viernes, agosto 15, 2008

Al universo no le importa, pero a mí sí

La entrada anterior parece haber generado un pequeño revuelo. Varios blogs la han reproducido y hasta la tradujeron al esperanto. Y ciertamente ha recibido un buen número de comentarios, la mayoría de ellos positivos; aunque, como suele suceder, los más interesantes son los críticos.

De ésos, quisiera detenerme en éste, firmado «Naxo»:

Los seres humanos necesitamos pensar que hay algo más en lo que depositar nuestra confianza...

Alguien que nos cuida, ya que nosotros al parecer el trabajo no lo queremos (querés un ejemplo reciente? la guerra de Rusia que hoy acaba de terminar...)

Alguien a quien encomendar nuestros muertos, y que los deje vigilarnos, ya que no creo que vos aceptes la muerte tan fácil... es más, ALGO DESPUÉS DE LA MUERTE, que dudo que exista con la ausencia de "una fuerza superior" -.-

O sea, vos pensás que si te morís, listo; si se muere un familiar tuyo NUNCA lo vas a volver a ver, que no hay vida después de la muerte y que los milagros son simples coincidencias... Un amigo mío volcó en plena autopista a 110 por hora, y ahora está bien... qué suerte! bueno, la suerte también sería una "fuerza superior" así que ni siquiera tuvo suerte -.-

Pensá lo que decís, o por lo menos respetá la libertad de credo como yo te respeto por ser ateo.
Diría que esto refleja parte del problema de comunicación entre ateos y religiosos. Pero yo no pretendo hablar en nombre de nadie más que de mí mismo, y no me parece correcto asumir una actitud distinta con respecto a Naxo. Así que limitaré a ambos mi escueto análisis, que es el siguiente:

Para mí, el asunto de la religión, de la existencia o inexistencia de dioses, es un asunto intelectual. El comentario de Naxo, por otra parte, parece reflejar que, para él, se trata de algo emocional.

No he dicho, señor Naxo, que la muerte sea algo fácil de aceptar. Sé del dolor de perder a un ser querido, y sé también de la angustia que provoca pensar en la propia finitud. Son sentimientos que, mejor aún que respetarlos, los entiendo.

Pero a un nivel intelectual no puedo entender, ni respetar, la pretensión de que el universo tenga que enjugarnos las lágrimas.

Me resulta fácil de creer que la convicción de que uno sigue vivo después de muerto, o de que hay alguien allá arriba que nos quiere, haga más llevaderos los trances amargos. Pero una idea consoladora no es lo mismo que una idea verdadera.

Da la impresión de que las creencias religiosas son mentirillas piadosas que nos contamos a nosotros mismos para no hacernos sufrir.

Por supuesto, hay ocasiones en que sería maravilloso que hubiera un Gran Papá o una Gran Mamá que nos llevara de la mano. (La idea que tiene alguna gente parece coincidir más con la de un Gran Hermano, pero ése es otro asunto.) ¿Lo hay? Tal vez, tal vez no; en lo personal, lo dudo mucho. Debo decir que encuentro muy poco convincentes los argumentos que suelen presentarse a su favor. Y es posible que el menos convincente de todos sea el que plantea que algo es cierto porque necesitamos creerlo.

Las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran.

«¡Oh, pero qué nihilista es usted! —me reprochará alguien—. ¿Cómo puede vivir pensando que el universo es indiferente y que la existencia es absurda?»

Pero yo nunca dije que la existencia fuera absurda. Y rechazo el nihilismo que muchas veces se postula como supuesta conclusión lógica del ateísmo. El mal entendido surge, una vez más, de una diferencia de perspectivas.

Sí, el universo es un lugar indiferente y hostil, regido por fuerzas impersonales. Sí, somos fruto de un azar minúsculo e intrascendente, y así como surgimos nos iremos un día sin que nadie llore nuestra ausencia. ¿Y qué? ¿Por qué esa insistencia en mirarnos desde una perspectiva cósmica? Haríamos mejor en mirarnos desde una perspectiva humana.

Nuestro universo no está hecho de cuásares ni de galaxias espiraladas. Está hecho de miles de millones de personas; personas que trabajan, luchan, sueñan, ríen y sufren. Tal vez el cosmos sea indiferente con la humanidad, pero eso no significa que la humanidad deba ser indiferente consigo misma.

En el gran orden de las cosas, somos una mota de polvo sobre una mota de polvo. Pero es nuestra mota de polvo. No está mal ser provinciano en este aspecto.

¿Y cuándo no lo hemos sido, después de todo? ¿Qué son los dioses, sino la proyección de nuestra propia humanidad sobre el universo? Los dioses, si se me permite la torpe metáfora, nacen cuando queremos mirar hacia afuera de nosotros mismos y vemos nuestro reflejo agrandado y deformado en la superficie.

