domingo, noviembre 09, 2008

Viviendo de los que quieren vivir de la quiniela

No me había imaginado que administrar un blog con anuncios AdSense traería nuevas emociones a mi vida. ¡La iglesia de la Cienciología reclama mi ayuda! ¡Los tarotistas quieren que les manda clientes! ¡Los misioneros me dicen que Dios me ama!

Entre los anunciantes que me han impulsado a tomar medidas para no recibir accidentalmente parte de su dinero hay uno que tienta al navegante desprevenido a vivir de la quiniela. El astuto comerciante (cuyo nombre no parece figurar en ningún sitio de la página principal) ofrece a la venta un supuesto método infalible para ganar.

Para comprender mejor de qué se trata esto, amigo lector epiceno, le propongo el siguiente ejercicio:

1. Recorte diez trocitos de papel de aproximadamente el mismo tamaño.

2. Escriba en cada trocito un número del 0 al 9, de manera de no repetir ni pasarse por alto ninguno.

3. Doble los papelitos de manera que cada número quede oculto a la vista, y colóquelos en una bolsa, sombrero u otra concavidad adecuada para mezclarlos.

4. Extraiga dos papelitos al azar. Vea qué números tienen escritos.

5. Vaya a una agencia de lotería cercana a su domicilio y apueste a ambos números, última cifra a la cabeza.

«Esto no parece infalible», estará pensando usted, y tiene razón. La probabilidad de ganar una apuesta a última cifra a la cabeza es de una en diez, o sea, 10% (por la simple razón de que hay diez resultados posibles y sólo puede salir uno). Si hace dos apuestas distintas, la probabilidad de que gane una de ellas es de dos en diez, o 20%. Está claro que infalible no es.

Ahora bien, este blog recibe alrededor de ochenta visitantes únicos al día. Si todos ellos siguen hoy los pasos arriba detallados, dieciséis de ellos (el veinte por ciento) se encontrarán mañana con que una de sus cifras resultó favorecida en el sorteo, y exclamarán jubilosos: «¡Funcionó! ¡El Método Diplotti funcionó!».

El Método Diplotti (mejor llamado «el Método De Hacer Dos Apuestas») es sencillo, es gratis, y le garantiza que ganará una vez de cada cinco. Claro que las ganancias serán de apenas tres veces y media lo que haya apostado en esa ocasión (la modalidad de última cifra a la cabeza paga siete veces lo apostado, y usted estará haciendo dos apuestas, de las que sólo podrá ganar una). De modo que, a largo plazo, perderá dinero.

Puede también, si lo prefiere, reemplazar los papelitos por el software que vende el comerciante enlazado ut supra. Los resultados no variarán, pero deberá desembolsar cerca de mil pesos.

«¿Quién querría pagar mil pesos por algo que puedo tener gratis?», estará pensando usted ahora, amigo epiceno y preguntón. Y lo mismo debe haber pensado el vendedor, puesto que la mayor parte de su speech de ventas consiste en una tan larga cuanto espuria justificación pseudomatemática. «No existe el azar, es todo causa y consecuencia», nos repite una y otra vez de mil maneras distintas. Según nos dice, su costoso programa calcula cuáles números saldrán el siguiente sorteo basándose en los resultados de los sorteos anteriores. Si es así, esto no es más que una aplicación informática de la falacia del jugador, la idea errónea de que los sucesos aleatorios futuros sufren la influencia de los sucesos aleatorios pasados.

Un apostador instalado junto a la ruleta puede pensar: «Hum... Salieron cuatro rojos seguidos. Ya va siendo hora de que salga un negro». Otro apostador, sentado junto al anterior, piensa por su parte: «Hum... Está saliendo rojo. Eso significa que va a volver a salir.» ¿Cuál tiene razón? Ninguno de los dos. En una ruleta bien hecha y calibrada, la probabilidad de que salga rojo y la probabilidad de que salga negro son siempre idénticas.

Por supuesto que decir esto no ayuda a vender a precio de oro un programa perfectamente inútil. Para lograr ese objetivo es mucho mejor enhebrar una seguidilla de términos aparentemente técnicos, de manera de dejar con la boca abierta a quien no tiene demasiados conocimientos de probabilidad y estadística. ¿Busca un entretenimiento barato? Muéstrele usted la pretendida justificación teórica de este método a cualquier profesor de matemática. Véalo a continuación revolcándose de risa por el suelo.

