sábado, diciembre 15, 2007

Un fragmento del Libro de Hosú

Un día de aquellos predicaba el Profeta de Hosú en la plaza de la ciudad. Rodeábanlo sus discípulos, y las gentes del lugar oían arrobados sus enseñanzas.

—Habéis de ser mansos y unidos como ovejas —reconveníalos el Profeta—. No pasar el día peleando entre vosotros y haciendo escándalo como los tres gatos que viven en aquel callejón.

Estaba presente un erudito que quería desacreditar al Profeta, y, al ver la ocasión, la aprovechó de inmediato.

—Equivocado estás, ciertamente —lo acusó—. En aquel callejón no viven tres gatos, sino cinco.

—¡Y tú has de saberlo, por supuesto! —se burló el Profeta—. ¿Te ha susurrado Hosú al oído? ¿Se ha aparecido en tus sueños para enseñarte el número de gatos?

—No ha sido necesario, pues cuando venía hacia aquí pasé por el callejón y vi a los gatos con mis propios ojos. Ven, vamos a contarlos y veamos quién se equivoca.

—¡Ve tú, si quieres! Yo no necesito contar a los gatos, pues Hosú me ha dicho su número y Él no miente.

El erudito marchó al callejón y volvió poco después con gesto consternado.

—Equivocado estaba. En el callejón no viven cinco gatos, sino seis.

—¿Y te haces llamar erudito? —lo sermoneó el profeta—. ¡Necio!, te llamo yo. Hace un instante decías que en el callejón viven cinco gatos, y ahora dices con igual convicción que son seis. ¿Qué impedirá que más tarde encuentres un gato más y digas entonces que son siete? Tu palabra es veleidosa como una mujerzuela. ¿Cómo puede alguien creer en ti, si lo que afirmas hoy tal vez lo cambies mañana? Pero la Palabra de Hosú no cambia; es definitiva e inquebrantable, como los votos de una esposa fiel. Hoy dice que los gatos son tres, y mañana seguirá diciendo que son tres. Nada la alterará nunca. La Palabra de Hosú es inmutable, igual que la Verdad. ¡La Palabra de Hosú es la Verdad!

La multitud allí reunida manifestó su admiración por la sabiduría de las enseñanzas del Profeta. Y, entonces, tres de sus discípulos marcharon al callejón para matar a los gatos, cada uno con una piedra en la mano y otra en el bolsillo por si fallaba el primer tiro.

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