lunes, diciembre 26, 2005

Ejercicio de suposición

Supongamos que usted es escritor, o quiere serlo. Sí, ya sé que es posible que usted sea efectivamente escritor, pero para ser equitativo en caso de que no lo sea y todos entiendan la situación que planteo, dejémoslo en el plano suposicional. (Obviaremos la posibilidad de que sea usted escritora; recuerde que, salvo indicación en contrario, mientras permanezca aquí usted es epiceno.)

En su condición de escritor o aspirante a tal, usted (en adelante «el escritor» o simplemente «usted») ha compuesto algún que otro cuento que, so color de probar suerte, ha enviado a una revista. Y ¡oh sorpresa! He aquí que la revista acepta y publica su cuento.

No es un asunto menor. La revista de la que hablamos es una revista electrónica, o ezine (en adelante «Ezzín») que, si bien no genera retribución económica para sus hacedores o colaboradores, tiene un prestigio ganado a pulso a lo largo de los años. Y ese prestigio no se lo ha ganado publicando a cualquiera que sepa pulsar teclas. Si bien sus responsables no son tan exquisitos como para publicar sólo a quienes den señales de ser el próximo Borges, el hecho de que un cuento sea elegido indica que, al menos, está bien escrito y tiene algo interesante que decir.

Tenemos un dato: al publicar en el Ezzín, se le adherirá aunque más no sea una micronésima de su prestigio. Tenemos otro dato: usted recibe la indicación de que, al menos en opinión de los editores, no ha errado tanto el camino y está haciendo las cosas más o menos bien.

Y no desdeñemos la posibilidad de lo que puede aprender para el futuro. Estos editores son personas con mucha experiencia: ya estuvieron donde está usted y, andando el camino, han cosechado no pocos reconocimientos. No me dirá que no tiene nada que ganar si escucha lo que sean capaces de decirle sobre su trabajo.

Y no se terminan allí las ventajas. Seamos pragmáticos por un momento y pensemos en términos cuantitativos (y de ego). Su cuento aparece en un sitio Web que, teniendo ya un nombre hecho, recibe una cantidad no despreciable de visitantes, cada uno de ellos un potencial lector. No está mal, ¿verdad? Y no obviemos el dato de que la página HTML que ostenta su cuento es accesible por cualquier persona con acceso a la WWW. Es posible que un navegante a la deriva tropiece con él en Google o cualquier buscador (probabilidad tanto más elevada por cuanto el Ezzín goza de un PageRank interesante). Es posible que, si a ese navegante le gusta lo que lee, quiera recomendárselo a otros navegantes, para lo cual no tiene más que recurrir al simple expediente de copiar y pegar el URL en un foro o un mensaje de correo electrónico. Todo navegante de Internet que pueda leer su idioma es un lector en potencia.

Perspectiva más que interesante para un aspirante a escritor, ¿no le parece?

Ahora bien: supongamos que ese mismo navegante hipotético está afiliado a un grupo de Yahoo destinado a compartir textos digitalizados (en adelante «Digitalizers-R-Us»). Supongamos que ese lector no se limita a copiar el URL, sino que lo hace con todo el cuento. Y no lo pega en un foro o un mensaje de correo electrónico, sino en un documento de Word. Mismo documento que luego procede a guardar, comprimir en un .zip o un .rar y colocar a disposición de sus cofrades de Digitalizers-R-Us entre los archivos del grupo.

Analicemos esta segunda situación. Su cuento está dentro de un .doc, que a su vez está dentro de un .zip. ¿Conoce usted algún buscador de Internet que sea capaz de ver dentro de esta matrioshka? Google no puede. La posibilidad de que alguien, navegando al azar, se tope con su cuento es nula. De hecho, es altamente probable que la sección de archivos del grupo sea sólo disponible para quienes estén suscritos a él, puesto que tal es la configuración de la enorme mayoría de los grupos de Yahoo. En consecuencia, sólo los abonados a Digitalizers-R-Us tendrán acceso a esta encarnación de su cuento (y no es redundante insistir en que sólo los abonados se enterarán de que está allí). Si alguno de ellos se interesa, tendrá que: 1) Descargarlo en su PC. 2) Descomprimir el archivo (para lo cual habrá de contar con WinZip, WinRAR u otro programa de similares prestaciones). 3) Abrir el documento en Word. Un proceso, me parece a mí, un tanto más engorroso que el simple hacer click en un enlace.

¿Supuso ya bastante? Bien, entonces le plantearé una pregunta: ¿cuál cree usted que hace más por usted y su obra: el Ezzín o Digitalizers-R-Us?

No necesita contestar, ya que la gente de Digitalizers-R-Us tiene la respuesta: quienes hacen más por usted y su obra son ellos. Es más: en lugar de quejarse de que se han apropiado de su cuento y le han hecho las correcciones que le han venido en gana, debería agradecerles que lo difundan y le hagan publicidad, puesto que de otra manera nadie lo leería.

Por lo menos, ésa es la visión del mundo que se manifiesta en la versión no hipotética de Digitalizers-R-Us, que en la vida real no es simple grupo de Yahoo, sino varios interconectados. Entre ellos: Biblioteca-Recargada, Librosgratis, E-librería y otros.

(Vale la pena acotar que uno de ellos, E-librería, surgió como reemplazo de E-biblioteca. Este último fue eliminado por Yahoo luego de una protesta presentada a causa de circunstancias como las que se detallan más arriba. Lo cual, por supuesto, fue un atropello, un ultraje, un atentado contra la cultura universal sólo comparable al incendio de la biblioteca de Alejandría.)

¿Cree que exagero? Ha de ser porque no conoce esos grupos. Lo invito a visitar alguno de ellos (los mensajes de Biblioteca-Recargada pueden ser leídos sin necesidad de inscribirse). Repase los mensajes del último mes y verá a sus habitantes no sólo sosteniendo las posturas ya expuestas (en más de un envío), sino también defendiendo el derecho de apropiarse de todo lo que no esté clavado, plantado o empotrado (mensaje 33231), entre otras declaraciones igual de bonitas que no le privaré del placer de descubrir por usted mismo.

No está de más señalar que, si desea tener una visión más completa, debería darse una vuelta también por el blog La voz en la maleza, de la autora leonesa Raquel Froilán García. Allí, bajo el título «Trolleando, que es gerundio», se reproducen varios intercambios que los moderadores de estas listas consideraron inoportuno no eliminar.

Eso sí, ni piense escribir a ninguna de estas listas como no sea para coincidir con sus figuras destacadas. Como comprobará a medida que avance en la lectura, estas personas son sordas a toda voz que no sea la suya propia o la de sus aduláteres. Todo disenso les llega como ruidos desarticulados que son interpretados de inmediato como una diatriba contra la alfabetización de los pobres, una justificación de la mutua masacre entre hutus y tutsies en Ruanda, o una incitación a lanzar cócteles Molotov en los hospitales de niños.

No venga luego a decirme que no le avisé.