Nos gusta pensar que, cuando un niño llora de hambre, las estrellas se conmueven. En realidad, las estrellas siguen allá en lo suyo, que es convertir hidrógeno en helio, sin enterarse. Pero eso no disminuye en nada la tragedia.

Cuando un niño llora de hambre, nosotros nos conmovemos.

Y no hay ningún nihilismo en ello.

Actualización 16/08/2008: Tengo buenos comentaristas. Los que han dejado su aporte hasta ahora han agregado lo que ayer me quedó en el tintero por una mezcla inoportuna de inercia lírica y dolor de cabeza. Me gustó especialmente el comentario de Inés Toledo:

Eso de que somos algo insignificante en medio de la inmensidad del Universo nunca me ha convencido. No conozco el punto de vista de ningún extraterrestre...
Desde el mío, los seres humanos somos un fruto extraordinario de la evolución. Yendo un poco más atrás, somos un fruto extraordinario de las leyes que rigen el cosmos.


Gracias por decirlo, Inés. Muchas veces oímos la acusación: «Para ustedes los ateos, los seres humanos somos mera materia». No, no somos «mera» materia: somos, en palabras de Carl Sagan, materia consciente de sí misma. (O, expresado en el sabroso cinismo de Kurt Vonnegut, materia que se queja demasiado.) He ahí la diferencia entre un «conjunto de átomos» y otro.

Después viene: «Para ustedes el amor no es más que química, y por lo tanto no vale nada». Pero lo que hace valioso al amor, a la empatía, a la tristeza, no es que sean dones de un supuesto espíritu inmaterial, o que sean, por el contrario, «pura química». Nuestras emociones son valiosas en sí mismas, independientemente de cuál sea su raíz. El cariño que tengo por mis seres queridos, mi alegría ante un hecho afortunado, mi indignación al ver una injusticia, no quedan reducidos por sustentarse en interacciones atómicas.

Nótese la paradoja: no es el ateo (el «materialista»), sino la persona religiosa y «espiritual», quien niega que el ser humano y su vida interior tengan valor intrínseco.

14 comentarios:

  1. Yo añadiría algo tan sencillo como que yo no he hecho el universo, solo intento comprenderlo.
    Como siempre un placer leer este blog.

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  2. De todas formas, ahora que lo pienso, lo fascinante del comentario es que el señor este encuentra que la frase
    "esa manía extraña que tienen los creyentes de necesitar verse a si mismos subordinados ante un poder superior."
    atenta contra la libertad de credo. Lo dice literalmente:
    "Pensá lo que decís, o por lo menos respetá la libertad de credo como yo te respeto por ser ateo."
    ¿Dónde está ese atentado contra la libertad de credo? No consigo encontrar más atentado contra ella que la simple exposición de tu ateísmo, algo que se él mismo asegura respetar. ¿Porqué su comentario no atenta contra tu ateísmo pero tu post si? ¿Tan débiles son sus creencias?

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  3. Andaqueno, me parece que el creyente protestón está mal acostumbrado. Son muchos años en los que estaba mal visto criticar a la religión. "Las creencias no se tocan". Una lástima, si las creencias de alguien me parecen mal o, simplemente, un error, habrá más de uno que lo diga en voz alta, y bien está.

    Pero por otro lado está esa incapacidad de soportar que alguien no crea lo que ellos, que se aparte del Orden Natural de las Cosas como lo impone su creador. Y como quien se aparta de ese orden seguro va al infierno, además creen que censurando el comentario y exigiendo con descaro que no se haga público le hacen un bien, le evitan una eternidad de tortura.

    Si no fuera patético (y hasta dañino, cuando quien critica tiene poder en la sociedad) sería hasta gracioso.

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  4. Andrés, me impresionó lo de la versión en esperanto. Si bien se tomaron algunas libertades al traducir (convirtieron el simpático giro "de los que se suelen fabricar por docenas para cuentitos como éste" en el anodino "parecidos a todos los de cuentos similares", por ejemplo), me parece bien que se difunda en esta lengua. Ya tengo un enlace para mandarle a algunas corresponsales esperantistas :-)

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  5. Felicidades por el cuentecito de la entrada anterior.

    Eso de que somos algo insignificante en medio de la inmensidad del Universo nunca me ha convencido. No conozco el punto de vista de ningún extraterrestre...
    Desde el mío, los seres humanos somos un fruto extraordinario de la evolución. Yendo un poco más atrás, somos un fruto extraordinario de las leyes que rigen el cosmos.

