viernes, enero 26, 2007

Pinta tu aldea y te acalambrarás de tanto pintar

Hace unos días, en un amable chat con personas que conozco, una de ellas dio en pedir que le mostrara fotos de mi ciudad. El espíritu estaba dispuesto, pero Internet fue débil: las más diversas búsquedas revelaban más bien poco, y ese poco dejaba bastante que desear.

Así fue que, animado por esta gente, creé una cuenta en Flickr y agregué un photoset de imágenes de Pergamino. (Sabrá disculpar usted, lector epiceno y caritativo, mi impericia como fotógrafo.) Todas las fotos llevan una licencia Creative Commons de atribución: puede hacer con ellas lo que le se le ocurra, con la única condición de que mencione mi nombre como el de quien apretó el botón.

Preveo engordar la colección toda vez que surja la oportunidad o, simplemente, me dé la gana.

jueves, enero 25, 2007

¡Que Dios no te escuche!

Nada más que un cuentito pavo que se me ocurrió. O una pequeña subversión teológica, si le gusta más.

* * *

—No hay sentimiento más noble y elevado —recitó el seminarista— que el que nos mueve a alabar a Dios.

—¿Por qué? —replicó su amigo— ¿Por qué Dios necesita que lo alaben? ¿Tiene problemas de autoestima?

—¡Que no te escuche! —se apuró el seminarista a ahogar las palabras de aquel insensato. Elevó su voz como si quisiera que lo oyeran desde el Cielo—. ¿Quién sino el Señor es digno de alabanza? ¿Quién sino Él podría haber creado un universo tan maravilloso y perfecto?

—¿Perfecto? —El otro reprimió una carcajada—. ¿Qué me contás de la guerra, del hambre, de las pestes...? ¿Qué tiene de maravillosa o de perfecta la creación de Dios?

—¡Que Dios no te escuche! —alzó con desesperación los brazos y la mirada—. ¡No lo escuches, Señor! ¡No sabe lo que dice!

—¿Por qué no me tiene que escuchar? ¿Qué me va a hacer Dios, a ver?

—Él va a... a... Oh, Dios...

Vio que ya era tarde cuando apareció un desgarrón en la estructura de la realidad.

Dios, agobiado por las críticas a su obra, rompió el universo en pedazos, lo tiró a la basura y empezó a trabajar en uno nuevo.

martes, enero 23, 2007

San Tosríos, el patrono de la realidad

La última vez que me referí al inefable Santosríos, prometí que la siguiente entrada estaría dedicada a algo más digno de atención. Y así fue. Esa siguiente entrada no se ocupó, sin embargo, del tema que había puesto como ejemplo: El señor de la luz, de Roger Zelazny. No hice referencia a la revolución místico-socialista de Sam, alias príncipe Siddharta, alias Sujetador de Demonios, alias Tathagatha, alias Mahasamatman, alias Buddha, alias el Iluminado, alias...

No, de lo que hablé es esa ocasión fue, curiosamente, de la influencia de los astros.

De la influencia auténtica de los astros; no la que depende de fuerzas caprichosas e indetectables, ni del verdadero prodigio de la matemática inexacta. No la que se basa en la interpretación arbitraria de una división arbitraria del cielo en un número arbitrario de porciones arbitrariamente iguales, nominadas arbitrariamente según la agrupación arbitraria de estrellas que ocupaba cada una de ellas en un momento arbitrario de la historia.

No, la influencia a la que me referí es esa fascinación que ejercen el universo y sus fuerzas sobre nosotros, criaturas atadas a la Tierra. La fascinación de pensar que la Tierra es un astro más, sujeto a las mismas reglas. La fascinación por el cosmos que tiene como aliado al conocimiento, no a la ignorancia.

Pero mi promesa quedó cumplida a pesar de todo, por lo que me permito volver por tercera y última vez sobre quien ya hablé; uno de ésos que pretenden que todo aquel cúmulo de arbitrariedades conforma una especie de ley natural.

