jueves, junio 21, 2007

¿Nadie piensa en las madres?

He aquí una razón más, por si las ya existentes no alcanzaran, para oponerse a la ligereza con que los medios de prensa maltratan los números y las matemáticas en general:

Hace sufrir a las madres.

Ofrezco como prueba el siguiente recorte del matutino local La Opinión, correspondiente al pasado viernes 15 de junio:



Permíteme que te tutee, oh, hermano redactor. Y, mientras te tuteo, dime: ¿no conmueve esto tu espíritu? ¿No te estremece la idea de que tu indiferencia decimal pueda multiplicar cruel e innecesariamente los dolores de una parturienta? ¿Y el niño? ¿Qué me dices del niño? El pobre Santino tendrá que vivir con el estigma de su sobrepeso tipográfico, ¡sólo porque tú no te molestaste en aprender la diferencia entre un punto y una coma!

No prestes oídos sordos a mis palabras, hermano redactor. Éste es un asunto de la mayor gravedad. Por favor, ten siempre presente:

Cada vez que escribes mal un número, una madre sufre.

Por favor, piensa en las madres.

jueves, junio 07, 2007

Los verdaderos cazafantasmas

Los cazafantasmas es una comedia y una fantasía. Que es una fantasía lo sabemos porque sus protagonistas son parapsicólogos que trabajan científicamente y logran demostrar sin lugar a dudas la existencia de su objeto de estudio. Y me siento tentado a decir que esa misma circunstancia da cuenta de su condición de comedia, pero de esto hay múltiples pruebas en contrario.

Hoy ha llegado a la puerta de mi casa tras cabalgar sobre las olas del Atlántico (me imagino que a considerable altura) una de tales pruebas; una que deja claro que los cazafantasmas pueden dar risa sin necesidad de ser serios, ni tan siquiera ficticios.



Los caras de Bélmez, de Javier Javanilles y Francisco Máñez, es (o al menos promete ser desde sus cubiertas) una crónica de la mayor comedia paranormal de la historia. Ha caído en mis manos (¿garras? ¿pezuñas? ¿aletas?) a causa de un fenómeno verdaderamente inquietante, algo que suponíamos un mito del pasado remoto: la generosidad. Más específicamente, la generosidad de Lola Cárdenas y Pedro Gimeno. Su actitud, más que las caras que aparecen «misteriosamente» pintadas en el hormigón de una casa de Jaén, es auténticamente inexplicable.

Muchas gracias, Lola y Pedro. Vuestro paquete me traerá horas de diversión. Y no me refiero sólo al libro: