sábado, diciembre 16, 2006

¿Por qué ustedes gente tienen que hacerme endurar esto?

Éste es un post que más de una vez quise escribir. Y más de una vez desistí de hacerlo.

Cuando contemplé cómo la llegada a la Tierra de los Superseñores transformaba a los calamares en pulpos, a la altura en superficie y a la aceleración en presión, me dije: «No vale la pena».

Cuando presencié la manera en que los lenguajes empotrados hacían que un cultivo de células se desarrollara en toda una cultura celular, pensé: «Es mucho esfuerzo».

Cuando asistí atónito al espectáculo que daba Guy Montag echando petróleo sobre una pila de libros, mientras en su casa volaban bandadas de ratones, acabé por mandarme: «No hagas escándalo».

Bien, señor, eso se acabó.

Ay, BabiloniaSe acabó cuando llegué a Fort Repose, Florida. Un pueblo apacible, en el que sin embargo se asoman oscuras nubes en el horizonte. Nadie que haya leído el más superficial comentario sobre Ay, Babilonia de Pat Frank ignorará qué forma tienen esas nubes. Sin embargo, nadie advierte al lector acerca de peligros mucho mayores que acechan tras la tapa que se reproduce a la derecha de estas líneas.

No se trata sólo de detalles, como que el Strategic Air Command lleve indistintamente las siglas CAE, CAS o S.A.C, según quién lo mente. Lo que realmente vale la pena comentar son cosas como esta cita de la página 12 (las negritas son mías):

Florence se enfrentó al espejo del tocador, preguntándose hasta qué punto abría visto el joven de su desnudez.

Ya en las páginas anteriores me había topado con elecciones curiosas de palabras y oraciones construidas de modo cuestionable. Pero esto fue sencillamente doloroso. No habría sido mucho más cruel que Florence partiera el espejo del tocador y sacara de la hoja impresa su mano, armada con una esquirla de vidrio, para abrirme un tajo en la mejilla.

Eso me sacó de mi letargo y me dispuso para la acción. Busqué papel y lapicera y comencé a tomar notas.

Ahora el señalador marca la página 46. Esas treinta y cuatro páginas engendraron dieciséis anotaciones. Luego de verificar lo que apunté, no todo resultó ser erróneo. Pero hay ciertas cosas... Ciertas cosas parecidas a ésta, de la página 14:

Se levantó, desperezó y miró la bronceada puerta del garaje. Apuntaba resueltamente hacia el noreste. Al igual que la veleta. Repasó un barómetro grande y marinero y su termómetro gemelo (...)

Ciertamente, saber hacia dónde apunta una puerta es importante; tal información permite determinar si uno será capaz de entrar o, en todo caso, salir. Claro que, en tal situación, los puntos cardinales son una referencia bastante menos útil que el propio marco de la puerta. Sobre todo teniendo en cuenta que la posición del marco no siempre es fija: por ejemplo, los de los barcos pueden mirar en cualquier dirección. Esto lo saben todos los marineros, sean barómetros o no.

Amazon nos ofrece generosamente el pasaje original en inglés, de modo que podemos saber qué se supone que dice aquí:

He rose, stretched, and glanced up at the bronze weathercock on the garage steeple. Its beak pointed resolutely northeast. He checked the large, reliable marine barometer and its twin thermometer (...)

O, según mi propia traducción:

Se puso de pie, se estiró y miró la veleta de bronce instalada sobre la cúpula de la cochera. El pico apuntaba resueltamente al nordeste. Verificó el barómetro marino, grande y confiable, y su termómetro gemelo.

Curioso, ¿verdad? El traductor cambió la veleta por una puerta; después le pareció extraño que la puerta señalara al nordeste y agregó: «Al igual que la veleta». Es una suerte que preste esa atención a los detalles.

Página 19:

Randy cambió de conversación.
—Has dicho que fuistes a ver al doctor Gunn. ¿Qué te dijo?
Sin palabras. Por lo menos sin palabras como ésta, por favor. Ya basta.

Página 21:

Se dejó caer en una hamaca y enfocó sus binoculares el acre, mucho antes de la primera inflación, condenado pájaro entre los pinos, palmas y hojas y ramas de robles.

Al leer esto, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Qué pasó acá? ¿Qué elaborada construcción sintáctica averió de tal modo la brújula del traductor?