En la anterior entrada dedicada al tal personaje, un comentarista comentó:

Eso debe ser alguna tendencia medible y estudiable en ellos, debe ser que a falta de tener algo para meter en sus inexistentes curriculums de charlatan apuntan los km como si eso tuviese un valor... bueno tiene el valor de los km recorridos timando a la gente y haciendo el idiota :P

Actualización: Soy humano, soy falible. La cita anterior es válida, pero la que yo quería poner era esta otra:

Estos charlatanes son una risa. Cuando tienen que mostrar su currículum en lugar de enrostrarnos sus aciertos dan datos del tipo: leí 150 libros, le dedique 10.000 horas a la astrología o participé de tantos programas de televisión.

Esto me dio en qué meditar. Y esta meditación me llevó a comprender por qué Santosríos me recriminó que yo dijera que su defensa de la astrología se basa en tres puntos. En realidad, se basa en, al menos, cuatro. Yo había enumerado, y vuelvo a hacerlo, los siguientes criterios:
  • La astrología es un saber antiguo.
  • Hay millones de personas que creen en la astrología.
  • Negar la astrología es «atentar contra las creencias o los intereses» de esos millones de personas.
E, injustamente, olvidé mencionar el cuarto:
  • La astrología ha sido estudiada en profundidad por Santosríos.
Lamentablemente, este cuarto criterio tiene el mismo defecto de los anteriores: no nos dice nada sobre la validez de la astrología. Santosríos podría haberle destinado diez veces más horas y leer cien veces más libros, pero eso sólo nos hablaría de su dedicación al tema, no del tema mismo. E, igualmente, los teólogos dedicaron millares de horas y de páginas al estudio de la religión católica, lo cual, al igual que ya vimos que sucedía con los tres argumentos originales, no le impide a Santosríos rechazarla in toto y hasta llamar «fascista» a la iglesia.

Y hay aún un quinto argumento, que pasé por alto por completo: la celebridad. Arguye Santosríos que grandes científicos se dedicaron a la astrología: Brahe, Kepler, Newton... En muchos casos, esto es cierto. Pero esto, por sí mismo, tampoco le da validez a la astrología. No aceptamos las leyes de las órbitas planetarias porque quienes las formularon fueron famosos. Al contrario, las aceptamos porque son coherentes con lo que se observa. Es esto lo que dio fama a sus descubridores, no a la inversa.

Y, en caso de que Santosríos quiera discutir esto último, no haría mal en recordar que muchos de aquellos mismos sabios también eran profundamente religiosos y se dedicaron tanto a a la teología como a la ciencia. Si el mero peso del nombre de Kepler autoriza a dar por cierta la mancia de los astros, el mismo efecto debería tener en las consideraciones religiosas.

Al menos, eso pensaba yo.

Sí. Estas nuevas reflexiones me han hecho cambiar de parecer.

Ya tenemos la que parece ser una lista completa de los Cinco Criterios Santofluviales de validez epistemológica. Para conservar la simetría, modificaré levemente el orden y los enumeraré de esta manera:
  • Edad
  • Cantidad
  • Sensibilidad
  • Celebridad
  • Dedicación
De estos cinco criterios, solamente cuatro tiene la religión en común con la astrología, a saber:
  1. Son antiguas;
  2. son creídas por muchas personas que
  3. se sienten muy afectadas cuando se niega su creencia, y
  4. fueron cultivadas por científicos y pensadores ilustres.
He aquí, por fin, el punto de desequilibrio. Vemos definitivamente por qué no hay contradicción, por qué no hay incongruencia en abrazar la astrología mientras se desdeña el catolicismo. Este último falla en el quinto y crucial criterio:

No fue estudiado por Santosríos.

¡Aleluya, hermano! Al fin de esta larga y laboriosa exégesis, la verdad se revela ante nuestros ojos y vemos a Santosríos en toda su gloria de sumo Arbiter Realitatis, el que con su munificente mirada otorga peso gnoseológico a los saberes.

¡Y le reprochábamos que hablase desde la ignorancia! ¿Cómo no iba a hacerlo, si lo que Santosríos ignora no puede ser?

¿Cómo no iba a inventarse los hechos, si los hechos no son tales sino en virtud de la atención que Santosríos se digne dispensarles?

