sábado, noviembre 10, 2007

¿Cuanto más lejos, mejor?

Hagamos un trato, amigo lector epiceno.

Los comentarios de esta entrada están abiertos; es libre de escribir en ellos lo que guste. Nada será suprimido, como no sea algo manifiestamente off-topic, un spam desvergonzado, un copy-paste kilométrico o todas las anteriores. Sí, ésa es la política habitual en Pez Diablo, pero esta vez le voy a pedir algo a cambio: por favor, lea antes la entrada. Léala en su totalidad, reflexione unos instantes sobre lo que dice, repase cualquier párrafo que le haya dejado dudas. Entonces sí: comente cuanto le plazca. ¿Le parece razonable?

Sería conveniente también que acordáramos de antemano qué asuntos tienen relevancia para el tema de la entrada y cuáles no la tienen. A saber, son relevantes: la física, la química, la biología, la matemática, la ingeniería. Si bien haré uso de conceptos (elementales) de algunos de estos campos, no soy experto en ninguno de ellos, de modo que, si cometo algún error, agradeceré ser corregido.

Por otra parte, no son relevantes: mi estilo de escritura, mi elección de vocabulario, mi uso de la puntuación, la plantilla de este blog, los colores de este blog, el nombre de este blog, el servidor en que este blog está alojado, la regularidad con que lo actualizo, qué otros temas he tratado en él, en qué trabajo, dónde trabajo, para quién trabajo, cuánto gano, dónde estudié, qué estudié, a quién voté en las últimas elecciones, mis preferencias de lectura, mis creencias religiosas o falta de ellas, mi historia clínica, el tamaño y composición de familia, mi ropa, mi higiene personal, mi corte de pelo, mi cara.

Estas listas no son completas; no pretenden agotar las posibilidades, sino sólo definir categorías. En resumen: si tiene intenciones de refutar lo que aquí digo, sírvase hablar de ello, no de mí.

Aún si decide pasar por alto esta petición y acusarme de algo, por el amor de Rachnou, sea original. Si todo que se le ocurre es que soy un cipayo a sueldo de las multinacionales o un tonto útil, no se moleste: no me causará otra cosa más que bostezos. Y, en todo caso, tenga la decencia de sustentar cualquier acusación que haga. Si alguien me está pagando, especifique quién me paga, cuánto, en qué moneda y, sobre todo, dónde puedo ir para reclamar lo que me deben, ya que hasta ahora no he visto un solo centavo.

Estas condiciones, por supuesto, no son vinculantes. La posibilidad de dejar comentarios no se cierra a nadie. Pero si decide ignorarlas, aténgase a las consecuencias y no venga después a llorar porque la gente se ríe de usted y le tira maníes.

¿Por qué este largo exordio? Porque en esta entrada me propongo enfrentar un tema que despierta grandes pasiones: la telefonía celular y los supuestos efectos sobre la salud de sus emisiones.

¡Eh! ¿Dónde va? ¿No habíamos acordado que leería todo el texto antes de comentar? ¡Si no sabe qué voy a decir! ¿Piensa pegarme una noticia que habla de un estudio que demuestra que las microondas son nocivas? Puede ahorrarse la fatiga dactilar, pues no diré aquí lo contrario. No lo haré, por tres razones: 1) Ya lo ha hecho otra gente con más preparación y mejores argumentos; 2) sería meterme en camisa de once varas, pues, por definición, quien afirma que tales radiaciones son peligrosas sabe más que quien dice que no, y 3) para los efectos de la presente entrada, daré por sentado que son dañinas. Así es: asumiré la hipótesis de su nocividad y veré adónde lleva.

Los teléfonos y sus radiaciones

Será oportuno empezar repasando algunos conceptos básicos de telefonía celular. Para eso contaremos con ayuda. Le presento al señor Lego.



Como usted puede ver, el señor Lego tiene un teléfono celular, y con él quiere llamar a su novia para invitarla a tomar un helado. ¿Cómo sucederá eso? El señor Lego no sabe muy bien cómo funciona su celular (después de todo, es un lego), pero tiene cierta idea de que es más o menos como un walkie-talkie. Un walkie-talkie bastante más sofisticado de lo normal, claro está: para empezar, con él se puede hablar y escuchar al mismo tiempo. También permite contactarse con otro teléfono específico. Pero la principal diferencia entre un walkie-talkie corriente y un teléfono celular es que con éste último la comunicación no es directa, sino que utiliza intermediarios. Aquí es donde entran las estaciones base.



