miércoles, diciembre 27, 2006

«PAT», de Greg Egan

Esta entrada se refiere a una traducción. Pero no a la de Ay, Babilonia, que he estado despiezando con cierta minuciosidad (y con la que continuaré pronto). En esta ocasión me he puesto yo mismo en el sitio del traductor. He tenido la dicha de pasar al español un cuento de Greg Egan.

El título es «PAT», y forma parte de la actualización especial de fin de año de Axxón. Otros nombres notorios que aparecen junto al del australiano son: Ian Watson, Eduardo Abel Giménez, Carlos Gardini, Lino Aldani, Ana María Shua y Roberto de Souza Causo. Y, como postre, un ensayo del ilustre Pablo Capanna. Nada mal, ¿no?

Humildemente, espero haber hecho un trabajo mejor que el que ha sido ocasión de mis últimas iras aquí, en Pez Diablo. Y si no es así, tiene usted a su disposición los comentarios de esta entrada para hacérmelo notar despiadadamente.

(¿Qué hace todavía acá? ¡Vaya inmediatamente a leer! ¡Corra!)

domingo, diciembre 24, 2006

La ironía me explota en la cara

Algo está mal en el mundo. Muy, pero muy mal.

Desde hace unos días se ve en las pantallas argentinas una cómica (y larga) publicidad de la compañía de telefonía celular CTI, en la que se satirizan los infames «temas del verano». Podría describírsela, pero ¿qué sentido tendría, si puedo mostrársela? Adelante, dele al play y después seguimos hablando.



Ahora que la ha visto, adivine adivinador: ¿qué canción parece estar convirtiéndose en el tema del verano? ¿Qué ringtone escucharemos sonar los argentinos en los teléfonos celulares (incluso los de CTI)? Y, ya que estoy preguntando: ¿qué me puedo tomar para mudarme a Marte?

viernes, diciembre 22, 2006

Hay más Babilonia

Tengo dos noticias para usted, amigo lector epiceno. Una buena y una mala.

La buena es que decidí seguir adelante con la lectura de esta cosa que se hace pasar por la edición en castellano de Ay, Babilonia, de Pat Frank. Recordará usted que ya empecé a destazarla en la entrada anterior. Pues bien, aquí llega el segundo episodio, que no será el último.

La mala es que no tengo ninguna mala noticia para honrar el compromiso que adquirí en la primera oración. ¿Me aceptaría otra buena? Ahí va: ya no dependeremos de la mezquindad de Amazon para comparar la traducción con el original, pues encontré en la Web el texto íntegro en inglés de la novela. Eh, a mí no me mire, yo no lo puse ahí. Sólo lo enlazo como material de referencia, ¿eh? Recuerde que, según la M.U.A.V.C.I.A. (Made Up And Very Convenient Internet Act), usted comete una grave falta si se entera de que yo hecho algo indebido. No se preocupe, su secreto está a salvo conmigo.

Así que, ya resueltos nuestros problemas, ¡avancemos!

Apenas recomenzamos el recorrido, en la página 53 encontramos una infracción:

First National había aguantado el colapso de 1926 de la infracción de la tierra (...)

Sí, una infracción, y de la tierra nada menos. ¿O del lenguaje? Menos mal que tenemos el original para arreglar esto:

First National had weathered the collapse of the 1926 land boom (...)

¿No es maravilloso contar con la Wikipedia? Allí me entero que ésta es una referencia a un boom inmobiliario que tuvo lugar en Florida en 1926. Los especuladores compraban y vendían tierras a precios cada vez más altos, hasta que sucedió lo inevitable: la burbuja hizo pop y el boom terminó en un crash. Cuántos interesantes y onomatopéyicos conocimientos pueden derivar de una mala traducción, ¿verdad?

Sigamos por la página 55:

La gente llamaba a los Bragg «vieja familia». Bueno, también eran los menorquines vieja familia... más viejos, descendientes de isleños de un Mediterráneo que se habían instalado en la costa siglos atrás.

¡Oh, no! Ya adivino las manadas de fans (Rationalizator maximus) irrumpiendo en los comentarios de esta entrada con explicaciones como: «Te das cuentas de que es una historia de ficción, y de que Fort Repose en realidad no existe, ¿verdad? ¿Por qué no puede ser que en el universo de esta novela exista más de un Mediterráneo?». Y sería un argumento atendible, de no mediar tres circunstancias: 1) el propósito declarado de Pat Frank era describir algo que, en la época en que se escribió la novela, era posible (y temido) en la vida real, y sus referencias geográficas son consecuentes con esto; 2) es una reverenda estupidez, y 3) cuento, para perdición de todos los fans, con el texto original:

People called the Braggs “old family.” Well, so were the Minorcans old family—older, the descendants of Mediterranean islanders who had settled on the coast centuries ago.

Ahí tienen. Mediterranean islanders, bitches. «Isleños del Mediterráneo», no «de un Mediterráneo». Ahora váyanse a jugar a otra parte y dejen que yo y mi lector epiceno hablemos de cosas de adultos.

Página 65:

Es raro que un oficial y caballero igual por debajo del paralelo 38, pero no por debajo de la línia (sic) Macxon-Dicxon, era raro, pero éste no era el momento para introspección social.

Aquí el traductor se dio cuenta de que llevaba diez páginas sin cometer una metida de pata egregia y se apuró para ponerse al día con una sola oración. Los lingüistas usan un término específico para referirse a esta clase de construcciones. Las llaman: «¿Qué?».

Afortunadamente podemos recurrir al original:

It was strange that a Negro could be an officer and a gentleman and an equal below Parallel Thirty-eight, but not below the Mason-Dixon line. It was strange, but this was not the time for social introspection.

Oseáse:

Era extraño que un negro pudiera ser un oficial, un caballero y un igual debajo del paralelo treinta y ocho, pero no debajo de la línea Mason-Dixon. Era extraño, pero ése no era momento para introspección social.

Página 66:

Los lunes trabajo para el almirante Ajax. Él me guarda «Miollor Tonest», los periódicos de Washington y el «Proferigs» del instituto naval y revistas técnicas.

Ajá. Mire usted qué bien. Qué suerte que tiene el joven Malachai Henry de que el almirante Ajax (quien, curiosamente, tiene el mismo nombre que el supermercado del pueblo; el cual, sin embargo, es propiedad de alguien llamado Hernández) le guarde estas cosas. O a lo mejor no es tanta suerte; vaya usted a saber qué porquería es «Miollor Tonest». Con ese título, uno ni sabe en qué lenguaje está.