Él dicta que los agujeros negros no están demostrados, y quien afirme lo contrario es víctima de los perversos científicos, amos de las ilusiones.

Él afirma que Randi y Ratzinger son aliados, y ése es un hecho evidente por cuanto es él quien lo pronuncia; dudarlo sería como dudar que el cielo es azul.

Él decreta que los escépticos no critican a la iglesia, y toda prueba en contrario yace en un limbo platónico mientras él no decida iluminarla con su mirada; sus autores son fantasmas insustanciales toda vez que él no los conoce.

En siglos pretéritos no había procesos formales de canonización; los santos se determinaban por aclamación popular. Siguiendo esa tradición, aclamo, por la sola fuerza del número (soy uno, y el uno es el primero de los números) a San Tosríos, patrono de la realidad.

Y si no le gusta ser un santo a la usanza de la religión occidental, eso tiene fácil arreglo: en un instante lo vuelvo a proclamar Tosríos-San, una deidad completa, con Su Aspecto y Sus Atributos. Tosríos-San, alias El Que Guarda Las Llaves De La Existencia, alias El Dictaminador, alias El Que No Necesita Saber.

¡Salve, Sancti Flumine, Gratia Pleno! ¡Salve, Arbiter Realitatis! ¡Salve, Umbilicus Mundi!

Hago votos, pues, de no volver a usar Su Nombre en vano; y como no puedo estar seguro de cuándo es el caso, sencillamente no volveré a referirme a él en este blog.

Hermano epiceno, puedes marchar en paz.

lunes, enero 22, 2007

La noche del cometa

Fueron varios días de frustración. Fueron varios atardeceres de soportar las picaduras de los mosquitos mientras caminaba por banquinas y baldíos en busca del ángulo correcto, en busca de un horizonte despejado.

Hoy, por fin, lo logré. Y ni siquiera necesité abandonar el patio de mi casa. C/2006 P1, a quien sus amigos llaman «McNaught», cayó finalmente en las lentes de mi objetivo.



Con un tiempo de exposición de cuatro segundos y, a falta de trípode, una escalera para estabilizar la cámara, logré capturar la belleza del universo manifestándose entre los tubos de calefacción, los acondicionadores de aire y los tanques de agua.



Un tapial alto es mejor que una escalera. Es cierto que es un tapial inclinado, pero ¿para qué sirve Photoshop, si no para enderezar cometas torcidos?



De regreso a mi PC, encontré otro cuerpo con cola.



Un furor inhumano destellaba en sus ojos como un fuego. Mejor dicho, como dos fuegos. O como el flash de una cámara reflejado en las retinas de una perra. De todas formas, fue una noche de eventos cósmicos, de estrellas alineadas que despiertan en los humanos el deseo atávico, acarreado en nuestra memoria racial, de sacar fotos sin ton ni son. Y aquí están.

domingo, enero 21, 2007

Santosríos «responde»

Hoy me levanté (tarde, como corresponde a un domingo) con la intención de dejar caer por aquí unas breves líneas sobre la novela que me acompaña a dormir en estas noches: El señor de la luz, de Roger Zelazny. Alrededor de la página 80 (que es la que marca el señalador ahora) empieza a prefigurarse lo que parece ser una versión transhumanista del mito de Prometeo, con una fuerte impronta de las religiones de la India y un Buda que sabe que es un charlatán.

Al final, las líneas resultaron ser más breves aún de lo que me imaginaba. No puedo escribir más sobre la novela. Estoy exultante, estoy desbordado: ¡Santosríos me contestó!

Bueno... «Contestar», lo que se dice «contestar»... Para empezar, todavía no sé quiénes son los científicos que negaron los planetas extrasolares y la posibilidad de vida extraterrestre. ¿Qué me contestó, entonces? Bien, tal vez sea conveniente que lea usted mismo el comentario que dejó en la entrada anterior:

Mire Diplotti:

Miro, don Santoríos.

No tengo nada que hablar con usted, porque usted no pretende debatir. Invito a cualquier persona a seguir sus intervenciones en el foro de Lola Cárdenas.

¡Qué coincidencia! A eso mismo lo invito yo, amigo lector epiceno. Y hasta pongo el enlace.