El celular del señor Lego se comunica con la estación base más cercana. En otro sitio, otra estación base establece contacto con el celular de su novia, la señorita Playmobil. Ambas estaciones están conectadas a una central que canaliza y coordina la comunación. Y así, el señor Lego puede oír cómo su novia le dice: «Hoy no, estoy muy ocupada. Dejémoslo para otro día, ¿sí?».

Hasta aquí, todo bien. Sin embargo, parece haber un problema. La comunicación entre el teléfono y la estación base se establece mediante radiofrecuencias que suelen estar en la banda de las microondas, y hay personas a las que le preocupa que la presencia de microondas en el ambiente pueda acarrear graves riesgos para la salud. (Como anuncié, no discutiré aquí si tales riesgos son reales o no: sencillamente asumiré que existen.) Y algunas de esas personas no sólo se preocupan, sino que además ponen manos a la obra y exigen soluciones a las autoridades. ¿Qué soluciones? Básicamente, que las antenas se alejen.

Bien, puesto que hipotetizar no cuesta nada, hipoteticemos: ¿Qué pasaría si alejáramos la antena (es decir, la estación base) del señor Lego? Sabrá usted, amigo lector epiceno, que las ondas de radio, cualquiera sea su frecuencia, se debilitan con la distancia. Por lo tanto, si nos limitamos a alejar la antena, ¿qué es lo que sucede?



Así es: el señor Lego se queda sin cobertura. No puede llamar a su novia, y ella luego le reprochará que se olvidó de su cumpleaños. Todo mal.

Para impedir esta catástrofe sentimental, será necesario aumentar la potencia de emisión de la estación base para que su señal alcance el celular del señor Lego con la misma intensidad que antes. Y entonces, ¿qué es lo que sucede?



Exacto: el señor Lego recibe la misma cantidad de radiación que antes. Si las microondas son peligrosas, el peligro no ha disminuido para él.

Y esto no es todo. Supongamos que la nueva separación entre el señor Lego y la estación base es diez veces mayor que la anterior. ¿Cuánto será necesario aumentar la potencia de emisión? ¿Diez veces? Suena intuitivo, y aún esto sería problemático, pero no es así. Las ondas de radio se debilitan según el cuadrado de la distancia, y la potencia se debe elevar en la misma proporción. Si las ondas deben recorrer el doble, para que lleguen a destino en las mismas condiciones que antes la potencia ha de multiplicarse por cuatro (dos al cuadrado). Si la distancia es el triple, la potencia deberá ser nueve veces mayor (tres al cuadrado). ¿Y si la distancia aumenta diez veces? Pues la potencia se multiplicará por diez al cuadrado, es decir, debe ser cien veces mayor. En consecuencia, cualquiera que viva en las cercanías del nuevo emplazamiento de la torre queda expuesto a una cantidad de radiación a la que antes no estaba expuesto nadie.

¿Qué es lo que se ha solucionado alejando la antena?

Y aún nos estamos olvidando de algo: la comunicación es bidireccional. No basta que la señal de la estación llegue al celular; además, la señal del celular debe llegar a la estación. Esto implica aumentar también la potencia de emisión del teléfono, en la misma proporción que la de la torre.


En estas condiciones, el celular se quedará sin baterías apenas el pobre señor Lego alcance a decir «hola». Aunque, claro está, tal vez no pueda hablar mucho más que eso antes de que se le hierva el cerebro.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

Varias formas de cáncer están entre los males que se atribuyen a la radiación de los teléfonos celulares. Huelga decir que ésta es una enfermedad muy grave, y preocuparse por ella es una inquietud perfectamente legítima. Sin embargo, como acabamos de ver, la solución propuesta implica instaurar un estado de cosas en que los focos de radiación sospechosa deben aumentar sus emisiones. Y no pasemos por alto el hecho, en absoluto irrelevante, de que uno de esos focos va pegado a la cabeza de un ser humano. La solución de alejar las antenas es inútil si el riesgo no existe; pero si el riesgo es real, es contraproducente.

Pero, ¿y entonces? ¿Hay algo que se pueda hacer?

Si las microondas son perniciosas, la única solución definitiva sería desmantelar toda la infraestructura y usar los celulares sólo para jugar al Tetris. Dudo mucho, sin embargo, que esta suerte de abstinence only cellphone education vaya a ganar muchos adeptos.

La alternativa, pues, sería acercar las antenas.