Sí sabemos, sin embargo, en qué lenguaje está el texto original:

Mondays I work for Admiral Hazzard. He saves The New York Times and the Washington papers for me and the Naval Institute Proceedings and technical magazines.

Y de repente todo se hace mucho más claro. El almirante se llama Hazzard, no Ajax; y lo que guarda es el New York Times y la revista Proceedings del Instituto Naval, además de diarios de Washington y revistas técnicas. Supongo que al «Miollor Tonest» y al «Proferigs» los tira. Es lo que yo haría.

Página 68:

Randy empezó a considerar lo poco que sabía en realidad de los fundamentos de la supervivencia. Él, dedujo, tendría nociones mucho más profundas.

¿Él? ¿Quién es «él»? Si no es Randy, la lógica nos indica que debe ser Malachai Henry, quien es la única otra persona presente en la escena. Parece tener sentido. Por lo menos, hasta que se lee la oración siguiente:

Se requería como materia importante en la educación de las esposas de miembros de la Fuerza Aérea.

Qué futuro tan liberal imagina el autor, ¿no es así? Al menos, ésa es la impresión que da hasta que leemos el original:

Randy began to consider how little he really knew of the fundamentals of survival. Helen, he guessed, would know a good deal more.

Allí tenemos la respuesta. «Él» es Helen. Helen es la esposa del hermano de Randy, quien es precisamente un coronel de la Fuerza Áerea. Ahora sí tiene sentido. Parece confirmarse mi intuición de la entrada anterior: la traducción de Ay, Babilonia fue escrita al dictado por un sordo.

Páginas 71-72:

Graf, apostado cerca del taburete de Randy, se puso en pie, el pelo hirsuto, como un cerdo afeitado (...)

Al leer esto por primera vez, lo hallé de un surrealismo abrumador. Analicémoslo: a Graf, el perro del protagonista, se le pone «el pelo hirsuto», es decir, le crecen pelos en los pelos. Es un ejercicio de fractalidad muy pocas veces visto en un Basset Hound. Está claro que se necesita un símil de manera que el lector comprenda mejor de qué se está hablando. ¿Qué otra cosa tiene pelos peludos? ¡Un cerdo afeitado, por supuesto!

Lástima que casi todo esto se desvanece en cuanto uno consulta el diccionario de la RAE. Allí encontramos que la primer acepción de hirsuto es:

adj. Dicho del pelo: Disperso y duro.

De modo que es correcto decir «pelo hirsuto». Qué lástima. Sin embargo, permítame seguir dudando de la comparación. Si vamos al original:

Graf, lying near Randy’s stool, rolled to his feet, hair bristling like a razorback pig (...)

El misterio se resuelve. Pat Frank no se refiere a un cerdo afeitado, sino a un razorback. Según pude averiguar, un razorback es un cerdo cimarrón descendiente de los primeros ejemplares porcinos que los colonos españoles llevaron a Florida, y se caracteriza precisamente por su pelambre dispersa y dura. Claro que el traductor no tenía por qué saber esto, pero ¿es necesario que exista la Wikipedia para darse cuenta de que un cerdo afeitado no tiene pelo?

Actualización 25/12: Estas cosas me pasan por tomar nota de las cosas que me llaman la atención, pero no de las que parecen normales. Ésas son las peores. En la página 14 dice:

Las hojas murmuraron en el macizo de azaleas y una larga nariz salió, seguida por una interminable extensión de perro basset.

Sin embargo, hoy vi que el original dice (el énfasis es mío):

Leaves rustled under the azalea bed and a long nose came out, followed by an interminable length of dachshund.

Pobre Graf. No sólo le cambian el nombre en casi todo el libro, llamándolo «Graff», con dos F en lugar de una (la cita de más arriba es una de las pocas excepciones), sino también la raza. De modo que arriba, donde dice «muy pocas veces visto en un Basset Hound», debe leerse «muy pocas veces visto en un dachshund, por más que lo confundan con un Basset Hound». Gracias, señor traductor, ahora tendré que re-imaginar todas las escenas en que aparece el perrito. Espero que esté satisfecho.


Página 73:

—No es nada urgente, ni terriblemente importante. Es sólo que estaba efectuando el circuito de placebo... y me dejé caer para ver a la madre de Elizabeth.
—¿El circuito de qué? —preguntó Lib. Randy había oído a Dan emplear la frase, antes.
—Circuito de placebo, o circuito icosomático. (...)

Aquí habría correspondido que Lib volviera a preguntar: «¿Circuito qué?» Y el doctor Gunn no habría tenido otra opción, para hacerse entender de una vez por todas, que expresarse en un lenguaje que domina:

“Placebo, or psychosomatic circuit (...)”

Me imagino que el traductor es un escéptico que no cree en el psi.

Página 75:

Su madre tiene diabetis.

Traducción: el doctor Dan Gunn es la abuela de alguien. Quién lo habría dicho, un hombre tan joven.

En la misma página dice:

—Quiere que la reorganice porque porque dice que usted habla de abandonarla —dijo Dan.

Bueno, si la señora quiere que su médico la reorganice, será cuestión de reorganizarla, ¿no? A menos que:

Dan said, “She wants me to get her oranise because she says you’re talking about leaving her.”

Ah, ah, un momento. Lo que quiere es que le consiga oranise. El oranise es, en la ficción de la novela, una droga experimental para el tratamiento de la diabetes. Otra confirmación de mis sospechas de problemas de oído. Tal vez el doctor Gunn tenga algo para eso.

Página 81:

Creí que era un periquito de Carolina. El periquito de Carolina es, o era, nuestro pájaro nacional.

Usted se preguntará: «¿Qué tiene esto de raro?». Bien, lo que tiene de raro es esto:

I thought he was a Carolina parakeet. You know, the Carolina parakeet is, or was, our only native parrot.

Traducción:

Creí que era un periquito de Carolina. Ya sabe, el periquito de Carolina es, o era, nuestro único loro nativo.

Si usted, amigo lector epiceno, cree que «pájaro nacional» es lo mismo que «loro nativo», hay un traductor con el que creo que hará muy buenas migas. Se lo presentaré a condición de que abandone mi blog de inmediato.

¿Ya se fue? Bien, sigamos por la página 82:

Seleccionó un tarro de extracto de buey inglés (...)

¡Ajá! Ahí lo agarré. Créalo o no, «extracto de buey» es una traducción correcta de «beef tea». Es un producto hecho a base de carne vacuna que se disuelve en agua caliente y se toma como té. Aún hoy es comercializado por Unilever bajo la marca Bovril. Sí, yo estoy tan sorprendido como usted.

Vamos a la página 83:

Rebuscó por entre el cajón, apartando viejos documentos legales, fajos abstractos de cartas, un paquete de dinero confederado (...)