Usted me desacredita en su blog partiendo de dos premisas falsas: que “la astrología es mi fuerte como yo mismo digo”, y que “mi justificación son 3 puntos básicamente”. Toda su argumentación posterior nace de dos mentiras.

Bien, vayamos por partes:

Parte 1: Con respecto a que la astrología es el fuerte del señor Santosríos, él mismo dice, refiriéndose a su trayectoria astrológica:

A ver, más de 10.000 horas de preparación a lo largo de 20 años.

Más de 150 libros estudiados, analizados, comprobados y seleccionada la parte válida.

Más de 1.000 cartas astrales de todo tipo analizadas, explicadas y estudiadas en busca de errores o aspectos no descubiertos hasta la fecha.

Bien, aquí debo darle la razón.

10.000 horas a lo largo de 20 años no llegan ni a las 10 horas por semana. El estudiante menos aplicado dedica bastante más que eso a sus estudios.

150 libros en 20 años da un promedio de 7,5 libros anuales. Una vez más, cualquier estudiante lee más que eso. Yo mismo leí el doble de eso en los últimos seis meses, sólo de ficción.

1.000 cartas astrales en 20 años son 50 cartas al año. Bueno, no es de extrañar, con una dedicación que no llega a una hora y media por día, parte de la cual se dedica a leer algunas páginas.

De modo que, pues, el señor tiene razón: la astrología no es, ni puede ser, su fuerte. Así que la agregamos a la lista en que ya tenemos a la astronomía, la astrofísica, la cosmología, la estadísticas...

Lo cual, sin embargo, no le impide decir:

Por eso siempre me he vestido normal, sin florituras, incluso algo desaliñado, a lo largo de más de 300 programas de televisión propios sobre Astrología, varios cursos y muchísimas charlas y conferencias. Tengo buenos amigos científicos, algunos de los cuales conocen la disciplina, y otros se dedican a criticarla, como Halley hizo con Kepler. Yo simplemente respondo como hizo éste último: “caballero, yo he estudiado el tema. Usted, no”.

Punto 2: Con respecto a que el señor Santoríos basa la defensa de la astrología en tres puntos básicos, a saber:
  • La astrología es un saber antiguo.
  • Hay millones de personas que creen en la astrología.
  • Negar la astrología es «atentar contra las creencias o los intereses» de esos millones de personas.
El señor Santosríos dice que yo miento al decir esto. ¿No fue él mismo, sin embargo, quien escribió lo siguiente?

Usted puede creer lo que dice la ciencia occidental sobre la Astrología y su falsedad. Pero recuerde que hay 2.000 millones de personas en el mundo que no sólo la aceptan en la actualidad, sino que muchas de ellas la utilizan desde su nacimiento. Recuérdelo: una de cada tres personas.

¿Y también lo siguiente?

Pretender que la astrología es falsa y que la gente deje de estudiarla o practicarla, sobre todo cuando 2.000 millones de personas en el mundo no piensan así, es atentar contra las creencias o los intereses de esos 2.000 millones de personas [...]

¿Y lo siguiente además (negritas mías)?

Los astrólogos, como siempre, han preferido dejarse de estupideces epistemológicas, y llamar planetas a todos, incluyendo el Sol y la Luna, así que lo que digan los astrónomos oficiales, quieran meter más planetas o más signos del zodiaco, les importa un rábano. Están más preocupados en por qué entre todos les pagamos la juerga de Praga, o su trabajo como astrónomos, mientras a ellos ni siquiera les dejan abrir un centro Universitario que diera rango oficial a un estudio que tiene algo así como 10 veces más años de antigüedad que el de éstos últimos, que es 1.000 veces más conocido entre la población, y que una de cada 3 personas en el mundo está convencida de su profundo valor.

Ahí están sus argumentos, incluso todos juntos y uno atrás del otro en la última cita. Son, con toda precisión, los que ya señalé en mi entrada anterior: edades, cantidades y sensibilidades. ¿Cuál es mi mentira, pues?

