miércoles, julio 19, 2006

Una vaca llamada Otis

La primer película de Viaje a las estrellas (titulada, curiosamente, Viaje a las estrellas: La película) significó, entre otras cosas, la única aparición en pantalla de la teniente Ilia, interpretada por la fallecida actriz india Persis Khambatta. Supongo que será también una de las pocas ocasiones en que un personaje extraterrestre lleva un nombre menos exótico y sonoro que quien lo interpreta, pero no es de eso que quiero hablar.

La cuestión es que a Ilia no le fue muy bien en la película. A menos que usted considere que perder la propia voluntad para servir de sonda a una entidad extraterrestre es algo deseable, coincidirá conmigo en que la pobre teniente no estaba teniendo un buen día. De no mucho mejor humor estaría Willard Decker, considerando que había visto el fin de su carrera como capitán del Enterprise apenas media película después de haberla comenzado, y debía conformarse con oficiar como guía turístico.

Ante una galería de imágenes del pasado (como es sabido, en Viaje a las estrellas el pasado se circunscribe al siglo XX), Willard explicaba a V’Ger, la abusiva entidad extraterrestre, a través de los ojos y oídos de Ilia: «Todas estas cosas se llaman Enterprise». Entre los tocayos de la nave se veían varios barcos, además del primer transbordador espacial de prueba construido por la NASA. (Obviamente, Decker omitió mencionar el porqué del nombre del transbordador; una paradoja temporal no es algo de lo que se pueda hablar a la ligera.)

Por supuesto, la película avanzaba luego de esta escena (muy lentamente, pero avanzaba al fin). Sin embargo, a efectos de esta entrada eso me importa tres pepinos: el tema que quiero abordar no tiene nada que ver con Viaje a las estrellas, sino con las vacas.

«¿Vacas? ¿Qué dice este trastornado», leo en sus pensamientos. No desespere. Acompáñeme unos pocos párrafos y todo quedará aclarado.

Durante cierto tiempo consideré la idea de recrear (tal vez en AnaCrónicas) la escena que he descrito. Claro que mi galería no estaría consagrada a la memoria visual del nombre Enterprise; mi intención era señalarla y decir: «Todo esto se llama Otis». Estarían Otis Redding y Groucho Marx como Otis B. Driftwood. Estarían Elijah Otis y su ascensor. Estarían el torpe asistente de Lex Luthor intepretado por Ned Beatty y estaría la modelo Carré Otis. ¿Sabía usted que hasta hay un demonio de alto rango con tal apelativo? Estaría incluso el perro de El hijo de la máscara, película que jamás me sorprenderán mirando. Habría sido el recurso máximo de la otística.

Semejante megaproyecto, semejante ensalada arbitraria y cuasi-atemática para los sentidos y el intelecto... Convertida en polvo y en humo de un solo golpe.

Así es, amigo lector epiceno. Tal emprendimiento no verá jamás la luz del día.

Porque acabo de enterarme que tendría que incluir a una vaca.

Sí, tras un largo introito hemos llegado por fin al meollo de esta entrada. Y sí, escribí «una vaca». Más precisamente, una vaca generada por computadora, protagonista de la película Barnyard, que está actualmente en producción.

Y no es que Otis sea un nombre bisexual, como René. Ha sido mi sospecha durante años que los traductores latinoamericanos llamaron René a la rana Kermit porque no podían decidir si era una rana macho o hembra. El reverso de tal situación lo tenemos en Barnyard, cuyos realizadores parecen estar convencidos que una vaca puede ser macho. No es Otis la única vaca de la película; hay otras, que llevan nombres como Eddie, Bud, Ben e Iggy. Todas ellas (¿o todos ellos?) hablan con las voces de actores masculinos.

No le pido que me crea, amigo lector epiceno; no me atrevería a solicitarle que lleve su fe a tales extremos. Simplemente vea el trailer de la película. Oiga las voces de las vacas y trate, si puede, de hacerlas casar con las ubres que todas llevan en su abdomen. Adelante, pulse play y delire conmigo.



¿Qué posible explicación puede hallarse a esto sobre la superficie de la Tierra? Leo en un artículo que la vaca Ben es el padre de Otis. Por las lunas galileanas que no lo estoy inventando; aunque usted no sepa inglés, podrá interpretar el sentido de esta cita que extraigo del artículo: «Ben is the patriarch of the barnyard and father of Otis». Debo suponer que un padre es precisamente lo que les faltó a todos los creadores de esta película, pues es obvio que nadie les explicó las diferencias entre los nenes y las nenas. O, tal vez, esto constituye una nueva escalada del lenguaje políticamente correcto: a partir de ahora será prescriptivo decir «los toros y las toras, los vacos y las vacas».

¿Cómo puede pretender alguien que haga mi galería con ese material?