viernes, abril 13, 2007

Hasta luego, Mr. Vonnegut

A los que aún no nacieron; a todos los inocentes hacecillos indistiguibles de la nada: ¡cuidado con la vida!

Yo la contraje. Caí enfermo de vida. Era un hacecillo indistiguible de la nada y de repente se abrió una pequeña mirilla. Luz y sonido entraron a raudales. Las voces empezaron a describirme a mí y al miedo que me rodeaba. Lo que decían era inapelable. Dijeron que era un muchacho llamado Rudolph Waltz y se acabó. Dijeron que corría el año de 1932 y se acabó. Dijeron que estaba en Midland City, Ohio, y se acabó.

No callaron nunca. Año tras año amontonaron detalle sobre detalle. Todavía siguen. ¿Saben lo que dicen ahora? Que estamos en 1982 y que tengo cincuenta años.

Pamplinas.

Esto es el inicio de Buena puntería, una gran novela de Kurt Vonnegut. Con cierta vergüenza reconozco que es el único Vonnegut en que invertido a la fecha. Claramente, he cometido una injusticia: alguien que escribe de esta manera no merece no ser leído. Hago votos de reparar esta falta en cuanto tenga ocasión. Y si usted, amigo lector epiceno, no conoce a Vonnegut, debería hacer un voto similar.

(Es un pequeño alivio de mi culpa comprobar que el traductor, si bien hace un trabajo muchísimo más digno que otro que he comentado aquí, comete también una pequeña traición apenas comenzado el texto. Pues encuentro que en alguna ocasión, Vonnegut aconsejó: «No use puntos y coma. Son travestis hermafroditas que no representan absolutamente nada. Sólo sirven para demostrar que uno fue a la facultad».)

Lamentablemente, Kurt Vonnegut ya no escribirá más cosas indignas de no ser leídas. Su mirilla se cerró hace un par de días, el miércoles 11 de abril.

Hasta luego, Mr. Vonnegut. Hasta que nos volvamos a encontrar en alguna librería.

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