    Cuando alguien me ha dicho, (suelen hacerlo con incredulidad y cierta pena cercana a la conmiseración), "¿Crees que no existe nada más?", abro unos ojos como platos. Miro a mi alrededor, miro al cielo, y pienso "¿Qué más querrán?, ¿es que no ven lo que hay?"

    Los seres humanos hacemos cosas horribles. Pero, según la evidencia, somos los únicos capaces de juzgarlo así, y tratar de enmendarlo. Eso es suficiente, razonable, es la esencia de nuestra preciosa rareza. No el imaginar y delegar en bondades ultraterrenas ajustes de cuentas finales y la responsabilidad de la maravilla de nuestra existencia.

    Un beso, siga usted escribiendo.

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  6. Inés, es que maldita sea si encuentro maravilloso el universo tan plano, cerrado y poco colorido que suelen tener los creyentes: Un universo de escasa edad, con un sentido unívoco dado por alguien ajeno que lo sabe todo y no explica nada, sin más misterios que aquellos que no se deben resolver y un padre tirano al que le disgusta que pensemos.
    Realmente, que alguien que vive en esa estrechez nos acuse de vivir en un universo triste manda huevos.

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  7. Marcelo, supongo que cuando asegura respetar el ateísmo ajeno simplemente piensa que es el colmo del respeto el no pegarle un tiro al ateo de mierda ese por serlo, pero que coño, al menos que no vaya por ahí diciéndolo.

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  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  9. Marcelo, a parte de ese comentario, me he tomado otras licencias, a veces por mi esperanto limitado (la verdad es que tuve que tirar bastante de diccionario, no soy nativo) y otras veces porque me parecía que quedaba mejor (por ej. el título, "persiko" en vez de "persikujo").

    Si tienes algún comentario, dímelo y lo intento arreglar

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  10. Ombresaco, lamentablemente tendrás que cambiar el título :-)

    El caso es que persiko es el durazno (el fruto), el árbol es, como comentas, persikujo ("lugar donde hay duraznos"), aunque bien podrías usar persikarbo, que es más estrictamente "duraznero". Más info aquí: http://www.reta-vortaro.de/revo/art/persik.html

    No dudo que no seas nativo. Los denaskuloj con suerte llegarán a superar el millar :-D

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  11. Justo del enlace que al que me diriges:

    persikujo, persikarbo:
    Specio de prunuso (Prunus persica), devena de Persujo.

    Tal y como lo tengo entendido
    -ujo ->que contiene lo que indica la raiz, por extensión países y árboles.

    "lugar donde hay duraznos" -> sería "persikejo".

    brakumon

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  12. Bien corregido, me confundí de sufijo :-\

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  13. Primeo felicitaciones por el blog y el trabajo realizado en este.
    Ahora bien... no creo que muchos reciban con agrado mi comentario, no sería la primera vez.
    En mi opinión el hombre no es mas que un "apasionante error" de la naturaleza, solo vasta con ver como en menos de 500 años nos hemos dedicado a destruir nuestro hogar.
    Últimamente me ha surgido el interrogante de ¿Qué es el hombre? y luego de zambullirme en un mar de ideas, he llegado a la conclusión de que lo único que nos diferencia de aquellas bestias salvajes regidas solo por su instinto (cualidad que no veo mas ajena en nosotros que en los animales)es que el hombre es el único ser que hace cosas en vano. Tanto los animales como nosotros tenemos la voz que no es mas que para expresar dolor o placer, pero el hombre posee la palabra, "don" que le permite manifestar lo conveniente y lo dañoso, lo justo y lo injusto, y es exclusivo del hombre frente a todos los demás animales, el tener el sentido del bien y el mal.
    Sin irnos mas por las ramas, pienso que todos estos sentidos que se nos han otorgado nos hace pensar que somos superiores y por eso creemos tener derecho y poder sobre las demas formas de vidas que nos rodean, lo que nos da un sentido de superioridad herroneo a mi parecer.
    Ahora bien, en cuanto a la idea de una figura divina, superior, todopoderosa, etc. pienso que es un simple reflejo del "arrepentimiento" y la necesidad de protección que todos tenemos, es una posibilidad de arrepentirnos en silencio, de expresarnos con aquel "psicologo" celestial que siempre ha de escucharnos y de alguna forma sentirnos protegidos por este.
    Sinceramente no me parece mas que una forma de "esquivar" ciertas culpas y miedos así como también sentir la presencia de un ser suprior que nos protege como un padre a un hijo.
    En fin espero haber sido lo mas claro posible y espero que de algo sirva todas estas ideas seguramente que para algunos bastante locas.
    Felicitaciones otra vez por tu trabajo y espero que sigas así.
    saludos!

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