Sí, acercarlas. Una red celular más densa requeriría emisiones de menor entidad. ¿Qué tal si hubiera, por ejemplo, una estación base por manzana? En ese caso, las señales no necesitarían viajar más allá de cincuenta o cien metros. En virtud de la ley de la inversa del cuadrado que hemos visto antes, cubrir un radio de cien metros requiere cien veces menos potencia que cubrir uno de un kilómetro. Tampoco las antenas necesitarían ser tan grandes, por lo que incluso el impacto visual se vería disminuido. En lugar de grandes y antiestéticas torres, las estaciones quedarían reducidas, digamos, a una caja en cada esquina. (No soy ingeniero, por lo que desconozco si esto último es técnicamente viable; se trata sólo de una especulación.)

No soy ingenuo; sé que aún en este escenario no faltarían quienes denunciaran la proximidad de estas «cajas de la muerte», exigiendo que se las llevaran lejos. Hasta sería posible que iniciaran una campaña de SMS. Pero esto ya está en terreno de la psicología, y excede el alcance de esta entrada.

Pero no todas las medidas requieren la poco probable cooperación de las compañías; algunas pueden tomarse individualmente de manera sencilla. Hemos visto que, si estas emisiones son verdaderamente nocivas, el mayor peligro no proviene de las antenas, sino de los propios teléfonos. Por lo tanto, si a usted lo preocupan estos asuntos, tal vez debería considerar el uso de auriculares. No son costosos (ciertamente cuestan bastante menos que un teléfono, y en algunos casos vienen incluidos en el mismo paquete), y reducen enormemente la exposición. Volvemos a la ley de la inversa del cuadrado: por un cerebro que está a treinta centímetros de un celular pasa hasta cien veces menos radiación que por uno que está a tres centímetros.

Listo. Esto es todo lo que tenía que decir. Ahora es cuando usted me acusa de haberme vendido a Telefónica. Por qué querría venderme a la empresa que inspiró la entrada anterior, o que en un par de días empezará a cobrar las consultas de saldo, es algo que se me escapa; pero estoy seguro de que ya se le ocurrirá algo.

17 comentarios:

  1. Muy buena la nota, la voy a linkear desde El Club de la Razón.
    Aunque ahora las torres de celulares hacen un daño concreto: Desvalorizan las propiedades vecinas. Esto sucede porque la gente cree que hacen mal, y con eso basta. Otros alegan "contaminación visual" y por eso desvalorizan las propiedades cercanas. En Pinamar, muchas antenas estan "camufladas" como pinos, asi nadie se queja.
    Es muy dificil luchar contra el analfabetismo científico, por eso te felicito por el intento.

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  2. Muy bueno el post. Me lo copio para utilizarlo de forma didáctica.

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  3. ¿Y por qué limitar a una por cuadra las antenas? ¿Por qué no hacer que cada baldoza de la ciudad sea una microantena? ¿Y si le ponemos cable al celular, lo dejamos en casa y listo?

    Más allá del delirio, lo suyo es cada vez más magistral don Otis. Ante tanta lógica contundente y sentido común es difícil sostener cualquier argumento boluddita.
    Ojalá yo pudiera lograr algo así para convencer a la gente de que ser vegetariano es antinatural.
    En fin, es la envidia, qué se le va a hacer.

    Ya voy a poner un link a esta entrada, se lo merece.

    Un abrazo y nos veremos alguna vez, supongo.

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  4. Excelente entrada.

    Eso que comenta Sebastián de las antenas disfrazadas de árboles quisieron hacerlo en Culiacán (noroeste de México) pero los pillaron y los vecinos exigieron que quitaran la antena. Donde sí les funcionó fue en Querétaro (centro de México). Tengo la foto.

    ¡Saludos!

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  5. Simplemente genial, ademas desde una optica que incluso el mas recalcitrante anti antenas deberia plantearse lo burro que es.

    Dejando a un lado si son malas o no (creo que no pero bueno), muy acertada la explicacion con el señor lego, a mas distancia, mas pontencia necesaria para la antena y para el movil, y ya vemos que pasa con la distancia y la necesidad de potencia.

    Se lo voy a recomendar a mas de uno, gente que encima son de ciencias y deberian saber un poquito de estas cosas y no ir soltando tonterias.

