menor.
En definitiva: luego de repetir todo el itinerario (esta vez, como había anticipado, sí tuve que usar la tecla Ctrl), el formulario aceptó finalmente mi DNI sin decir ni mu.
¡Aleluya! ¡Hosanna hosanna ad honorem gloria! Luego de tan esforzados trajines, el espacio que le han insertado unilateralmente a mi apellido no pasa de ser una minucia. Mucho menos iba a molestarme en averiguar qué errores de código indicaba el iconito amarillo de la esquina inferior izquierda.
Ahora empiezo a hablar en serio.
¿Para qué tantas complicaciones? ¿Qué sentido tienen tantos popups y «haga click aquí»? Hace apenas unos meses que sigo la carrera de sistemas, pero en mi profunda ignorancia me planteo el siguiene razonamiento:
Ésta es una información que todos los ciudadanos argentinos necesitan para hacer efectivo lo que es a la vez un derecho y un deber. Siendo así, ¿no sería lo más conveniente reducir el formulario a lo esencial, de manera que incluso un chimpancé con una Atari tuviera acceso a los datos que necesita? Apenas el HTML indispensable, los campos de ingreso y el botón «Enviar». ¿Para qué más? Si acaso, alguna que otra imagen (mínima y prescindible) y un toque de color para sazonar el aspecto visual. Google opera de ese modo desde hace años, y no le va tan mal. Si hasta la interfaz de Blogger que estoy usando para escribir este post es más fácil de usar. ¿Para qué invertir tiempo y esfuerzo en añadir una pretendida «funcionalidad» que no hace más que restringir el acceso? Eso sí, se han cuidado muy bien de que los datos de las mesas masculinas aparezcan sobre fondo celeste, y sobre rosa el de las femeninas.
Habiéndome desahogado ya de lo que quería decir, permítame cerrar este post con el siguiente detalle. Llamo su atención sobre los recuadros rojos que he agregado:
¿Le falla la aritmética? A mí también.