Este... Original, original:

He rummaged through the chest, rearranging old legal documents, abstracts, bundles of letters, a packet of Confederate currency (...)

¡Oh, magnífica coma! ¡Oh, todopoderosa coma! ¡Sarmiento, el maestro y el burro dan testimonio de tu grandeza! Pues vemos en la traducción que:

Rebuscó en el cofre, reacomodando viejos documentos legales, resúmenes, fajos de cartas, un paquete de dinero confederado (...)

Más tarde, en la página 88:

¡Luces! ¿Qué pasaría si las luces se apagaban? Varias cajas de bolas, dos antiguas lámparas de petróleo y tres linternas (...)

No se ría. ¿Por qué está tan seguro? ¿Cómo sabe que el tipo no tiene alguna clase de bola luminosa? Vamos a ver el original:

Lights! What would happen if the lights went out? Several boxes of candles, two old-fashioned kerosene lamps, and three flashlights (...)

Sí, tenía razón: «boxes of candles» es «cajas de velas». Bueno, de todas maneras no se ría. Puede salirle un hijo así. Y observe que éste es tan derrochón como los bomberos de que hablaba en la entrada anterior, los que usan petróleo en vez de querosén.

Página 89:

No era necesario que partiese hacia el puerto de Orlando hasta las dos de la mañana.

Póngase la mano sobre el corazón, amigo lector epiceno, y responda con franqueza: ¿usted iría a un puerto a esperar un avión? Menos mal que el autor entendía la sutil diferencia:

It was not necessary that he leave for the Orlando airport until two A.M.

Era un aeropuerto. ¿Ve? Bien sencillo.

Y hasta aquí llegamos hoy. Bocados pequeños y medidos; no es cuestión de tragar todo de golpe e indigestarse. Tenga paciencia, que no se va a quedar con hambre.

sábado, diciembre 16, 2006

¿Por qué ustedes gente tienen que hacerme endurar esto?

Éste es un post que más de una vez quise escribir. Y más de una vez desistí de hacerlo.

Cuando contemplé cómo la llegada a la Tierra de los Superseñores transformaba a los calamares en pulpos, a la altura en superficie y a la aceleración en presión, me dije: «No vale la pena».

Cuando presencié la manera en que los lenguajes empotrados hacían que un cultivo de células se desarrollara en toda una cultura celular, pensé: «Es mucho esfuerzo».

Cuando asistí atónito al espectáculo que daba Guy Montag echando petróleo sobre una pila de libros, mientras en su casa volaban bandadas de ratones, acabé por mandarme: «No hagas escándalo».

Bien, señor, eso se acabó.

Ay, BabiloniaSe acabó cuando llegué a Fort Repose, Florida. Un pueblo apacible, en el que sin embargo se asoman oscuras nubes en el horizonte. Nadie que haya leído el más superficial comentario sobre Ay, Babilonia de Pat Frank ignorará qué forma tienen esas nubes. Sin embargo, nadie advierte al lector acerca de peligros mucho mayores que acechan tras la tapa que se reproduce a la derecha de estas líneas.

No se trata sólo de detalles, como que el Strategic Air Command lleve indistintamente las siglas CAE, CAS o S.A.C, según quién lo mente. Lo que realmente vale la pena comentar son cosas como esta cita de la página 12 (las negritas son mías):

Florence se enfrentó al espejo del tocador, preguntándose hasta qué punto abría visto el joven de su desnudez.

Ya en las páginas anteriores me había topado con elecciones curiosas de palabras y oraciones construidas de modo cuestionable. Pero esto fue sencillamente doloroso. No habría sido mucho más cruel que Florence partiera el espejo del tocador y sacara de la hoja impresa su mano, armada con una esquirla de vidrio, para abrirme un tajo en la mejilla.

Eso me sacó de mi letargo y me dispuso para la acción. Busqué papel y lapicera y comencé a tomar notas.

Ahora el señalador marca la página 46. Esas treinta y cuatro páginas engendraron dieciséis anotaciones. Luego de verificar lo que apunté, no todo resultó ser erróneo. Pero hay ciertas cosas... Ciertas cosas parecidas a ésta, de la página 14:

Se levantó, desperezó y miró la bronceada puerta del garaje. Apuntaba resueltamente hacia el noreste. Al igual que la veleta. Repasó un barómetro grande y marinero y su termómetro gemelo (...)

Ciertamente, saber hacia dónde apunta una puerta es importante; tal información permite determinar si uno será capaz de entrar o, en todo caso, salir. Claro que, en tal situación, los puntos cardinales son una referencia bastante menos útil que el propio marco de la puerta. Sobre todo teniendo en cuenta que la posición del marco no siempre es fija: por ejemplo, los de los barcos pueden mirar en cualquier dirección. Esto lo saben todos los marineros, sean barómetros o no.

Amazon nos ofrece generosamente el pasaje original en inglés, de modo que podemos saber qué se supone que dice aquí:

He rose, stretched, and glanced up at the bronze weathercock on the garage steeple. Its beak pointed resolutely northeast. He checked the large, reliable marine barometer and its twin thermometer (...)

O, según mi propia traducción:

Se puso de pie, se estiró y miró la veleta de bronce instalada sobre la cúpula de la cochera. El pico apuntaba resueltamente al nordeste. Verificó el barómetro marino, grande y confiable, y su termómetro gemelo.

Curioso, ¿verdad? El traductor cambió la veleta por una puerta; después le pareció extraño que la puerta señalara al nordeste y agregó: «Al igual que la veleta». Es una suerte que preste esa atención a los detalles.

Página 19:

Randy cambió de conversación.
—Has dicho que fuistes a ver al doctor Gunn. ¿Qué te dijo?
Sin palabras. Por lo menos sin palabras como ésta, por favor. Ya basta.

Página 21:

Se dejó caer en una hamaca y enfocó sus binoculares el acre, mucho antes de la primera inflación, condenado pájaro entre los pinos, palmas y hojas y ramas de robles.

Al leer esto, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Qué pasó acá? ¿Qué elaborada construcción sintáctica averió de tal modo la brújula del traductor?

La respuesta, en el original:

He dropped into a deck chair and focused his binoculars on Preacher Henry's place, looking for that damn bird in the hammock of pines, palmettos, and scrub oak.

Traducción:

Se dejó caer en una reposera y enfocó sus binoculares en la propiedad del predicador Henry, buscando ese condenado pájaro en la hamaca en pinos, palmas y robles.

¿De dónde salió el acre? ¿Qué es eso de la inflación? ¿Qué pasó con el predicador Henry?