Sigue el comentario:

Usted me da una lista de 20 artículos de 20 desconocidos (dónde están los ataques de Randi, de algún firmante del manifiesto contra la Astrología, de algún miembro del CSIC, de algún astrofísico) para eludir la cuestión de fondo:

No son veinte artículos: son diecisiete artículos y tres sitios web. Y sus autores, desconocidos o no, no son veinte, sino menos: hay enlaces que comparten autor, lo cual quedó bien claro. Y también queda bien claro que el señor Santosríos no se tomó la molestia de seguirlos; de lo contrario, no tendría yo que hacer estas aclaraciones.

En todo caso, ¿soy yo quien está eludiendo la cuestión de fondo? Santosríos dice que los escépticos no critican a la iglesia. Yo recopilo unos cuantos enlaces que demuestran que tal cosa no es correcta, y le dejo un comentario en que le digo:

Doy por sentado que, con estos datos en la mano, corregirá su afirmación de que los escépticos no critican a la iglesia.

¿Ha corregido el señor Santosríos su afirmación? No señor, ahí sigue tan campante. Los sitios y artículos que enlacé al señor Santosríos no le valen, porque son de «desconocidos». Veinte, para más datos.

El comentario de Santosríos sigue de esta guisa:

o Randi y los “escépticos” mienten y hay milagros, o la Iglesia miente y no hay milagros.

Lo cual es una versión resumida de otra cosa que Santosríos escribió sobre Randi:

Sólo el papa Juan Pablo II se encargó de hacer santos a 483 personas, lo que supone la aceptación de 966 milagros, y da pie a la conocida paradoja del “ésto es imposible pero verás como cuela”: o la iglesia miente, y no hay ninguno de esos 966 milagros, o este sujeto del millón miente, los milagros existen, y ya tenía que haberle dado el dinero a la iglesia católica para que lo sume, por ejemplo, a los 3.600 millones de euros que el estado español le da todos los años.

Lo curioso es que el que dice que no existen los milagros y la que dice que tiene pruebas de 966 milagros recientes no sólo no se meten mano entre sí, sino que además se han puesto de acuerdo en liársela a los astrólogos mediante la consigna de “engañabobos en pecado mortal”.

Curioso, ¿no es así? Tal vez sea más curioso el hecho de que el propio Randi opinó sobre estas afirmaciones de Santosríos. Algún bocón le fue con el chisme:

[...] es curioso, particularmente la parte en que me pone en liga con la iglesia. Este personaje no parece tener comprensión de la realidad, ni la capacidad de leer y entender, pero ¿por qué debería sorprendernos?

Eh, a mí no me mire. El que escribió esto fue Randi. Yo sólo lo traduje. Pero es cierto que, si el señor Santosríos se hubiera avenido a informarse sobre el desafío de James Randi en las fuentes mismas, en lugar de hablar de oídas (lo que, a diferencia de la astrología, sí parece ser su fuerte), sabría que el millón de dólares se le ofrece a quien se presente a reclamarlo y pueda demostrar sus afirmaciones en condiciones controladas de observación. La iglesia no está dispuesta a hacer ni una cosa ni la otra. Caramba, tal vez eso explique por qué la Fundación Educativa James Randi no le ha otorgado el premio. No hay necesidad de imaginarse a Randi y a Ratzinger como extraños compañeros de cama.

Así que, si Randi y ustedes están tan seguros de que no hay milagros, ataquen por favor a la Iglesia de Roma TODOS USTEDES, empezando por Randi: ¿qué hacen atacando a los astrólogos, que en España no movemos ni 10 millones de euros al año que nos pagan SÓLO los que creen en nosotros, en vez de atacar a la Iglesia, que recibe 3.500 millones anuales, la gran mayoría de los cuales LOS PAGAMOS TODOS, creamos o no?

