viernes, agosto 03, 2007

¿Qué es un himbestigador?

No, amigo lector epiceno; no he equivocado la grafía de la palabra. «Himbestigador» no es lo mismo que «investigador», pese a la evidente paronimia y a algunas versiones acerca de su etimología común. «Investigador», según define el diccionario de la RAE con perogrullesco laconismo, significa «que investiga». El término puede aplicarse legítimamente a una variedad de profesiones: periodistas, científicos, detectives... Un «himbestigador» es algo muy distinto, como quedará claro de inmediato con mi definición:

Un himbestigador es un freak de las historias de terror, ciencia ficción o fantasía que se toma esas historias y a sí mismo demasiado en serio.

Todos los freaks, llámense «tolkiendili», «trekkers», «transfans» o de cualquier otra manera, reúnen un conjunto de características comunes, de los cuales no es la menor la hipertrofia de la glándula racionalizadora. Rasgos del objeto de su afición que para un observador casual pasarían por absurdos son racionalizados con ahínco por el freak dedicado. ¿El capítulo 6 de la quinta temporada contradice al capítulo 15 de la segunda? Paradojas temporales. ¿El remolque de un camión desaparece inexplicablemente fuera de cuadro, para regresar cuando se lo necesita? Depósitos subespaciales. ¿Hay caras en el suelo de una casa? Proyecciones psicoplásticas. ¿El himbestigador se quedó buceando en el Mar Rojo sin ningún motivo? Fuerza misteriosa. No es requisito que la racionalización tenga sentido; el hecho de que la explicación necesite, a su vez, ser explicada ella misma suele pasarse por alto.

Sin embargo, el grupo que nos ocupa presenta también rasgos propios que lo distinguen de todos los demás freaks. La actividad de los himbestigadores (cuyo nombre, pese a algunas opiniones en contrario, es «himbestigancia») requiere, como las sesiones de rol, la creación de un personaje. Pero, a diferencia de lo que ocurre con el rolero convencional, el personaje del himbestigador no se compone para interpretarlo, sino para creérselo.

Haga usted la siguiente prueba: acuda a una convención de Viaje a las estrellas y dígale a algún disfrazado que en realidad no es un klingon, y que ese trozo de cartón y papel de aluminio que sostiene no sería rival para un bat’leth auténtico. ¿Sabe lo que obtendrá en respuesta? En primer lugar, una estruendosa carcajada, y, a continuación, la réplica: «¡Por supuesto que no soy un klingon de verdad, humano yIntagh

Bien, ahora recoja los trozos de su ego maltrecho y encamine sus pasos a una convención de himbestigadores (suelen llamarlas «conferencias»). Una vez allí, diríjase a alguno de ellos y dígale que en realidad no es un antropólogo y que ese colador que sostiene no es una jaula de Faraday; o bien, que aquel anillo tiene de artefacto extraterrestre lo mismo que él de periodista serio, a saber, nada más que las ganas. Al instante comprobará que el sitio de aquella sonora risotada es aquí ocupado por un inmediato, altisonante y ofendido grito coral de indignación. ¿Cómo se atreve usted a acusarlo de no ser aquello que él cree que es?

Por supuesto, no son los himbestigadores los únicos freaks celosos de su afición. Dirija a cualquier grupo una crítica, fundamentada o no, y tendrá garantizada una avalancha de respuestas poco amables. Es casi inevitable volver a mencionar aquí a los jugadores de rol, que muchas veces han salido al encuentro de tantas inexactitudes alarmistas que se difunden sobre su actividad. (No es un dato anecdótico que muchas veces son los himbestigadores quienes hacen circular tales inexactitudes, pero esta vez lo dejaremos pasar.) Sin embargo, ningún freak, salvo que sea un himbestigador, se pondrá a chillar como doncella mancillada, exigiendo una reparación de tal ultraje a su honor y su buen nombre.

Y en los chillidos no queda el asunto. Piense por un instante, amigo lector epiceno: ¿Han demandado los roleros a los que asocian su actividad con el crimen? ¿Ha sabido usted de algún entusiasta de Harry Potter que demandara judicialmente a quienes lo tachan de satanista? ¿Se ha llegado alguna vez hasta los tribunales alguien vestido con hábito de Jedi, exigiendo reparaciones materiales y morales a quien lo ha llamado «ridículo»? Claro que no. Y es que los vulcanos con orejas de goma y los padawan con sables de luz plásticos tienen algo de lo que suelen carecer los himbestigadores con su honor de cartón: sentido de quiénes son y de qué es lo que hacen.

Concluyo, en definitiva, que los himbestigadores no son simples freaks: la himbestigancia constituye, con toda probabilidad, el grado sumo del frikismo.