Actualización 4/2/2007: Me hace notar en un comentario el lector Josep M. Fernández que, en este caso, no debería traducir hammock como «hamaca», sino más bien como «montículo» o «colina». Tiene razón. Bueno, la tiene en parte. Lo cierto es que debería haber consultado alguna referencia como, por ejemplo, el Wiktionary. Allí, bajo hammock, me encuentro con la siguiente acepción:

(Southern US) A piece of land thickly wooded, and usually covered with bushes and vines.

Es decir, que en el sur de Estados Unidos (la novela transcurre en Florida) se le llama hammock a un terreno con vegetación densa. Así que lo correcto habría sido poner algo como «bosquecillo». Gracias, Josep.


Páginas 24 y 25:

Mark estaba en el servicio de inteligencia del C.A.S., había recorrido el anticuado planeta tres veces por completo desde su casa en la bahía, de modo que lo conoció perfectamente (...)

¿Anticuado planeta? Lo primero que uno piensa al leer esto es en algún melindre del autor. Tal vez a Pat Frank le pareció una buena idea referirse a la Tierra como «el viejo planeta», «nuestro antiguo mundo» o algún giro retórico similar. En ese caso, el error de traducción sería menor.

Boy, was I wrong.

Mark, who was in SAC Intelligence, had rolled the oldfashioned globe, three feet through, from its place in the window bay, so that the desk lamp shone on it.

En una traducción con muchísimas menos licencias:

Mark, quien estaba en el servicio de inteligencia del SAC, había sacado de su sitio en la ventana el anticuado globo terráqueo, de tres pies de diámetro, de manera que la lámpara del escritorio lo iluminara.

Curiosamente, lo de «anticuado» es lo único correcto.

Página 33:

También era esposa de Luther Bubba Offenhaus, Jefe Cola Retorcida del Lion’s Club (...)

Es momento de darle al pobre traductor un respiro. El cacique sioux de la cita anterior no es tanto su culpa como del Club de Leones, en el que hay cargos tan extraños como el de «tuercerrabos» (la traducción normativa de «tail-twister»). No, no quiero saber cuál es la función de quien lleva tal título. Mejor sigamos:

Florence bajó el tenedor, ya no interesada en su gelatina de pollo.

Florence Wechek es una solterona de cuarenta y cinco años que vive sin otra compañía que la de su gato, sus peces y su parejita de inseparables (a los que la magia traductoril convierte en tórtolos). No sería extraño que una persona así tuviera alguna que otra costumbre excéntrica. Pero comer gelatina de pollo me parece demasiado.

De modo que dinos, oh Amazon, ¿qué estaba comiendo Florence?

Florence put down her fork, no longer interested in her chicken patty.

Ahí lo tiene. Supongo, amigo lector epiceno, que no necesitará que le traduzca lo que es un patty de pollo.

Página 45:

En el otro lado de la cerca que separaba la línea de vuelo, tres tripulaciones de guerra estaban practicando que lo parase. Dos lanzaban —dijo el sargento, de construcción parecida a Yogi Berra, recogía: La base era un paquete amarillo de paracaídas. La bola chirrió y golpeó vivamente en aguante.

Perdón, ¿estaban practicando qué?

(...) estaban practicando que lo parase.

Ah, eso me pareció leer. (Oiga, don Amazon, sin que nos escuche éste, dígame: ¿A qué demonios jugaban? ¿Y qué es eso del sargento y el aguante?

On the other side of the flight-fine fence, three ground-crewmen were throwing a baseball. Two were pitching, an older sergeant, built like Yogi Berra, catching. The plate was a yellow parachute pack. The ball whirred and plopped sharply into mitt.

Ya lo ve:

Del otro lado de la cerca, tres tripulantes en tierra tiraban una pelota de béisbol. Dos lanzaban; un sargento más viejo, de constitución parecida a Yogi Berra, recibía. El plato era un paquete amarillo de paracaídas. La bola silbó e impactó vivamente en el guante.

Y, ya que mencionamos a Yogi Berra: It’s like déjà vu all over again.

Efectivamente, fue un déjà vu que me dio una pista. Tal vez la clave esté en el libro que mencioné más arriba, en el que Guy Montag quema libros con petróleo en vez de utilizar el mucho más práctico, económico y fiel al original querosén. Ese libro es, por supuesto, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Los bomberos de esta edición de Plaza & Janés, cuando no están gastando un costosísimo recurso fósil en la destrucción de literatura, matan su tiempo con entretenimientos tales como el baloncesto o la «pelota base».

Por qué alguien querría traducir baseball como «pelota base» es una de esas cosas que el hombre no debería saber. Mejor dejarlo así, inexplicado, junto con esas pulsiones que llevan a algunos a reemplazar byte por «octeto». Tenga usted en cuenta, sin embargo, los siguientes datos:

«Pelota base» y «que lo parase» tienen la misma cantidad de sílabas. Las sílabas de ambas tienen, de la primera a la última, las mismas vocales. Dos de las sílabas (la segunda y la quinta) son idénticas. Las expresiones incluso riman.

¿Soy el único al que le resulta alarmante que «que lo parase» parezca ser la manera en que alguien con un toscano en cada oído podría entender «pelota base»? ¿Es que la traducción de Ay, Babilonia se hizo al dictado?

Aunque, tal vez, no debería ser tan despiadado. A fin de cuentas, ¿qué otra cosa puede esperarse de un libro editado en estas condiciones?:



De modo que ahí quedé, anclado en la 46. Estoy en el umbral de lo más jugoso de la novela; pero también tengo por delante más de trescientas páginas que nada me hace suponer que serán diferentes a las que ya he conocido. ¿Qué he de hacer? ¿Avanzo en la lectura de este clásico de la ciencia ficción, tras dar gracias a las potestades celestes porque el título no es «Hay Babilonia»? ¿O transformo las hojas en pulpa y las doy luego como alimento a algún perro que deteste? ¡Qué dilema! ¡Qué encrucijada! Oh, espíritus dolientes; oh, sempiternos gemidos, acudid en mi ayuda...

miércoles, diciembre 13, 2006

Cero coma Verizon

No suelo incluir aquí material ajeno, pero no podía dejar de contar la historia real de George. Es una historia que, en términos sencillos, puede resumirse del siguiente modo:

George vive en Estados Unidos.

George tiene tarifa plana de telefonía celular (no de Internet inalámbrica, como yo había interpretado incorrectamente y puesto aquí en una versión anterior de este post) en la empresa Verizon.

