martes, enero 23, 2007

San Tosríos, el patrono de la realidad

La última vez que me referí al inefable Santosríos, prometí que la siguiente entrada estaría dedicada a algo más digno de atención. Y así fue. Esa siguiente entrada no se ocupó, sin embargo, del tema que había puesto como ejemplo: El señor de la luz, de Roger Zelazny. No hice referencia a la revolución místico-socialista de Sam, alias príncipe Siddharta, alias Sujetador de Demonios, alias Tathagatha, alias Mahasamatman, alias Buddha, alias el Iluminado, alias...

No, de lo que hablé es esa ocasión fue, curiosamente, de la influencia de los astros.

De la influencia auténtica de los astros; no la que depende de fuerzas caprichosas e indetectables, ni del verdadero prodigio de la matemática inexacta. No la que se basa en la interpretación arbitraria de una división arbitraria del cielo en un número arbitrario de porciones arbitrariamente iguales, nominadas arbitrariamente según la agrupación arbitraria de estrellas que ocupaba cada una de ellas en un momento arbitrario de la historia.

No, la influencia a la que me referí es esa fascinación que ejercen el universo y sus fuerzas sobre nosotros, criaturas atadas a la Tierra. La fascinación de pensar que la Tierra es un astro más, sujeto a las mismas reglas. La fascinación por el cosmos que tiene como aliado al conocimiento, no a la ignorancia.

Pero mi promesa quedó cumplida a pesar de todo, por lo que me permito volver por tercera y última vez sobre quien ya hablé; uno de ésos que pretenden que todo aquel cúmulo de arbitrariedades conforma una especie de ley natural.

En la anterior entrada dedicada al tal personaje, un comentarista comentó:

Eso debe ser alguna tendencia medible y estudiable en ellos, debe ser que a falta de tener algo para meter en sus inexistentes curriculums de charlatan apuntan los km como si eso tuviese un valor... bueno tiene el valor de los km recorridos timando a la gente y haciendo el idiota :P

Actualización: Soy humano, soy falible. La cita anterior es válida, pero la que yo quería poner era esta otra:

Estos charlatanes son una risa. Cuando tienen que mostrar su currículum en lugar de enrostrarnos sus aciertos dan datos del tipo: leí 150 libros, le dedique 10.000 horas a la astrología o participé de tantos programas de televisión.

Esto me dio en qué meditar. Y esta meditación me llevó a comprender por qué Santosríos me recriminó que yo dijera que su defensa de la astrología se basa en tres puntos. En realidad, se basa en, al menos, cuatro. Yo había enumerado, y vuelvo a hacerlo, los siguientes criterios:
  • La astrología es un saber antiguo.
  • Hay millones de personas que creen en la astrología.
  • Negar la astrología es «atentar contra las creencias o los intereses» de esos millones de personas.
E, injustamente, olvidé mencionar el cuarto:
  • La astrología ha sido estudiada en profundidad por Santosríos.
Lamentablemente, este cuarto criterio tiene el mismo defecto de los anteriores: no nos dice nada sobre la validez de la astrología. Santosríos podría haberle destinado diez veces más horas y leer cien veces más libros, pero eso sólo nos hablaría de su dedicación al tema, no del tema mismo. E, igualmente, los teólogos dedicaron millares de horas y de páginas al estudio de la religión católica, lo cual, al igual que ya vimos que sucedía con los tres argumentos originales, no le impide a Santosríos rechazarla in toto y hasta llamar «fascista» a la iglesia.

Y hay aún un quinto argumento, que pasé por alto por completo: la celebridad. Arguye Santosríos que grandes científicos se dedicaron a la astrología: Brahe, Kepler, Newton... En muchos casos, esto es cierto. Pero esto, por sí mismo, tampoco le da validez a la astrología. No aceptamos las leyes de las órbitas planetarias porque quienes las formularon fueron famosos. Al contrario, las aceptamos porque son coherentes con lo que se observa. Es esto lo que dio fama a sus descubridores, no a la inversa.

Y, en caso de que Santosríos quiera discutir esto último, no haría mal en recordar que muchos de aquellos mismos sabios también eran profundamente religiosos y se dedicaron tanto a a la teología como a la ciencia. Si el mero peso del nombre de Kepler autoriza a dar por cierta la mancia de los astros, el mismo efecto debería tener en las consideraciones religiosas.

Al menos, eso pensaba yo.

Sí. Estas nuevas reflexiones me han hecho cambiar de parecer.