Una vez más, Santosríos escribe más rápido de lo que lee o piensa. Y, peor aún, Santosríos decreta. Él decretó que los escépticos no critican a la iglesia, y no permitirá que ninguna cantidad de pruebas en contrario lo aleje de su convicción: son todos «desconocidos» y punto. Él decretó igualmente que Randi tampoco critica a la iglesia, y en vano será, entonces, que enlace a estos escritos suyos y de sus corresponsales, que recopilé en cuestión de minutos:
Puedo predecir, sin mirar el tránsito de Mercurio ni la oposición de Saturno, que Santosríos no seguirá estos enlaces. Está instalado con demasiada comodidad en su ignorancia, en el mundo que se ha construido a fuerza de ponerse los dedos en los oídos y cantar «naraniero, naraniero, fiuuuu, fiuuuu, lará lalá...». El dictaminó, para su propia tranquilidad de espíritu, que los científicos negaban la existencia de planetas extrasolares y de vida extraterrestre. Jamás responderá mi pregunta acerca de quiénes son esos científicos, ni de cuándo dijeron tales cosas: sencillamente, no lo sabe. Tal vez se lo inventó, o tal vez está simplemente regurgitando propaganda como un papá pingüino regurgita pescado sin digerir. Ninguna de las dos posibilidades es muy halagüeña. Lo único cierto es que no lo sabe.

Hay un comentario más de Santosríos, éste para Pedro Gimeno, quien seguramente se sorprenderá mucho cuando descubra que ha sido rebautizado como Ricardo. Lo lamento por el pobre si no le gusta su nuevo nombre: ya ha de saber que Santosríos es el árbitro de la realidad. En fin, se llame como se llame, tiene disponible los comentarios para responder, si así lo desea. Por mi parte, me propongo dedicar la próxima entrada de Pez Diablo (que quién sabe cuándo escribiré) a algún asunto más digno de mi atención. Por ejemplo, a El señor de la luz. Roger Zelazny es alguien infinitamente más culto e imaginativo que esta otra persona que toma su ignorancia como medida de todas las cosas.

martes, enero 09, 2007

¡Santos ríos, Batman!

Hace unos días, en los comentarios de una de las últimas entradas del blog de Lola Cárdenas Luque, conocí a un pintoresco personaje. Su nombre parece ser Oscar, y desconozco su apellido; pero allí donde va, deja la firma «Santosríos». Le recomiendo, amigo lector epiceno, que si dispone de tiempo lea los ciento tres (hasta el momento) comentarios, que no tienen desperdicio. A partir del tema de la entrada (los mitos sobre la «salud natural»), la discusión derivó por otros derroteros: probabilidad y estadística, cosmología, astrofísica, astronomía... Y, de una manera asombrosa, el señor Santosríos demostró en todos ellos la misma insolvencia.

Claro que ser insolvente en un tema no es un defecto. En estos tiempos de conocimientos crecientes e hiperespecialización, nadie puede saberlo todo. Lo común es que, fuera de nuestra área laboral, todos sepamos algo sobre algunas cosas y muy poco o nada acerca de muchas otras. El problema, claro, surge cuando alguien pretende sentar cátedra precisamente sobre aquellos asuntos en que su insolvencia se hace manifiesta.

Que es, justamente, lo que el señor Santosríos hace allí donde deja su firma.

Tal vez usted piense en este momento que todo lo que el señor Santosríos busca es publicidad, y que yo le estoy siguiendo el juego al dársela. Pero, la verdad sea dicha, si es eso lo que quiere yo estoy encantado en enlazar su blog. Ojalá todo el mundo fuera a leer sus disquisiciones sobre el sexo femenino, o su bonito cuento que justifica la explotación.

Sin embargo, el fuerte del señor Santosríos, según afirma él mismo, es la astrología. Básicamente, sus argumentos a favor de la astrología se resumen en tres puntos:

  • La astrología es un saber antiguo.
  • Hay millones de personas que creen en la astrología.
  • Negar la astrología es «atentar contra las creencias o los intereses» de esos millones de personas.
Si escribiera en latín, a estos argumentos los llamaría, respectivamente, argumentum ad antiquitatem, argumentum ad numerum y argumentum ad populum, y diría que los tres argumenta son formas de falacia. Sin embargo, como escribo en español, lo diré de la siguiente manera.
  • Que una idea sea antigua no nos dice nada de su validez.
  • Que muchas personas crean en una idea tampoco nos dice nada de su validez.
  • Que esas personas se sientan afectadas porque se niega esa idea, una vez más, tampoco nos dice absolutamente nada sobre su validez.
Podríamos discurrir interminablemente acerca de estos tres puntos, pero sería una discusión sobre edades, cantidades y sensibilidades, no sobre astrología.

