viernes, febrero 16, 2007

Argumento de venta.

«El fumar es perjudicial para la salud.» Por ley, toda publicidad de cigarrillos debe incluir esta inscripción en la República Argentina. En muchos países hay provisiones similares.

Por supuesto, las tabacaleras cumplen a regañadientes. Se quejan de que eso afecta su imagen y de que constituye un acoso a sus clientes. Yo creo que esa actitud sólo demuestra una falta de visión de sus agencias de publicidad. Un creativo digno de su título debería ser capaz de convertir la desventaja en ventaja; de hacer una llave de judo publicitario y utilizar en su provecho la fuerza del oponente. Basta un poco de imaginación para integrar la advertencia al anuncio y utilizarla como argumento de venta. Por ejemplo:




¿Le gusta? Tiene una versión king size, si para usted el tamaño es importante. Y también una en inglés.

(Agradezco a Sascha Hüttenhain su generosidad al permitirme usar su magnífico retrato «Marboro Man». La tipografía de Marlboro proviene de Cool Text.)

domingo, febrero 04, 2007

Yo también soy astronauta

He notado en estos días, en listas de correo pobladas mayoritariamente por españoles, cierta hilaridad motivada por un reciente discurso dado por el alcalde de Sevilla. Tal señor (llamado, según me entero, Alfredo Sánchez Monteseirín) habría repetido varias veces en su breve alocución «nosotros los astronautas».

Permítame decir, amigo lector epiceno, que el tonito burlón con que se habla y se escribe acerca de este episodio me parece fuera de lugar. Y no lo digo como simple bloguero. Lo digo como colega del señor Monteseirín.

Sí, yo también soy astronauta. Y puedo demostrarlo.

«¿Cómo lo demostrará?», adivino que se estará preguntando. «¿Cón certificados? ¿Con documentos? ¿Con fotografías y videos?»

Nada de eso. Probaré mis palabras mediante la tortura léxica. Se trata de un método muy sencillo (aunque requiere cierto oficio), consistente en someter las palabras a tormentos hasta que digan lo que uno quiere. El principal instrumento para aplicarla es, por supuesto, el diccionario de la Real Academia Española. Ya ha de saber que la RAE es la autoridad máxima en todo; las cosas son como su diccionario las describe, y aquello que no aparece en él no existe.

Veamos, pues, de qué manera define tan magna obra la palabra «astronauta».

astronauta.
(De astro y nauta).
1. com. Persona que tripula una astronave o que está entrenada para este trabajo.

Continuemos con nuestra indagación viendo cuál es la definición de «tripular».

tripular.
(Del lat. interpolāre).
1. tr. Dotar de tripulación a un barco o a un aparato de locomoción aérea.
2. tr. Conducir o prestar servicio en un barco o vehículo aéreo.
3. tr. desus. Descartar, desechar.

Ampliando con la segunda acepción la definición inicial, vemos que se puede llamar «astronauta» a toda «persona que conduce o presta servicio en una astronave o está entrenada para este trabajo». Puesto que el mismo diccionario habla de «tripular una astronave», nos está dando autorización tácita para considerar a las astronaves como un caso particular de «barco o vehículo aéreo». Esto es perfectamente compatible con la definición canónica del término:

astronave.
(De astro y nave).
1. f. Vehículo capaz de navegar más allá de la atmósfera terrestre.

Observe usted que el diccionario deja bien claro que no es necesario prestar efectivamente servicio a bordo de una astronave; basta con estar entrenado para ello. Pues bien: yo, como diseñador gráfico, estoy entrenado para prestar un servicio. Y puedo prestarlo en cualquier sitio, incluso a bordo de una astronave. No hay nada allí que me impida diseñar un isotipo o una página. Luego, estoy entrenado para prestar servicios a bordo de una astronave. De lo cual se desprende que soy astronauta, quod erat demonstrandum.

(Sí, es obvio que todo lo que antecede a este párrafo tiene una intención cómica. No se lo puede tomar de otra manera. Hay, sin embargo, personas que presentan seriamente argumentos de esta clase; que pretenden utilizar la tortura léxica como un método legítimo de defensa de credenciales autoconferidas. Sí, de veras. Este señor pretende que se lo tome en serio. ¿Me lo va a discutir a mí? Antes de pensar en tal cosa, mire a la derecha de esta página: verá allí enlaces a por lo menos nueve cuentos que yo he escrito. Cada cuento tiene su título, ¿verdad? Por lo tanto, tengo nueve títulos. Así que vaya a cuestionar a otro.)