Hace poco, George tuvo que pasar un tiempo en Canadá, de modo que llamó al servicio de atención al cliente de Verizon y preguntó cuál era el costo desde allí. La respuesta fue que, para transferencia de datos, la tarifa era de 0,002 centavos de dólar por kilobyte.

O sea, dos centavos de dólar por megabyte.

¿Le parece demasiado barato? George pensó lo mismo. De modo que pidió confirmación. Y la confirmación llegó de inmediato: «Sí, señor, son cero coma cero cero dos centavos por kilobyte».

Con esa confirmación, George fue a Canadá y usó su conexión.

Al tiempo, George volvió de Canadá.

Y al volver, se encontró con una factura que le comunicaba que tenía con Verizon una deuda de más de setenta dólares en concepto de transferencia de datos mientras estuvo en Canadá.

No, George no había cruzado la frontera para descargar un DVD a su celular fuera del alcance de la MPAA. Su transferencia se limitó a unos razonables treinta y cinco megabytes.

Los cuales le estaban cobrando a razón de 0,002 dólares por kilobyte.

O sea: cien veces el precio que lo que habían cotizado originalmente.

¿Qué haría usted si estuviera en el lugar de George? Bien, George fue bastante más educado. Lo que él hizo fue tomar el teléfono y volver a llamar al servicio de atención al cliente de Verizon.

Ahora bien: usted pensaría, y yo estaría de acuerdo, que a George le resultaría trivial comunicar su dilema. Después de todo, es una noción que debería estar al alcance de cualquiera que haya pasado por la primaria sin tropezarse con todos los bancos. Y, muy probablemente, George pensó lo mismo.

George se equivocó. Espantosamente.

Después de cuarenta y cinco minutos al teléfono y dos cambios de interlocutor, a George se le ocurrió empezar a grabar la conversación. Y lo que grabó, traducido con su anuencia, es lo que sigue:

[en espera en el servicio de atención al cliente de Verizon]

Trent (Verizon): Hola... Sí, ¿George?

George: Sí.

T: Te pido disculpas por hacerte esperar. Tengo a Mike en línea. Él es mi supervisor aquí y, este, él se ocupará de ti a partir de ahora, ¿okey?

G: Gracias.

T: Muy bien.

Mike (Verizon): Gracias, Trent. Buenas noches, George, ¿cómo le va?

G: Genial, excepto que ya llevo dos llamadas y cuarenta y cinco minutos tratando de resolver esto.

M: Okey, bien, veamos qué tenemos aquí. Le pido disculpas por, este, por que haya tenido que llamar tantas veces. Veamos, humm, parece que está cuestionando unos kilobytes que usó mientras estuvo en Canadá.

G: Bien, déjeme empezar con una pregunta básica.

M: Okey.

G: ¿Se da cuenta de que hay una diferencia entre “cero coma cero cero dos dólares” y “cero coma cero cero dos centavos”?

[pausa]

M: ¿Cero coma cero cero dos dólares?

G: ¿Se da cuenta de que hay...?

M: ... y cero coma cero cero dos centavos.

G: Sí, ¿se da cuenta de que hay una diferencia entre estos dos números?

[pausa]

M: No.

G: Okey, ¿hay diferencia entre dos dólares y dos centavos?

M: Bueno, sí, señor...

G: Bien, ¿hay...? ¿Hay diferencia entre 0,002 dólares y 0,002 centavos?

M: 0,002 dólares y 0,002 centavos.

G: Sí, ¿hay diferencia entre...?

M: Señor, señor, son... Son la misma cosa, si usted, si lo ve en papel...

G: No... no son lo mismo. ¿Es... es lo mismo 0,5 dólares que 0,5 centavos?

M: ¿0,5 dólares...?

G: Es medio dólar.

M: Eso sería... Eso sería cincuenta centavos.

G: Medio dólar... ¿es lo mismo que medio centavo?

M: No.

G: Bien.

M: Okey.

G: Así que, claramente, dos milésimas de dólar, que es su tarifa de aire como ahora entiendo, digo, su tarifa por kilobyte en Canadá, es de dos milésimas de dólar. Pero dos milésimas de dólar es distinto de dos milésimas de centavo. Lo que me cotizaron fue cero coma cero cero dos centavos. Eso es dos milésimas de centavo por kilobyte.

M: Mmhm, okey...

G: Se lo pregunté específicamente a la representante. Le pregunté: “¿Está diciendo 0,002 dólares o 0,002 centavos?”, porque yo... yo me doy cuenta de que hay una diferencia. Igual que hay una diferencia entre medio dólar y medio centavo.

M: Okey.

G: Hay una diferencia entre 0,002 dólares y 0,002 centavos. Su tarifa en Canadá es de 0,002 centavos.

M: Correcto.

G: Digo, es cero coma, coma... Bueno, eso no es verdad, son 0,002 dólares. Usted me sigue diciendo que son 0,002 centavos cuando en realidad son 0,002 dólares por kilobyte. Así que, si ustedes quieren cobrarme 0,002 centavos, estaré feliz de pagar la factura; el problema es que me están cobrando 0,002 dólares por kilobyte.

M: Okey, si usted toma... okey... ¿Tiene calculadora?

G: Sí, tengo.

M: Okey, ponga esto: 71,79.

G: Sí.

M: Y divídalo por, este, 35.893, y le tiene que dar 0,002.

G: Sí, ¿y en qué unidad estaría eso? ¿Dólares o centavos?

M: Bueno, eso es por kilobyte.

G: Correcto. ¿Y son dólares o centavos por kilobyte?

M: Bueno, déjeme mirarlo.

[pasa el tiempo...]

M: Espéreme un segundo...

[pasa el tiempo...]

M: [farfulla algo sobre Canadá]

[pasa el tiempo...]

G: Para que quede claro, lo que me cotizaron antes de ir a Canadá... Llamé porque tengo un plan ilimitado en Estados Unidos y pensé que pagaría más cuando fuera a Canadá.

M: Correcto.

G: Lo que me cotizaron fue 0,002 centavos. Esa parece la que ustedes creen que es la tarifa, que es de 0,002 centavos. Desafortunadamente, su sistema informático me cobró 0,002 dólares por kilobit, digo, kilobyte, así que estoy diciendo que la confusión está del lado de ustedes, y el primer representante con que hablé, y el segundo representante con que hablé, y usted también, dicen que 0,002 dólares son 0,002 centavos. Eso es una diferencia de cien a uno, igual que un dólar es cien veces más que un centavo.

[pasa el tiempo...]

M: Okey... estoy viendo los precios... Okey... para datos... La cobertura en Canadá es de 0,002 centavos por kilobyte.

G: ¿Puede repetirlo?

M: Son 0,002 centavos por kilobyte.