Me permito abrir aquí un paréntesis. En los comentarios del blog de Lola Cárdenas se da cabal cumplimiento a una ley que enuncio aquí mismo, siguiendo el modelo de la Ley de Godwin:

A medida que la discusión con un creyente verdadero se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en que se nombre a Galileo Galilei tiende a uno.

¿Le gusta? Le permito humildemente que la llame «Ley de Diplotti», en el caso de que no tenga ya nombre. Es precisamente compararse con Galileo lo que hace el señor Santosríos:

[...] ¿alguien se ha puesto en mi lugar? ¿Alguien se ha puesto en el lugar de Galileo, con toda la comunidad en contra? ¿O simplemente se quedan en «se lo merece, por estar en el error»?

Analicemos por un momento la pertinencia de esta comparación. Galileo fue procesado por defender ideas que chocaban contra la tradición milenaria. Santosríos, por su parte, dice que la astrología debe ser cierta precisamente porque es una tradición milenaria.

No nos quedemos en eso. Traslademos al contexto del proceso a Galileo las Tres Tesis Astrológicas de Santosríos:
  • ¿Cuál de los dos modelos constituía un saber antiguo: el heliocéntrico (propuesto por Galileo), o el geocéntrico (defendido por la iglesia)?
  • ¿Cuál de los dos constituía la creencia de millones de personas: el heliocéntrico o el geocéntrico?
  • ¿Negar cuál de los dos habría implicado «atentar contra las creencias o los intereses» de esos millones de personas?
Así, pues, está claro: en el supuesto de que los jueces hubieran concedido validez a tales argumentos, éstos habrían contribuido a la condena de Galileo, no a su exoneración.

Cierro aquí el paréntesis. Hemos visto que tales defensas de la astrología sencillamente no funcionan. ¿Menciona Santosríos alguna verdadera defensa? ¿Algún estudio que tenga aspecto de científico?

Por lo que yo he podido ver, menciona dos: la investigación del «Efecto Marte» por Michel Gauquelin, y las predicciones de André Barbault. Ambos muy criticados por usar definiciones imprecisas y resbalosas que permitían ajustar y manipular los datos a posteriori.

Y nada más.

¿Y para qué sirve todo esto? Todo esto sirve, hermano, para defendernos de las acechanzas de la ciencia. La malvada ciencia que sólo busca dinero y poder; los pérfidos científicos que negaron (sí, negaron) que existieran planetas extrasolares y vida extraterrestre; los corruptos científicos, escorias de la humanidad, que pretenden hacernos creer algo tan absurdo como el Big Bang, que proclama que:

[...] esa enorme cantidad de cuerpos de tamaño gigantesco (podemos hablar de algo así como más de 1.000.000.000.000.000.000 de estrellas y planetas), [...] al principio estaban todos apretados y juntitos dentro de un puntito más pequeño que la cabeza de un alfiler

O a lo mejor no. A lo mejor deberíamos subir un nivel y afirmar que el propio Santosríos el que pretende hacernos creer esto sobre la ciencia y los científicos. Cuando le pregunté (y le volví a preguntar) quiénes eran los científicos que negaban los planetas extrasolares y la posibilidad de vida extraterrestre, ¿sabe lo que me respondió?

Nada.

Sin embargo, como esta mañana me siento caritativo, le concederé el beneficio de la duda. Un beneficio, sin embargo, que es de una caridad dudosa: consiste en suponer que no está fabricando un hombre de paja que le resulte más fácil de atacar, sino que, simplemente, es un ignorante que no sabe de lo que habla.

Acusación que, curiosamente, él no deja de hacer contra quienes critican a la astrología.

En las últimas dos entrada de su blog, «Salud, escépticos y debates (I)» y «Salud, escépticos y debates (II)», se dedica a recapitular, desde su muy particular punto de vista, las discusiones que ha tenido con los escépticos. Allí (además de las obligatorias acusaciones de fascismo) dice de ellos cosas como:

Si cualquier disciplina, estudio, afición o interés cuenta con un número de seguidores, es automáticamente válida para ellos.