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  6. La campaña contra las "cajas" en las esquinas (no ibas muy desencaminado, es una de las formas discretas de las picoantenas) ya existe e incluso cuenta con aguerridos voluntarios que recorren las calles con medidores de señal en sus manos (o escondidos, como se recomienda en su manual de campaña):

    http://www.avaate.org/article.php3?id_article=18

    Fdo: El anónimo a.k.a razones ;-) (que sigue vivo a pesar de las microondas)

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  7. Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

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  8. Acabo de borrar un comentario de Pablo Fernández por cumplir una de las condiciones para su eliminación: un copy-paste desproporcionado. Reproduzco aquí la parte original del comentario para dejar constancia:


    Sinceramente no se de que va el tema. No se si es para informar o para asustar… las antenas no provocan daño y mucho menos los celulares .le contestare no desde la retórica sino con un articulo muy didáctico y mucho mas cómico que el suyo de un español que esta sacado de un espacio que hacen de la real divulgación su bandera y en donde las cosas se explican desde la ciencia no desde las suposiciones como esa de que”… no si se producen daño pero por las dudas considero que si...” que ud tanto usa … El espacio es ARP : SOCIEDAD PARA EL AVANCE DEL PENSAMIENTO CRÍTICO, ARP ES LA PÁGINA DE LOS RACIONALES ESPAÑOLES.
    Si realmente no provocan daño no habria ninguna justificacion para hacer lo que Ud dice que hay que hacer lo que hay que hacer es informar a la gente o sea a su Lego que no provocan daño o sea hacer real educacion y cada vez que se intente confundir con teorias ridiculas tomarse el tiempo como estoy haciendo yo para explicar el espectroelectromagnetico y hacer callar a los charlatananes con evidencias ( no digo que como el rey a chavez pero mas o menos)
    Poco científico por cierto su articulo de estilo ecologista mistico … aqui va el articulo y espero que si después de leerlo le saltan dudas yo con gusto le enviare la información que lo sustenta...
    Dr Pablo Fernandez.Medico Veterinario Bariloche Patagonia argentina...

    Este articulo es de mi colega en la divulgacion el español Mauricio José Schwarz que hace un tiempo debido a la controversia me ha dado permiso para ser uso y abuso de el..
    El artículo empieza así...



    A continuación estaba reproducido en su totalidad el artículo de Mauricio-José Schwarz «¿Tu teléfono te está dejando impotente?», al que ciertamente recomiendo, al igual que todo el blog. El doctor Fernández, pese a mi advertencia al comienzo de mi entrada, pegó un texto excesivamente largo, cuando podría haberlo enlazado. Pese a mis súplicas, parece no haber leído la entrada en su totalidad antes de dejar su comentario, y si la leyó, no da muestras de haberla entendido (¿estilo ecologista místico? ¿dónde?). Tampoco advirtió que el blog de Mauricio-José Schwarz es uno de los enlazados en la barra lateral.

    Curiosamente, yo había pensado que la primer persona que llegara aquí con tal actitud sería alguno de los devotos de las iglesias anti-antenistas.

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  9. Creo que es interesante todo tipo de debate en estos temas, la salud es lo primero. Pero cuidado con simplificar las cosas. A quien está cerca de la antena noche y día le afectará más que si la antena se aleja y le aumenta la radiación que sufre al usar el móvil de vez en cuando. A más antenas, más gente radiada por la alta potencia de una antena durante más tiempo, pero menor la radiación del movil y la que emite cada antena. Por lo tanto, la clave según mi criterio, es establecer un equilibrio minimizando la radiación total que sufrimos.

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  10. También se puede mencionar que a partir de cierta distancia, la antena deja de tener influencia independientemente de la potencia, por el simple hecho de que vivimos sobre una superficie curva.

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  11. bueno aqui voy ,antes que nada y como debe de ser Felicito a el autor de este blog , esta excelente lo lei de pe a pa , incluso los comentarios , aca en mi ciudad natal (Cortazar, Guanajuato, Mexico) , por razones que desconozco se estan empezando a presentar varios casos de Esclerosis Multiple y ya escuche a un doctor decir que vieran que habia de nuevo en la ciudad que pudo ocasionar estos casos, y claro la gente ya esta apuntando a que las antenas de telefonia celular son las culpables, tenemos antenas de Telefonica, Telmex, Nextel y otras particulares, pero hasta la fecha no son mas que chismes de calle que esperemos se aclaren antes de que empecemos a culpar a las antenas forradas de palmeritas. saludos a todos feliz año