G: 0,002 centavos por kilobyte. Me está diciendo de nuevo que su precio es de 0,002 centavos por kilobyte.

M: Correcto.

G: Okey, ahora por favor pase mis 35.893 kilobytes a dólares.

M: Okey, si tiene 0,002...

G: Centavos, recuerde, centavos...

M: ... multiplicado por 35.896. 71 dólares y 79...

G: No, serían 71 centavos, porque empezó con una tarifa en centavos y la multiplicó por los kilobytes, así que serían 71 centavos. Le diré cuál es el problema, es que ustedes, ustedes... La primer persona con que hablé antes de usar mi conexión...

M: Mmhmm.

G: ... hasta llegar a usted, todos me dicen 0,002 dólares por kilobyte como si fueran 0,002 centavos por kilobyte, y no son lo mismo, y yo pensé que ustedes sabían hacer cuentas. No quiero ofender a nadie, pero pensé que conocían la diferencia entre 0,002 centavos y 0,002 dólares. Y parece que sigue habiendo confusión sobre eso. 0,002 dólares son dos milésimas de dólar, o dos décimas de centavo, lo que es muy distinto de dos milésimas de centavo. Es una diferencia de cien a uno. [pausa] Le daré un ejemplo: si usted vendiera su auto y yo dijera que le daré veinte mil dólares, y apareciera con veinte mil centavos, no estamos hablando el mismo lenguaje. Si usted me dice 0,002 centavos, eso no es lo mismo que 0,002 dólares. Así que cuando multiplica 0,002 por 35.893, el resultado es 71 centavos. Usted no hizo el pasaje de centavos a dólares, lo que sería... tendría que... este, dividir por cien, y así le da 0,71 dólares: 71 centavos. Yo entiendo, aunque parece que tal vez usted no, que la tarifa es, según entiendo ahora, de 0,002 dólares por kilobyte. Pero eso no fue lo que me cotizaron, y no fue así como usé mi conexión porque pensé que era... que era mucho más barato que lo que resultó ser, porque me dieron mal el precio.

M: Mmhmm.

G: Tampoco tengo una referencia. La persona con que hablé antes me dijo que yo tenía que tener una referencia porque conozco las tarifas de Estados Unidos. Pero no las conozco, porque tengo un plan ilimitado. Nunca tuve que preocuparme por cuáles son las tarifas de Estados Unidos.

M: Mmhmm.

G: Así que todo se trata de que me dieron mal el precio, y es difícil... sería, sería... En esa ocasión, pensé que podía haber alguna confusión, así que le pregunté a la representante de atención al cliente, “¿Puede anotar eso, que usted me cotizó 0,002 centavos?”

M: Mmhm.

G: Y eso hizo.

M: Bien, eso veo... Veo que no sólo uno, sino que varios representantes pusieron eso.

G: Correcto. Así que yo... yo espero, parece que usted todavía no puede ver cuál es el problema, pero...

M: Bueno, señor, hace dos años que trabajo aquí, y he sido supervisor casi un año y medio.

G: Okey...

M: ¿Okey? Humm, vea, estoy teniendo en cuenta lo que... lo que está documentado aquí, en el sistema.

G: Correcto... Entonces, puede decirme, si, si la tarifa es como me cotizaron, de 0,002 centavos por min... por kilobyte, y usé 35.893 kilobytes, ¿cuánto tendrían que cobrarme?

M: Por, por... ¿Por cómo se calcula? Setenta y un dólares y setenta y nueve centavos.

G: Hizo mal la cuenta, eso es lo que le estoy diciendo... Saque la calculadora.

M: Yo... tengo la calculadora frente a mí, señor. Si pongo 0,002 y lo multiplico por treinta y cinco mil novecientos...

G: Pero, ¡espere! Pero, pero... Aquí está la clave... Ya sé, aquí está la clave: ¿Qué representa ese 0,002? ¿Centavos o dólares?

M: Centavos, señor.

G: Okey, 0,002 centavos...

M: Así que, básicamente, usted está pagando... está pagando dos décimas de centavo [pausa] por kilobyte. Si quiere verlo así.

G: ¿Dos décimas? Espere, espere... Dos décimas de centavo...

M: Mmhm.

G: ... serían 0,2 centavos. Ustedes me cotizaron 0,002 centavos. ¿Ve lo que le estoy diciendo? [pausa] Dos décimas de centavo...

M: Mmhm.

G: ... serían cero coma dos centavos. Ustedes me cotizaron 0,002 centavos.

M: Eso es correcto.

G: Hay una diferencia entre 0,2 centavos y 0,002 centavos. Es una diferencia de cien a uno. Así que, ¿cuál es la tarifa real?

M: 0,002, señor.

G: ¿0,002 qué?

M: ¡Centavos por kilobyte!

[pausa]

G: Acaba de decirme que son 0,2 centavos y después me dijo que son 0,002 centavos. Son dos números totalmente diferentes. Es una diferencia de cien a uno. Decirle a alguien 0,002 centavos por kilobyte no es lo mismo que decirle 0,002 dólares por kilobyte. Yo... yo no sé qué más decirle. La cuenta... la cuenta de la factura está bien si son 0,002 dólares por kilobyte. A mí me cotizaron 0,002 centavos.

M: George, espere un segundo, ¿okey?

G: Claro.

[en espera por 2 minutos y 35 segundos]

Andrea (Verizon): Habla Andrea, la gerenta de piso. ¿Cómo puedo ayudarlo?

G: Hola, este, creo que tenemos un problema de terminología y matemática, y es... Para mí es algo básico, pero creo que tenemos un problema con los números.

A: Okey.

G: Resumiendo, antes de ir a Canadá me cotizaron... me cotizaron 0,002 centavos por kilobyte.

A: Okey.

G: Y, le digo, no tengo una referencia de cuánto cobran por la transferencia de datos porque en Estados Unidos tengo un plan ilimitado, así que no... Alguien ha... me había mencionado que yo tenía que saber cuál era el precio por lo que pago en Estados Unidos, pero pago... Tengo uso ilimitado, así que no sé. Lo que me cotizaron fue 0,002 centavos por minuto... eso me dijeron. Mi factura refleja 0,002 dólares por minuto.

A: ¿Qué quiere decir con 0,002 dólares?

G: [gran suspiro] Okey, creo que tengo que hacerlo de nuevo. ¿Se da cuenta de que hay una diferencia entre un dólar y un centavo?

A: Definitivamente.

G: ¿Se da cuenta de que hay una diferencia entre medio dólar y medio centavo?

A: Definitivamente.

G: Entonces, ¿se da cuenta de que hay una diferencia entre 0,002 dólares y 0,002 centavos?