Lo cual no obsta para que, pocos párrafos después, escriba:

Pretender que la astrología es falsa y que la gente deje de estudiarla o practicarla, sobre todo cuando 2.000 millones de personas en el mundo no piensan así, es atentar contra las creencias o los intereses de esos 2.000 millones de personas [...]

Lo cual, a su vez, tampoco es óbice para que inmediatamente después afirme:

La iglesia católica, la institución de corte fascista más longeva de la historia, pide dos milagros para santificar a alguien, o sea, dos hechos inexplicables para la ciencia.

Al señor Santosríos le tiene sin cuidado «atentar contra las creencias y los intereses» de los millones de feligreses católicos. Le tiene también sin cuidado la longevidad de la institución. Cree asimismo que está mal dar algo por válido sólo porque «cuenta con un número de seguidores». Se supone que no debemos darnos cuenta de que ésas son justamente las razones que él esgrime en defensa de la astrología.

Luego de un intermezzo en que nombra sin nombrar a James Randi y lo acusa de estar en liga con la iglesia para perjudicar a los astrólogos...

Bueno, está bien. Lo espero. Termine de revolcarse de la risa y vuelva. El texto seguirá aquí cuando ya no le quede aire en los pulmones.

Como decía: luego de decir lo que ya le dije que dice, hace la siguiente pregunta (imaginará él que retórica):

¿Dónde están los «escépticos» cuando se trata de la iglesia? Yo diría que es una simple cuestión de interés económico, pero me tienta la idea de pensar en que la iglesia no son unos cuantos chalados, sino algo mucho más grande, fuerte y establecido, aunque no sea ciencia y asegure los mismos imposibles científicos.

Tras leer esto, demoré unos veinte minutos en reunir otros tantos enlaces a sitios, blogs y artículos escépticos críticos con la iglesia católica en particular y la religión en general. A continuación los dejé en un comentario en su blog, respondiendo a su pregunta con un lacónico «entre otros lados, están aquí».

Los enlaces que reuní son los siguientes:
Y, a continuación, textos temáticos en distintos blogs.

En Golem:
En Sentido común:
En La corte de los milagros:
En ¡Existen los fantasmas! [El blog]:
En Guía de la cocina antropofágica:
En Proyecto Darwin:
Y finalmente, en Magonia, el decano de los blogs escépticos:
Luego de dejar los enlaces, le explicaba que éstos apenas empezaban a rasgar la superficie, y que podía encontrar muchos más si buscaba, por ejemplo, en la Red por una información crítica (la cual aparece enlazada en muchos blogs escépticos). No dije nada más; incluso me abstuve de señalar que una vez más, según su inveterada costumbre, estaba pontificando sobre asuntos sobre los que evidentemente no tiene la menor idea.

Ya han pasado más de doce horas. Sin embargo, en tal entrada hay al momento en que escribo esto sólo un comentario, que, ¡caramba!, no es el mío.

Actualización: que el mensaje no apareciera se debió a un error de mi parte. Aparentemente, el sistema lo tomó por spam debido a que contenía muchos enlaces, y lo rechazó automáticamente. Ya remedié la situación en un nuevo comentario que he dejado, que apareció de inmediato.

Sin embargo, le concederé, una vez más, el beneficio de la duda. El señor Santosríos se compromete a responder a las preguntas que el lector le deje en los comentarios. Usa esas palabras exactas: «me comprometo». Puede ir y leerlo usted mismo.

Actualización: en realidad, las palabras exactas son «prometo contestarte». Mea culpa. De todas formas, el significado es el mismo.

Pues bien, le tomaré la palabra. Seguiré el procedimiento que prescribe y, en la última entrada, le haré las preguntas que dejó sin responder en el blog de Lola Cárdenas: ¿Quiénes son los científicos que negaron la posibilidad de vida extraterrestre y los planetas extrasolares? ¿Dónde y cuándo lo negaron?

No dudo que esta vez me responderá.