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  12. La energía ionizante en las cercanías de una antena es notable, aún si se trata de una emisión de baja potencia. Una forma de comprobar que la energía liberada por el transmisor llega, a través de su línea de trasmisión (cable coaxil, etc.) a la antena y es irradiada por ésta, es acercando un tubo fluorescente quemado. El tubo se encenderá ya que, a pesar de no estar conectado a la red, el campo ionizante hará que su recubrimiento interno fluorescente se ilumine. Sin embargo, al alejarse unos metros de la antena (la distancia dependerá de la potencia emitida) la fluorescencia desaparece inmediatamente. De todos modos, ya un tanto mas lejos, y pesar de no detectarse la presencia del campo con este medio rudimentario, el mismo sigue pesente ¿cómo escucharíamos si no, una emisión de AM a 200 m , 2 Km o incluso 200 km de su orígen si se trata de una emisora de mediana potencia? Por otro lado se puede proponer el siguiente experimento mental o real. Una emisión de audio pública (por ej. en una plaza). Si bien se trata de ondas mecánicas en lugar de electromagnéticas, participan de las mismas propiedades en cuanto a la naturaleza ondulatoria de la emisión. La señal acústica se percibe sin ser nociva tanto en la cercanía del parlante como a una o dos cuadras. ¿Significa que podríamos situarnos a unos pocos cm del parlante (la fuente de emisión) sin sufrir ninguna anomalía en nuetro sistema de audición?. Por otro lado la nocividad de la radiación electromagnética no esta asociada tanto a su intensidad como sí a su frecuencia es decir el n° de vibraciones por segundo que caracteriza a la radiación. A mayor frecuencia mayor energía, de modo que a partir de dos emisiones de igual potencia la de mayor frecuencia poseerá mucha mayor energía que la otra y ésta es la cuestión. Una emisión de AM ocurre a una frecuencia alrededor de 1 MHz , mientras que los celulares trabajan alrededor de 1 GHz es decir 1000 MHz .
    Cordialmente
    Juan Carlos (capital)

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  13. Me gustó mucho este artículo, especialmente lo de los legos lo deja bastante en claro (los legos son especial para los lelos). Creo que voy a redactar algo y subirlo a internet bastándome bastante en este artículo. Si bien lo del cuadrado de la distancia, lo de que más lejos-más potencia y todo eso lo tenía claro. Aunque me pareció demasiado extenso.

    Juan Carlos: Una parte de lo que decís está bien (más frecuencia, más energía). Pero tené en cuenta que la luz visible tiene mayor frecuencia todavía 384 THz (100 mil veces más grande).

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  14. Es interesante comprobar experimentalmente cómo las emisiones del propio celular pueden ser de la suficiente intensidad como para...

    Bueno, mejor véanlo con sus propios ojos.

    Vídeo

    Otro vídeo distinto

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  15. Disculpas, mejor dejemos mi afirmación en cuarentena porque tengo bastantes indicios de que se trata de vídeos falsos. En Snopes no lo he encontrado. He aquí otros vídeos similares con resultados algo distintos:

    Se les va de las manos el mechero

    La venganza

    Todo apunta a que se trata de una campaña publicitaria viral. He picado, lo siento.

    Habría estado interesante, de ser cierto, poder demostrar cómo alejar las antenas obliga a subir la potencia y las consecuencias de ello.

    -- Pedro Gimeno

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  16. Antes que nada, excelente entrada. Correcta, de lectura fácil y sobre todo: demostrando que aún con sus "hipótesis" (por decirles de alguna forma) demostradas, la solución es que usen telégrafo :D

    En relación al comentario de Juan Carlos:
    "La energía ionizante en las cercanías de una antena es notable". ERROR: no se trata de energía ionizante para nuestro cuerpo (la energía de ionización depende del elemento) ya que no estamos hechos de gas a baja presión. Si es por eso, el gas de un tubo fluorescente se ioniza con los 220v 50Hz de la línea...
    También vas a ver a un tubo fluorescente parpadear en las cercanías de un rayo si se le pone un chicote de cable, ¿y eso qué prueba?

    Y sí, 1 GHz es mucho más que 1 MHz, que a su vez es mucho más que 50 Hz... pero 1 GHz sigue siendo muy inferior a los infrarrojos... y los infrarrojos los emiten los hornos, las cocinas y todo lo que está caliente...
    Un operario de caldera recibe más energía (más intensidad, tanto que la carga térmica juega un papel en el cálculo del horario laboral) y en una frecuencia superior a la de los celulares... ¿y tienen todos ellos cáncer?

    Ahora, yendo a lo de los pochoclos, es tan fraude como lo de que el celu cuece hasta duros los huevos.

    Saludos.

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  17. Bah, nabo con pretensiones, no mas que eso. Igual es lindo tu estilo al escribir: fino, elegante pero con un sabor arrogante, sobrebio y final agresivo, muy Baby Echecopar (eso fue off-topic) Cinco estrellas para vos!

    Te dediqué mis cinco minutos del día, gracias!

    Fede

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