A: No.

G: ¿No?

A: Quiero decir... 0,002 dólares no existe.

G: Claro que sí... es dos...

A: Existe 0,002 centavos que es lo que a usted le cotizaron, y es lo que veo que usted... que usted pagó, o mejor dicho, está pagando por kilobyte de transferencia.

G: Okey. [suspiro] Yo no... No sé de qué otra manera decir esto... 0,002 dólares es lo mismo que 0,2 centavos.

A: Okey. Bueno, ¿usted cómo...? ¿Cómo serían 0,002 dólares?

G: Es cero coma...

A: Obviamente, un dólar es “uno coma cero cero”, ¿verdad? Así que, ¿cómo serían “cero coma cero cero dos dólares”?

G: No sé...

A: Nunca oí hablar de 0,002 dólares. 0,002 dólares, eso no...

G: Esto es... Estamos hablando de matemática... Esto...

A: ... no es un centavo completo.

G: Correcto. Y...

A: Okey.

G: Correcto. Y 0,002 centavos tampoco es un centavo completo. Lo que estoy diciendo es que 0,002 dólares, si hace la cuenta, es 0,00002 centavos. Es una diferencia de uno a cien. Hay cien centavos en un dólar.

A: Pero a usted le cotizaron 0,002 centavos, no 0,002 dólares.

G: Eso es correcto, pero lo que me están cobrando...

A: Okey, entonces tome 0,002 centavos como 0,002.

G: ¿Dólares?

A: No, centavos... 0,002.

G: [a un amigo] Tienes que oír esto.

G: 0,002...

A: Ajá.

G: ... centavos, dos milésimas de centavo. Le estoy enseñando matemática.

A: [risas] Y yo... quiero decir, estoy tratando de entender lo que me dice, pero no...

G: Aquí está... Déjeme... Déjeme ir al grano...

A: Lamento que usted, hum, ya haya hablado con varias personas distintas...

G: Déjeme ir al grano... Bien...

A: ... y todas le han explicado que le estamos cobrando 0,002 centavos, y que si usted toma...

G: No me están cobrando...

A: ... y lo pone en su calculadora... va a ver que...

G: No, no es así, yo puedo...

A: Nunca dijimos que le cobraríamos 0,00002 centavos.

G: Correcto, dijeron que me iban a cobrar 0,002 centavos por kilobyte, y estaría feliz de pagar eso. Ahora, ¿por qué no saca su calculadora?

A: 0,002 centavos, sí.

G: Ponga 0,002 centavos, y hablamos de centavos, ¿correcto?

A: Correcto. 0,002, y si lo multiplicamos por la cantidad de kilobytes que usted usó...

G: 35.893.

A: ... 35.893, resulta que usted pagó, 71,79 dólares.

G: Centavos. Nunca hizo la conversión de centavos a dólares.

A: Porque estamos hablando de centavos. Multiplicamos la cantidad de centavos por la cantidad de kilobytes que usted usó...

G: Okey, ya sabe, ok...

A: ... no dólares, nadie dijo nada de dólares.

G: Déjeme empezar de nuevo. Digamos, hipotéticamente, que su tarifa es de un centavo por kilobyte. ¿Correcto?

A: Un centavo, eso sería 0,01.

G: Correcto. 0,01 en la calculadora. Bien. Así, si fuera un centavo por kilobyte, y yo usara cien kilobytes, ¿cuál sería el costo? Multiplica 0,01...

A: Ajá...

G: ... por cien. Y el resultado es 1.

A: Correcto.

G: ¿Correcto? Eso es un dólar.

A: Correcto.

G: Eso sería si fuera un centavo por kilobyte. Pero ustedes me dicen, ustedes me dicen que la tarifa no es de un centavo, es de 0,002 centavos.

A: Correcto. [pausa] Eso es menos de un centavo.

G: 0,002 centavos, si... Si usted, si usted... en, en matemática pura, es la única manera de expresar esto, 0,002 centavos son dos milésimas de centavo.

A: Okey.

G: ¿Correcto?

A: Así que es menos de un centavo, ¿verdad?

G: Es mucho menos de un centavo.

A: Okey.

G: Tenemos dos milésimas de centavo. Así que empecemos con dos centavos, igual que empezamos con un centavo.

A: Okey, ¿por qué estamos usando dos centavos? Necesitamos usar 0,002 centavos.

G: [gran suspiro]

A: Creo que lo que quiero decir es que le cotizamos 0,002 centavos.

G: Es correcto.

A: Si lo escribe, es cero coma cero cero dos...

G: No, no es así... Es lo que le estoy diciendo.

A: ... así que todo lo que tenemos que hacer con la calculadora es poner decimal cero cero dos y multiplicarlo por la cantidad de kilobytes que usted...

G: Aquí es donde... Aquí es donde se equivocan. Yo, yo no sé cómo hacerlo más claro. Probemos esto. Escriba un centavo. ¿Cómo escribe un centavo?

A: Cero coma cero uno.

G: ¿Cómo escribe medio centavo?

A: Ehhh, eso sería cero coma cero cero cinco centavo.

G: Okey.

A: [risas] No sé, no soy matemática. Todo lo que le digo es lo que puedo decirle con la calculadora...

G: Sí...

A: ... y si tomamos 0,002 como le han dicho todas las personas con que usted habló...

G: ... sí, pero...

A... y como nuestro sistema le factura, es correcto.

G: Pero ustedes dijeron 0,002 centavos. Escríbalo en un papel. Tiene 0,002 centavos, no dólares. 0,002 centavos...

A: Correcto.

G: ... multiplicado por mis 35.893. Es un número, pero sigue estando en centavos. Si ustedes me hubieran cotizado 0,002 dólares, que representa dos décimas de centavo por kilobyte, todo estaría bien. Pero no me cotizaron dos décimas de centavo, me cotizaron dos milésimas de centavo. Me cotizaron 0,002 centavos. Es un problema de terminología. Ustedes están cotizando 0,002 dólares como si fueran centavos, sólo porque hay decimales.

A: No estamos cotizando 0,002 dólares, estamos cotizando 0,002 centavos.

G: Oh, Dios... En serio...

A: Quiero decir, la computadora calcula la cifra...

G: Ya sé, es... es un asunto de terminología...

A: ... y nosotros calculamos la cifra, y a todos nos da lo mismo, excepto a usted.

G: 0,002 centavos es distinto de 0,002 dólares. Me están cobrando 0,002 dólares por kilobyte. 0,002 dólares es una décima de... Digo, dos décimas de centavo.

A: Okey, bien, obviamente es una diferencia de opinión...