La respuesta, en el original:

He dropped into a deck chair and focused his binoculars on Preacher Henry's place, looking for that damn bird in the hammock of pines, palmettos, and scrub oak.

Traducción:

Se dejó caer en una reposera y enfocó sus binoculares en la propiedad del predicador Henry, buscando ese condenado pájaro en la hamaca en pinos, palmas y robles.

¿De dónde salió el acre? ¿Qué es eso de la inflación? ¿Qué pasó con el predicador Henry?

Actualización 4/2/2007: Me hace notar en un comentario el lector Josep M. Fernández que, en este caso, no debería traducir hammock como «hamaca», sino más bien como «montículo» o «colina». Tiene razón. Bueno, la tiene en parte. Lo cierto es que debería haber consultado alguna referencia como, por ejemplo, el Wiktionary. Allí, bajo hammock, me encuentro con la siguiente acepción:

(Southern US) A piece of land thickly wooded, and usually covered with bushes and vines.

Es decir, que en el sur de Estados Unidos (la novela transcurre en Florida) se le llama hammock a un terreno con vegetación densa. Así que lo correcto habría sido poner algo como «bosquecillo». Gracias, Josep.


Páginas 24 y 25:

Mark estaba en el servicio de inteligencia del C.A.S., había recorrido el anticuado planeta tres veces por completo desde su casa en la bahía, de modo que lo conoció perfectamente (...)

¿Anticuado planeta? Lo primero que uno piensa al leer esto es en algún melindre del autor. Tal vez a Pat Frank le pareció una buena idea referirse a la Tierra como «el viejo planeta», «nuestro antiguo mundo» o algún giro retórico similar. En ese caso, el error de traducción sería menor.

Boy, was I wrong.

Mark, who was in SAC Intelligence, had rolled the oldfashioned globe, three feet through, from its place in the window bay, so that the desk lamp shone on it.

En una traducción con muchísimas menos licencias:

Mark, quien estaba en el servicio de inteligencia del SAC, había sacado de su sitio en la ventana el anticuado globo terráqueo, de tres pies de diámetro, de manera que la lámpara del escritorio lo iluminara.

Curiosamente, lo de «anticuado» es lo único correcto.

Página 33:

También era esposa de Luther Bubba Offenhaus, Jefe Cola Retorcida del Lion’s Club (...)

Es momento de darle al pobre traductor un respiro. El cacique sioux de la cita anterior no es tanto su culpa como del Club de Leones, en el que hay cargos tan extraños como el de «tuercerrabos» (la traducción normativa de «tail-twister»). No, no quiero saber cuál es la función de quien lleva tal título. Mejor sigamos:

Florence bajó el tenedor, ya no interesada en su gelatina de pollo.

Florence Wechek es una solterona de cuarenta y cinco años que vive sin otra compañía que la de su gato, sus peces y su parejita de inseparables (a los que la magia traductoril convierte en tórtolos). No sería extraño que una persona así tuviera alguna que otra costumbre excéntrica. Pero comer gelatina de pollo me parece demasiado.

De modo que dinos, oh Amazon, ¿qué estaba comiendo Florence?

Florence put down her fork, no longer interested in her chicken patty.

Ahí lo tiene. Supongo, amigo lector epiceno, que no necesitará que le traduzca lo que es un patty de pollo.

Página 45:

En el otro lado de la cerca que separaba la línea de vuelo, tres tripulaciones de guerra estaban practicando que lo parase. Dos lanzaban —dijo el sargento, de construcción parecida a Yogi Berra, recogía: La base era un paquete amarillo de paracaídas. La bola chirrió y golpeó vivamente en aguante.

Perdón, ¿estaban practicando qué?

(...) estaban practicando que lo parase.

Ah, eso me pareció leer. (Oiga, don Amazon, sin que nos escuche éste, dígame: ¿A qué demonios jugaban? ¿Y qué es eso del sargento y el aguante?

On the other side of the flight-fine fence, three ground-crewmen were throwing a baseball. Two were pitching, an older sergeant, built like Yogi Berra, catching. The plate was a yellow parachute pack. The ball whirred and plopped sharply into mitt.

Ya lo ve:

Del otro lado de la cerca, tres tripulantes en tierra tiraban una pelota de béisbol. Dos lanzaban; un sargento más viejo, de constitución parecida a Yogi Berra, recibía. El plato era un paquete amarillo de paracaídas. La bola silbó e impactó vivamente en el guante.