Ya tenemos la que parece ser una lista completa de los Cinco Criterios Santofluviales de validez epistemológica. Para conservar la simetría, modificaré levemente el orden y los enumeraré de esta manera:
  • Edad
  • Cantidad
  • Sensibilidad
  • Celebridad
  • Dedicación
De estos cinco criterios, solamente cuatro tiene la religión en común con la astrología, a saber:
  1. Son antiguas;
  2. son creídas por muchas personas que
  3. se sienten muy afectadas cuando se niega su creencia, y
  4. fueron cultivadas por científicos y pensadores ilustres.
He aquí, por fin, el punto de desequilibrio. Vemos definitivamente por qué no hay contradicción, por qué no hay incongruencia en abrazar la astrología mientras se desdeña el catolicismo. Este último falla en el quinto y crucial criterio:

No fue estudiado por Santosríos.

¡Aleluya, hermano! Al fin de esta larga y laboriosa exégesis, la verdad se revela ante nuestros ojos y vemos a Santosríos en toda su gloria de sumo Arbiter Realitatis, el que con su munificente mirada otorga peso gnoseológico a los saberes.

¡Y le reprochábamos que hablase desde la ignorancia! ¿Cómo no iba a hacerlo, si lo que Santosríos ignora no puede ser?

¿Cómo no iba a inventarse los hechos, si los hechos no son tales sino en virtud de la atención que Santosríos se digne dispensarles?

Él dicta que los agujeros negros no están demostrados, y quien afirme lo contrario es víctima de los perversos científicos, amos de las ilusiones.

Él afirma que Randi y Ratzinger son aliados, y ése es un hecho evidente por cuanto es él quien lo pronuncia; dudarlo sería como dudar que el cielo es azul.

Él decreta que los escépticos no critican a la iglesia, y toda prueba en contrario yace en un limbo platónico mientras él no decida iluminarla con su mirada; sus autores son fantasmas insustanciales toda vez que él no los conoce.

En siglos pretéritos no había procesos formales de canonización; los santos se determinaban por aclamación popular. Siguiendo esa tradición, aclamo, por la sola fuerza del número (soy uno, y el uno es el primero de los números) a San Tosríos, patrono de la realidad.

Y si no le gusta ser un santo a la usanza de la religión occidental, eso tiene fácil arreglo: en un instante lo vuelvo a proclamar Tosríos-San, una deidad completa, con Su Aspecto y Sus Atributos. Tosríos-San, alias El Que Guarda Las Llaves De La Existencia, alias El Dictaminador, alias El Que No Necesita Saber.

¡Salve, Sancti Flumine, Gratia Pleno! ¡Salve, Arbiter Realitatis! ¡Salve, Umbilicus Mundi!

Hago votos, pues, de no volver a usar Su Nombre en vano; y como no puedo estar seguro de cuándo es el caso, sencillamente no volveré a referirme a él en este blog.

Hermano epiceno, puedes marchar en paz.

4 comentarios:

  1. Amen.Ya se sabe los ignorantes somos nosotros ... debimos aprender astrología en la escuela y no perder el tiempo con cosas falsas que enseñan ahora.

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  2. El tercer párrafo, sobre la arbitrariedad, es sencillamente su-bli-me. Esa frase la voy a hacer mía en más de una sesión se cañas...

    Gracias por regalarnos la mente con estas cosillas.

    Saludos.

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  3. Enhorabuena Diplotti!!! Dejando de lado que la entrada es la mar de divertida...

    A día de hoy, de escribir este comentario... Si escribes Santos Ríos (o "santos rios", da igual) en Google, la entrada ¡Santos ríos, Batman! aparece en tercer&cuarto lugar, según donde se mire. XoDDD El cachondeo es máximo si escribes santosríos, porque aparece la entrada Santosríos "responde" en primer lugar y el blog en segundo. Es un poco chungo si escribes santosrios, sin acento, porque ya se ocupa el puesto 12-13º, asi a ojo, pero no pasa nada, porque Google ya te rectifica que quiso decir Santos rios XoDDDD

    Enchufado! Como se nota que el Monesvol le ha tocado con su tallarinesco apéndice. Ya en serio, supuse que por si acaso antes no se había dado cuenta, a lo mejor le interesaría o gustaría saber esto... XDD

    Enga, un cordial saludo!

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  4. Pues yo tengo que protestar. Me acaba de llegar un pequeño troll al blog justo desde esta entrada. Diplotti, si sus ingeniosos articulos enfadan a los crédulos, lo justo es que apechugue usted con ellos, que no luego se desquiten conmigo. He dicho.
    Bueno, no. No era justo que te quedaras con toda la diversión. ;-)

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