G: ¡No es una opinión! Esto es... esto es...

A: La cantidad que le estamos cobrando por transferencia de datos es totalmente correcta.

G: [exasperado] Oh, Dios... Okey, sabe qué, voy a postear esta grabación en mi blog y...

A: Si eso es lo que quiere hacer, está bien.

G: Eso es lo que voy a hacer, y, y entonces todos ustedes en Verizon podrán aprender matemática, y aprenderán a hacerlo correctamente. La tarifa, como ahora lo entiendo, y según mi factura, que ahora, después de que hice el uso, es de 0,002 dólares por kilobyte. Sólo para que lo sepa. Si fueran centavos, tendrían que cotizarlo como dos décimas de centavo, o 0,2 centavos.

A: Bien.

G: Sería como... Otro ejemplo: medio metro es muy distinto de medio centímetro. Medio centímetro de escribe “0,5 cm”. Medio metro es “0,5 m”. Son dos cosas muy distintas. No se puede escribir que 0,002 m es igual a 0,002 cm. Hay una diferencia de cien a uno. Lo que me cotizaron fue una tarifa por centavo, no por dólar. Digo, una tarifa en centavos, no en dólares. Si me hubieran cotizado 0,002 dólares, no habría problema, pero me cotizaron 0,002 centavos. Me cotizaron fracciones de centavo.

A: Okey, bien, lo único que puedo decir es que hubo un mal entendido entre...

G: Fue un malentendido, pero yo hice la diligencia de preguntar cuál era la tarifa real, y cuando me dijo que eran 0,002 centavos pregunté “¿Está segura? ¿Lo puede anotar en mi cuenta?”, y eso hizo. Como 0,002 centavos. Pero el problema es que ustedes ni siquiera se dan cuenta de que hay una diferencia entre 0,002 cuando hablan de dólares y 0,002 cuando hablan de centavos. Yo asumí que serían 0,002 centavos, porque eso fue lo que me dijeron. Pero en mi factura está calculado como 0,002 dólares, o dos décimas de centavo por kilobyte, lo que es diferente de dos milésimas de centavo por kilobyte.

A: Okey.

G: Es una diferencia de cien a uno. Mi, mi factura, según lo que ustedes me cotizaron, debería ser de 71 centavos, no de 71 dólares.

A: Okey. Bueno, de nuevo, no hay... No podremos hacerle ningún ajuste a la factura porque es correcta, y le pido disculpas si hubo... obviamente una mala comunicación o un mal entendido cuando se lo explicamos.

G: Okey. ¿Hay algún superior suyo con el que pueda hablar? Porque...

A: No, yo soy la gerenta de piso, así que...

G: ... porque esto no es adecuado. Un ejemplo que le di al representante anterior sería, si yo dijera que le daré veinte mil dólares por su auto, y apareciera con veinte mil centavos. Es... es importante si dice 0,002 dólares o 0,002 centavos.

A: Okey.

G: Desafortunadamente, parece que nuestro sistema educativo está creando una ambigüedad entre 0,002 dólares y 0,002 centavos, pero son muy distintos.

A: Okey.

G: Así que me cotizaron una tarifa diferente a la que me cobraron y parece que no quieren hacerse responsables por eso.

A: Okey, bueno, si usted quiere contactar la oficina corporativa, puede hacerlo en nuestro sitio web...

G: Puedo...

A: Hay un enlace bajo “Soporte” donde puede enviar un email directamente a la oficina corporativa y solicitar que entren en contacto con usted.

G: Yo... estoy ahí ahora. ¿Puede esperarme mientras lo encuentro?

A: Claro.

G: Soporte... No lo veo, ¿dónde debería verlo? ¿Bajo “Contáctenos”?

A: Hum, un segundo. [tipeando]

A: Okey, sí, tiene que ir a “Contáctenos”. Le pedirá que indique si es cliente o no.

G: Hum hmm...

A: Una vez que lo indique, le dará un formulario que dice “envíe un email”. Ingrese allí toda su información...

G: No lo veo. Ya estoy logueado en mi cuenta, ¿ése es el problema?

A: ¿Está haciendo click en “Contáctenos” arriba de todo, en azul?

G: Hum...

A: Debería permitirle llegar aunque esté logueado.

G: “Contáctenos”.

A: Arriba de todo, donde dice “Home, Mapa del sitio”.

G: Sí, así que hago click ahí.

A: Okey.

G: “Envíenos un email — ¿Qué tipo de cliente de Verizon?”.

A: Sí, exactamente.

G: ¿”Recibo un resumen mensual”?

A: Haga click en “Sí” y después está el formulario de email que tiene que completar.

G: Okey, muy bien. ¿Cuál era su nombre?

A: Andrea.

G: Andrea, ¿hay alguna manera de que pueda ponerme en contacto con usted si hace falta?

A: Puedo darle mi línea directa.

G: Okey, genial.

A: Es 888 581 1070, extensión xxxx.

G: Bien, gracias.

A: Gracias a usted.

G: Adiós.

A: Adiós.

G: [click] Payasos.


Afortunadamente, parece que George ya resolvió su problema. No se merece otra cosa. Esas lecciones de matemática elemental para adultos bien valen setenta dólares.

Nota: el bloguero no se hace responsable de rotura de paredes y/o muebles con traumatismo de cráneo concomitante que pudiera haber resultado de la lectura de este post.

lunes, diciembre 11, 2006

Nadie pensó en las consecuencias

Seguramente supo la noticia en su momento: hace pocos meses, la Estrella de la Unión Astronómica Internacional se acercó arteramente a Plutón y, con su láser semántico, lo eliminó de la lista oficial de planetas del Sistema Solar.

Tal evento, por supuesto, fue ocasión para que los astrónomos discutieran acaloradamente y para que los medios masivos volvieran a dar muestra del desinterés y la ignorancia que cuidadosamente cultivan sobre tales asuntos. Pero ni unos ni otros consideraron las catastróficas consecuencias que tal acto podría acarrear a largo plazo. Tuve que venir yo y escribir «Desactualizado», una exploración ficcional de las posibles ramificaciones de ese accionar apenas meditado; una auténtica advertencia a las generaciones futuras sobre los resultados del uso irresponsable del poder de la redefinición. Vaya y léalo. Después me cuenta.

Y ya que va por ahí, puede aprovechar y leerse también los otros dieciocho cuentos de este especial gigante de Ficción Breve que Axxón nos ofrece para fin de año. Casi catorce mil palabras de diecinueve autores distintos, que no son más que un aperitivo para lo que vendrá. Lea, disfrute... y deje lugar, que lo mejor está aún por venir.