Y, ya que mencionamos a Yogi Berra: It’s like déjà vu all over again.

Efectivamente, fue un déjà vu que me dio una pista. Tal vez la clave esté en el libro que mencioné más arriba, en el que Guy Montag quema libros con petróleo en vez de utilizar el mucho más práctico, económico y fiel al original querosén. Ese libro es, por supuesto, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Los bomberos de esta edición de Plaza & Janés, cuando no están gastando un costosísimo recurso fósil en la destrucción de literatura, matan su tiempo con entretenimientos tales como el baloncesto o la «pelota base».

Por qué alguien querría traducir baseball como «pelota base» es una de esas cosas que el hombre no debería saber. Mejor dejarlo así, inexplicado, junto con esas pulsiones que llevan a algunos a reemplazar byte por «octeto». Tenga usted en cuenta, sin embargo, los siguientes datos:

«Pelota base» y «que lo parase» tienen la misma cantidad de sílabas. Las sílabas de ambas tienen, de la primera a la última, las mismas vocales. Dos de las sílabas (la segunda y la quinta) son idénticas. Las expresiones incluso riman.

¿Soy el único al que le resulta alarmante que «que lo parase» parezca ser la manera en que alguien con un toscano en cada oído podría entender «pelota base»? ¿Es que la traducción de Ay, Babilonia se hizo al dictado?

Aunque, tal vez, no debería ser tan despiadado. A fin de cuentas, ¿qué otra cosa puede esperarse de un libro editado en estas condiciones?:



De modo que ahí quedé, anclado en la 46. Estoy en el umbral de lo más jugoso de la novela; pero también tengo por delante más de trescientas páginas que nada me hace suponer que serán diferentes a las que ya he conocido. ¿Qué he de hacer? ¿Avanzo en la lectura de este clásico de la ciencia ficción, tras dar gracias a las potestades celestes porque el título no es «Hay Babilonia»? ¿O transformo las hojas en pulpa y las doy luego como alimento a algún perro que deteste? ¡Qué dilema! ¡Qué encrucijada! Oh, espíritus dolientes; oh, sempiternos gemidos, acudid en mi ayuda...

8 comentarios:

  1. Pues esta lectora epicena sí necesita que le aclaren eso del patty de pollo...
    Vaya libros que se busca usted, ¿en el fondo no será un poco masoquista?

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  2. No hay mucho que agregar, salvo que este tipo de ataque antiliterario le hizo, le hace y le hará muchísimo mal a la CF y sus literaturas asociadas.
    Más cuando ahora, con la posibilidad de publicar en Internet, la cosa se multiplica.
    Y dijo yo, más allá de las bestialidades (a las que como usted muestra no escapa ni la editorial)... la historia, ¿vale?

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  3. No me claudique Otis, quiero más muestras de ese libro. Es para un blog entero es.

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  4. El usuario anónimo soy yo. Problemas con las dos versiones de Blogger, eso es.

    Ya está, ya entendí.

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  5. Perdón, don Otis, pero ¿qué hace leyendo semejantes burradas? No sea cosa que sea contagioso y andemos diciendo luego:

    >matan su tiempo con >entretenimientos tales como el >baloncesto o la «pelota base».
    >
    >Por qué alguien querría traducir >baseball como «pelota base»

    Porque que yo sepa, baseball no es baloncesto...
    Un abrazo y siga destripando libros impiadosamente que lo disfrutamos mucho.

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  6. Yo también soy traductora, y he descubierto hace poco un programa de reconocimiento de voz que ahorra bastantes horas de tecleo. Pero el programa dista de ser perfecto (aunque aprende, cómo mola!) y, en el imprescindible repaso tras el dictado, lo normal es encontrarse pifias como las de ese libro. Uno se echa unas risas y luego corrige.
    Me temo que ese traductor ha prescindido del repaso. Resultado: bodrio infumable.

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  7. Sólo un pequeño apunte, aunque podría hacer alguno más: la hammock del original no es tanto una hamaca sino más bien una suerte montículo o pequeña colina.

    Un saludo

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  8. Supongo que el F. SESEN se refiere a Fernando Sesén, que ha traducido bastantes obras de ciencia ficción y con mejor fortuna, así que no me extrañaría algo así como lo de escribir al dictado.

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