«Si hace cien años usted hubiera sugerido que los hombres pisarían la luna, se le habría juzgado demente o lunático (¿de donde diría que procede esa palabra?) —nos quiere convencer el hábil vendedor desde su carreta—. Si hubiera dicho que se podría viajar de Buenos Aires a Europa en solo doce horas, le habrían llamado soñador absurdo. Para hacer posible esas cosas, solo faltaba el dominio de ciertas técnicas especiales y de las leyes de la aerodinámica.» El típico discurso de que hay que tener la mente abierta. En este caso, debemos tener la mente abierta a la idea de que el azar es determinístico. Que es más o menos como creer que lo blanco es negro.

«Pero, Andrés —dirá ahora usted, que no se calla—, este buen señor garantiza una efectividad del cien por ciento, no solamente del veinte por ciento. ¡Algo debe haber!»

En efecto, algo hay. Lo que hay es una cara muy dura. Pues, verá usted, el software no falla jamás, no señor... salvo que usted haga algo mal.

A TENER EN CUENTA: USTED DEBERÁ INVERTIR ENTRE 30 A 40 MINUTOS A LOS EFECTOS DE LLEVAR LAS ANOTACIONES Y LOS CÁLCULOS SI ES QUE APOSTARÁ A POR EJEMPLO, LOS 4 SORTEOS DE LA NACIONAL . LOS PRIMEROS DÍAS ES FRECUENTE QUE LE LLEVE UN POCO MÁS DE TIEMPO HASTA FAMILIARIZARSE CON EL SISTEMA Y QUE NECESITE REALIZARME CONSULTAS POR MEDIO DE LAS TUTORÍAS.

ES MUY FÁCIL COMETER ERRORES QUE SIGNIFICAN PERDER EL JUEGO SI LO APLICA SIN CUIDADO Y SIN ATENCIÓN, ELLO PUEDE SURGIR POR DESCUIDO O DESPROLIJIDAD EN LAS ETAPAS DE COMPILACIÓN, CLASIFICACIÓN, ORDENAMIENTO, INCORPORACIÓN DE DATOS AL SISTEMA O EN LA IMPLEMENTACIÓN POSTERIOR DE SU JUEGO PREPARADO LUEGO DE LAS MENCIONADAS ETAPAS, CON LO CUAL SEPA QUE ESTE SISTEMA REQUIERE ESPECIAL CUIDADO, DISCIPLINA Y SEGUIMIENTO CONSTANTE , METÓDICO Y PROLIJO, POR LO DICHO, SI NO PODRÁ HACERLO ASÍ, LE RECOMIENDO DESCARTAR LA IDEA DE IMPLEMENTARLO, ASÍ EVITAMOS DISGUSTOS AMBOS, USTED Y YO.

Visión particular: una persona utiliza el programa, hace las apuestas que se le indican, y no gana. «Oh, debo haberme equivocado, como me advirtió este honrado comerciante anónimo —piensa—. Está claro que debo hacer uso de las tutorías telefónicas que me ofrece hasta aprender a usar correctamente el programa.»

Visión general: muchas personas utilizan el programa y hacen las apuestas que se les indican. El veinte por ciento gana y dice: «¡Funciona! ¡Fue dinero bien invertido!», y sale por el mundo a hacerle publicidad a este milagro matemático. El ochenta por ciento restante no gana, y piensa: «Oh, debo haberme equivocado, como me advirtió este honrado comerciante anónimo...», etcétera. Uno de cada cinco de estos últimos ganará en la ocasión siguiente y saltará de gozo por haber usado correctamente el software esta vez, y a continuación se unirá al coro que canta las loas de su benefactor.

Por supuesto, esto no se sostendrá en el tiempo: los usuarios del programa ganarán una vez de cada cinco, como con los papelitos. Y, como con los papelitos, cada vez recuperarán sólo tres veces y media lo apostado, por lo que a largo plazo sólo perderán dinero (además de los cerca de mil pesos que pagaron inicialmente por el software). Más tarde o más temprano dirán: «Este programa es un embrollo, nunca voy a aprender a usarlo y voy a seguir perdiendo». O, sospecho yo que con mayor frecuencia: «Me han visto la cara de imbécil; que nadie se entere», y silenciosamente harán mutis por el foro. Sospecho también que habrá quienes seguirán usando el programa indefinidamente, contentándose con ganar a veces y justificándose diciendo que hacer otra cosa significaría haber tirado a la basura lo que pagaron por él.

Dice el comerciante que vive tanto de vender como de aplicar él mismo su propio sistema. La realidad es que vive de de los sesgos psicológicos naturales del ser humano, de la escasa comprensión intuitiva que solemos tener del azar y la probabilidad, y, sobre todo, de la codicia de los demás. En definitiva, es un «piola» de segundo orden: vive sin trabajar de los que quieren vivir sin trabajar.